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Desde San Lázaro. Un mundial entre las patas de los criminales. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

27 Feb 2026
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Desde San Lázaro. Un mundial entre las patas de los criminales. Por: Alejo Sánchez Cano Captura de imagen: https://x.com/Canal22

El reloj político no siempre coincide con el reloj histórico. Pero hay momentos en que ambos marcan la misma hora. Hoy, a poco más de tres meses de que arranque la Copa Mundial de la FIFA 2026 en México, Estados Unidos y Canadá, es el momento adecuado para tomar decisiones de fondo en nuestro país en materia de seguridad y ello no es un asunto retórico: es una necesidad estratégica de Estado.

La organización del Mundial no es solamente una vitrina deportiva; es un escaparate geopolítico, económico y social. Millones de ojos estarán puestos en lo que ocurra dentro y fuera de los estadios. En nuestro país, sedes como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey y otras ciudades no sólo recibirán turistas, selecciones y patrocinadores; también estarán bajo el escrutinio internacional en términos de gobernabilidad y seguridad pública.

El reciente asesinato del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, el Mencho, y la caída de otros cabecillas de esa organización abren un escenario complejo. Por un lado, el golpe asentado a los narcoterroristas más expansivo de los últimos años representa un mensaje de autoridad del Estado. Por el otro, la experiencia indica que los vacíos de poder dentro de las estructuras criminales suelen detonar reacomodos violentos, disputas internas y ajustes de cuentas que buscan demostrar fuerza territorial.

Será el mundial de fut una fiesta o un campo de tensión soterrada.

En el congreso se deberían estar discutiendo en estos momentos reformas en materia de inteligencia, coordinación interinstitucional y fortalecimiento presupuestal para las fuerzas de seguridad. No basta con operativos reactivos. Se requiere una estrategia preventiva con tres ejes claros: blindaje territorial, control financiero y narrativa institucional.

El blindaje territorial implica mucho más que patrullajes visibles en las sedes mundialistas. Supone intervenir de manera quirúrgica las rutas logísticas del crimen organizado: puertos, aduanas, carreteras y nodos urbanos donde históricamente han operado células delictivas. La colaboración con el gobierno de Estados Unidos y Canadá será determinante. La seguridad del Mundial es trinacional y cualquier fisura en uno de los países repercutirá en la percepción global del evento.

El segundo eje, el control financiero, es quizá el más delicado. Los grandes eventos deportivos suelen convertirse en espacios propicios para el lavado de dinero a través de empresas fachada, contratos inflados y operaciones inmobiliarias. Aquí el Poder Legislativo tiene una tarea pendiente: robustecer los mecanismos de fiscalización, transparentar adjudicaciones y cerrar las puertas a capitales de origen ilícito que busquen “blanquearse” al amparo del entusiasmo mundialista.

El tercer eje es la narrativa institucional. Los grupos antisistémicos, como los cárteles de la droga, no sólo operan con armas; también disputan la narrativa. Buscan enviar mensajes de desafío al Estado mediante actos espectaculares que capten la atención mediática internacional. La cercanía del Mundial puede convertirse en un incentivo perverso para intentar sabotear la imagen del país.

El gobierno federal debe anticiparse y construir una narrativa de control, coordinación y legalidad. Minimizar riesgos sin caer en triunfalismos. Reconocer los desafíos sin magnificar la amenaza. La línea es delgada.

 En el contexto postelectoral y con un Congreso en plena reconfiguración de fuerzas, las decisiones que se adopten en los próximos meses marcarán la pauta. No se trata de militarizar por reflejo, ni de sobrerreaccionar con medidas que vulneren derechos. Se trata de entender que la seguridad del Mundial es un asunto de seguridad nacional y de reputación internacional.

La historia reciente demuestra que los grandes eventos pueden ser aprovechados por actores violentos para enviar señales de poder. México no puede darse el lujo de que la fiesta deportiva más importante del planeta sea utilizada como plataforma de propaganda criminal.

Hay, además, un componente económico ineludible. La FIFA estima que la derrama económica será histórica para los tres países anfitriones. En el caso mexicano, la inversión en infraestructura, hotelería y servicios está en marcha. Pero esa derrama sólo se consolidará si existe certidumbre. La percepción de inseguridad es un impuesto invisible que ahuyenta turistas e inversionistas.

El asesinato del Mencho marca un punto de inflexión. Es una oportunidad para debilitar estructuralmente a uno de los grupos criminales más violentos del país. Pero también es un momento de riesgo si no se gestionan con inteligencia los reacomodos internos y las posibles alianzas entre facciones.

El Mundial 2026 no espera. El calendario avanza con precisión suiza. El timing político, en cambio, suele diluirse entre debates y cálculos electorales. Hoy, más que nunca, ambos relojes deben sincronizarse.

Porque si el Estado actúa con anticipación, coordinación y firmeza, la Copa del Mundo será un escaparate de capacidad institucional y hospitalidad. Pero si se subestima la dimensión del desafío, el escaparate podría ser utilizado por quienes buscan exactamente lo contrario: exhibir debilidad y sembrar miedo al fiel estilo del terrorismo.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.