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Fecha:
Enero 2026
Se adelanta sequía en Yucatán: abril y mayo meses más críticos: Este año, el periodo de sequía en Yucatán se adelantó aproximadamente una semana respecto a su comportamiento habitual, al comenzar a manifestarse antes de que concluyera febrero, informaron autoridades meteorológicas
Publicado en Estados
Viernes, 27 Febrero 2026 10:48

Aliento diario, viernes 27 de febrero

Aliento diario, viernes 27 de febrero
La empatía que la sinceridad produce en el corazón del otro trasciende todas las fronteras. La sinceridad es el vínculo que une a las personas.

Joyas del Corazón, viernes 27 de febrero
Siempre actúa con naturalidad, crea una atmósfera positiva y acogedora y jamás borra de su rostro una sonrisa, así es mi esposa. ¡ Cuán afortunado soy de tenerla a mi lado !
Publicado en Soka Gakkai
El impacto económico del turismo en Francia aumentó considerablemente en 2025: con 9 por ciento de crecimiento respecto a 2024
Publicado en Turismo
La organización del Mundial no es solamente una vitrina deportiva; es un escaparate geopolítico, económico y social
Publicado en Notas principales
México acumula 10 mil 439 casos confirmados de sarampión: La dispersión del brote alcanza 363 municipios, lo que confirma que dejó de ser un problema focalizado para convertirse en un fenómeno con varios puntos de contagio al mismo tiempo. Actualmente, la mayor carga acumulada se concentra en Chihuahua, con más de 4 mil 500 casos, seguido de Jalisco con más de 3 mil. También destacan Chiapas, Michoacán, Ciudad de México, Guerrero y Sinaloa.
Publicado en Estados
Jueves, 26 Febrero 2026 11:04

Aliento diario, jueves 26 de febrero

Aliento diario, jueves 26 de febrero
Desde el punto de vista de la eternidad, no hay demasiada diferencia entre una vida «corta» y una «larga», lo que importa es la forma en que vivimos, más que la duración concreta de la vida en años. Lo fundamental es lo que hayamos logrado, el número de personas a quienes hayamos ayudado a ser felices y la medida en que hayamos elevado nuestro estado de vida.

Joyas del Corazón, jueves 26 de febrero
Quien elogia a los amigos porque han logrado el éxito y comparte su alegría, acumula grandes beneficios en su corazón, en cambio, quien envidia y menosprecia el mérito ajeno acaba disminuyendo su buena fortuna. La mujer que induce a sus amigos a alcanzar la dicha es una experta en el arte de la felicidad.
Publicado en Soka Gakkai
El oficialismo insiste en que la medida será gradual y que habrá tiempo suficiente para adaptarse
Publicado en Notas principales
Hay experiencias que no se compran con “más días de viaje”, sino con acceso a lo imposible
Publicado en Turismo
La pregunta no es si habrá reforma —eso ya está decidido— sino quién pagará el costo político de acompañarla sin matices
Publicado en Notas principales
Este mes, la cifra más alta de contagios de sarampión en una semana: El registro del brote activo de sarampión señala que se han confirmado 10 mil 634 casos, y entre el 8 y 14 de febrero, aún con datos preliminares, se alcanzó la cifra más alta de afectados en una semana, con 973, más del triple de los reportados a mediados de abril de 2025
Publicado en Estados
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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.