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Desde San Lázaro. Se acabó la luna de miel. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

24 Jul 2026
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Desde San Lázaro. Se acabó la luna de miel. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/PartidoMorenaMx

El tiempo vuela. A menos de once meses de las elecciones intermedias de 2027, los estudios demoscópicos comienzan a dibujar un escenario muy distinto al que prevalecía apenas hace unas semanas. Todavía falta un largo trecho por recorrer y cualquier pronóstico debe tomarse con prudencia; sin embargo, las primeras tendencias permiten advertir que la aparente invencibilidad electoral de Morena empieza a mostrar signos de desgaste.

Las encuestas ya no sólo miden la competencia entre partidos políticos. También comienzan a evaluar el peso específico de los aspirantes dentro de una misma fuerza política. En Morena, por ejemplo, dependiendo del perfil del candidato, las preferencias electorales suben o bajan de manera importante. Ello confirma una vieja máxima de la política: los partidos construyen estructuras, pero los candidatos ganan o pierden elecciones.

La selección de abanderados será determinante.

Si el oficialismo se equivoca en la designación de sus candidatos a gobernador, el costo político podría ser mucho mayor del que hoy calculan quienes despachan en Palacio Nacional.

La elección no será menor. En 2027 estarán en juego las gubernaturas de Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas, además de la renovación total de la Cámara de Diputados federal y miles de cargos de elección popular. Será, en los hechos, el primer gran referéndum ciudadano sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum y sobre el desempeño territorial de Morena desde su llegada al poder.

Hasta hace poco, el escenario era ampliamente favorable para el oficialismo. Diversos analistas estimaban que Morena y sus aliados podían conquistar entre 13 o 14 de las 17 gubernaturas en disputa, dejando apenas tres al PAN y una al Partido Verde en caso de competir por separado.

Hoy ese panorama comienza a modificarse.

Las primeras mediciones muestran que varias entidades ya no aparecen como triunfos seguros para el partido gobernante. Estados como Michoacán, Sinaloa, Zacatecas, Campeche y Nuevo León (actualmente de Movimiento Ciudadano) empiezan a registrar una competencia mucho más cerrada de la prevista originalmente. Falta mucho tiempo para la jornada electoral, pero las tendencias revelan que la llamada luna de miel entre el electorado y el oficialismo comienza a agotarse.

Las razones son diversas.

La primera es el desgaste natural del ejercicio del poder.

Morena dejó de ser un movimiento opositor para convertirse en el partido responsable de la seguridad, la economía, la salud, la educación, la infraestructura y el crecimiento del país. Los ciudadanos ya no evalúan promesas; ahora califican resultados.

Y esos resultados no siempre acompañan el discurso.

La inseguridad continúa encabezando las preocupaciones de los mexicanos; el sistema de salud sigue arrastrando carencias; el crecimiento económico permanece por debajo de las expectativas y varios gobiernos estatales emanados de Morena enfrentan severos cuestionamientos por su desempeño administrativo, financiero y en materia de seguridad pública.

A ese desgaste se suma un segundo factor que comienza a pesar políticamente.

Los señalamientos provenientes de Estados Unidos sobre presuntos vínculos de algunos actores políticos con organizaciones criminales han colocado en la agenda pública el tema de los llamados "narcopolíticos". Independientemente de que cada caso deberá resolverse conforme al debido proceso y respetando la presunción de inocencia, el impacto político es innegable. La oposición ha encontrado en esa narrativa un poderoso instrumento para desgastar al partido gobernante.

No es casualidad que desde Palacio Nacional se busque cambiar la conversación pública.

Diversos analistas interpretan que las recientes acciones judiciales emprendidas contra personajes vinculados con la oposición como el exgobernador panista, Ernesto Ruffo, forman parte de una estrategia política orientada a equilibrar el costo mediático de los señalamientos que pesan sobre algunos integrantes del oficialismo. Esa judicialización de la política es un bumerang que viene de regreso contra la 4T.

Dentro de Morena, léase Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, existe conciencia de que la elección de 2027 será mucho más competida de lo que originalmente se pensaba.

Los próximos meses serán decisivos. La definición de candidaturas, el desempeño de los gobiernos estatales, la evolución de la economía, la estrategia de seguridad y el desarrollo de las investigaciones que mantienen abiertas las autoridades estadounidenses influirán directamente en el ánimo del electorado.

Si hace apenas unas semanas el oficialismo se veía con posibilidades de ganar hasta 14 gubernaturas, hoy esa cifra comienza a ajustarse y nadie puede descartar que continúe reduciéndose conforme avance el calendario electoral.

En política, las victorias del pasado no garantizan los triunfos del futuro.

Las encuestas empiezan a enviar señales de advertencia. Morena conserva la estructura más poderosa del país, pero también carga con el peso de gobernar y con personajes de non grata reputación y puede equivocarse en la selección de aspirantes.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.