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Fecha:
Junio 2026
Los dirigentes del sector, señalaron que del pronóstico que se dio sobre la ocupación que estaría entre 80 y 90 por ciento, solo se alcanzó entre 57 y 65 por ciento
Publicado en Turismo
Mientras el gobierno presume avances en materia de seguridad, México continúa siendo uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo
Publicado en Notas principales
Viernes, 24 Julio 2026 09:20

Aliento diario, viernes 24 de julio

Aliento diario, viernes 24 de julio
Una sola palabra de aliento puede impulsar a la persona a levantarse y actuar. La voz tiene el efecto de una brisa fresca que despierta el valor en quien escucha.
 
 
Joyas del Corazón, viernes 24 de julio
Estudiar durante las vacaciones escolares es importante, pero motivar a sus hijos a ayudar en los quehaceres del hogar tiene la misma relevancia. Llevar a cabo aunque sea una sola tarea desde el principio hasta el final, propiciará que sus hijos desarrollen confianza en sí mismos. Más aún, cuando los padres emprendan algún desafío junto a ellos, guardarán recuerdos inolvidables.
Publicado en Soka Gakkai
El Restaurante Almara, uno de los referentes culinarios de Ciudad de México
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Si el oficialismo se equivoca en la designación de sus candidatos a gobernador, el costo político podría ser mucho mayor del que hoy calculan 
Publicado en Notas principales
Jueves, 23 Julio 2026 09:56

Aliento diario, jueves 23 de julio

Aliento diario, jueves 23 de julio
El mayor poder de persuasión que puede demostrar una persona es la seriedad de su propia convicción. Cuando se habla con el corazón en la mano, las palabras tienen la fuerza de surtir efecto hasta en las situaciones más difíciles.
 
Joyas del Corazón, jueves 23 de julio
Las personas suelen apoyarse mutuamente. Es la vía correcta porque infunde bienestar a ambas partes, tanto al que da la mano como al que la recibe. Así, cuando lleve una carga demasiado pesada, pídale a alguien que le eche una mano, esto equivale a brindar a otros la oportunidad de compartir la alegría de ayudar al prójimo. Por eso, cuando encuentre a una persona llevando a cuestas una pesada carga, tiéndale la mano con gran entusiasmo.
Publicado en Soka Gakkai
El caso que con mayor frecuencia citan PAN, PRI y Movimiento Ciudadano es Sinaloa
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Turkish Airlines firmó contrato con CAE, líder mundial en tecnologías de entrenamiento para la aviación
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Ella pidió a Estados Unidos que lo repatriaran luego de su “secuestro ilegal de territorio nacional”
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Estos hechos no pueden despacharse únicamente con condolencias oficiales ni con llamados a celebrar responsablemente
Publicado en Notas principales

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.