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Fecha:
Junio 2026
Viernes, 31 Julio 2026 09:16

Aliento diario, viernes 31 de julio

Aliento diario, viernes 31 de julio
Quienes sonríen son fuertes. [...] Precisamente porque las cosas son difíciles, es momento de alentar a quienes nos rodean con una sonrisa cálida. Cuando la situación sea desesperante, sean ustedes los que generen la esperanza. No dependan de los demás, enciendan la llama de la esperanza en su propio corazón.
 
 
Joyas del Corazón, viernes 31 de julio
Decir "No tengo nada que ver con eso" y mantenerse indiferente es lo más fácil, sin embargo, ese "No tengo nada que ver con eso" nos empequeñece como seres humanos. Cada vez que murmuramos 
"No tengo nada que ver con eso", perdemos parte de nuestra naturaleza humana y, de continuar así, la borraremos por completo. Por el contrario, la mujer que se dedica a establecer una sociedad pacífica en su comunidad, es una verdadera emisaria de la paz.
Publicado en Soka Gakkai
La gestión del agua representa factor estratégico para red que en 2025 atendió a 63.7 millones de pasajeros
Publicado en Turismo
El problema aparece cuando el Estado se reserva la facultad de decidir qué información es "veraz"
Publicado en Notas principales
En principio nadie podría oponerse a que los ciudadanos reciban información de calidad o que los medios actúen con responsabilidad profesional
Publicado en Notas principales
Miércoles, 29 Julio 2026 09:54

Aliento diario, miércoles 29 de julio

Aliento diario, miércoles 29 de julio
Sólo en el espacio abierto creado por el diálogo, ya sea con nuestros vecinos, con la historia, con la naturaleza o con el cosmos, puede sostenerse la plenitud humana.
 
Joyas del Corazón, miércoles  de julio
La televisión tiene aspectos positivos y negativos. Sería aconsejable que los padres tuviesen la suficiente amplitud de miras para aprovechar cualquier programa como oportunidad de entablar un diálogo a fondo con sus hijos. Hay casos paradigmáticos como el de un niño de primaria que viendo un reportaje sobre la trágica situación de los refugiados, decidió ser médico, convencido de que solo de esa manera podría ayudar a aquella gente. Desde entonces, se dedicó a estudiar seriamente y hoy, ejerciendo su profesión, despliega una intensa actividad humanitaria.
Publicado en Soka Gakkai
Claudia González, presidente Nacional de la AFEET, encabezó la VI Junta Reglamentaria, en la que celebró y dio la bienvenida a Alicia Mejía
Publicado en Turismo
La decisión de aplicar el examen de admisión totalmente en línea representaba un enorme desafío tecnológico para la UNAM
Publicado en Notas principales
Está en juego la libertad del voto y la capacidad del Estado para impedir que organizaciones criminales capturen gobiernos municipales
Publicado en Notas principales
Sheinbaum cancela proyecto de la presa La Parota en Acapulco: Claudia Sheinbaum, titular del Ejecutivo Federal, canceló el proyecto de la presa La Parota en Acapulco, Guerrero, e informó que en su lugar habrá un nuevo sistema de abastecimiento de agua. La presa prometía abastecer de agua potable y energía a la región del puerto, pero comunidades indígenas y campesinas se opusieron por los efectos negativos como el de desplazamiento de personas y daño ambiental
Publicado en Estados
Lunes, 27 Julio 2026 09:31

Aliento diario, lunes 27 de julio

Aliento diario, lunes 27 de julio
El haber pasado un gran sufrimiento nos prepara para infundir aliento verdadero a quien esté en una situación similar. El esfuerzo por afrontar la adversidad cultiva y profundiza nuestra naturaleza humana.
 
Joyas del Corazón, lunes 27 de julio
"Tener una misión" y "tomar conciencia de su misión" son dos cosas totalmente diferentes. Sería una verdadera pena que echara a perder su vida sin haberse dado cuenta de su propia misión. Al despertar al propósito de su existencia, manifestará desde su interior una ilimitada vitalidad.
Publicado en Soka Gakkai
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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.