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Desde San Lázaro. La corrupción; divisa de Morena. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

19 Dic 2025
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Desde San Lázaro. La corrupción; divisa de Morena. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/PartidoMorenaMx

Si no fuera por los críticos del sistema, no habría instancia gubernamental  que descubriera la podredumbre que corroe los cimientos de la 4T, ya que gracias a las revelaciones que han hecho diversos medios de comunicación, Mexicanos contra la Corrupción y periodistas sobre la corrupción que encuentra una de sus expresiones en el huachicoleo fiscal; ni la CNDH, ni el Poder Legislativo, ni el Judicial y mucho menos las dependencias que asumieron las funciones de los organismos autónomos como el INAI, tocarán oficialismo ni con el pétalo de una rosa.

El caso de Alex Tonatiuh Márquez Hernández, director de Investigación de la Agencia Nacional de Aduanas de México,  el también conocido como  “Lord Relojes” trascendió a la opinión pública por las investigaciones realizadas por empresarios y grupos que hacían trámites aduaneros que tenían que pagar el diezmo correspondiente para liberar sus productos de las aduanas, hecho que obligó a la presidenta a correrlo y esperemos que el caso no quede hasta esa remoción, sino que continúe hasta las últimas consecuencias.

La desfachatez de presumir su colección de relojes de alta gama y los vehículos deportivos, así como sus propiedades, alertaron a la FGR y a la Secretaria Anticorrupción de Raquel Buenrostro, sobre el proceder de Tonatiuh, quien debió tener un padrino en las alturas de la 4T y no hay otro que “Andy López Beltrán, para llevar a cabo sus fechorías.

Este caso como el del  Huachicoleo fiscal en donde, de entrada, hubo un daño patrimonial a la Nación de 600 mil millones de pesos y en el cual salieron embarrados varios servidores públicos de alto nivel como Adán Augusto López o el almirante secretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán y sus familiares; trascendió y se hizo viral, gracias a relevaciones publicadas en medios de comunicación y redes sociales y que, no obstante, que el gobierno de Sheinbaum trató de minimizarlos, lo cierto es que dañó severamente la imagen de impolutos de AMLO y sus secuaces.

Justo por estas razones y por la ineptitud de los gobiernos de izquierda en el continente, han caído como fichas de dominó los gobernantes izquierdosos de la región y por ello, lucen preocupados   los prominentes miembros de la 4T, incluyendo el tabasqueño que está resguardado en su madriguera de Palenque.

Ahora bien, ya corrieron a “Lord Relojes” pero, ¿quedará hasta allí el asunto?  o será investigado hasta las últimas consecuencias sobre el lavado de dinero, defraudación fiscal, delincuencia organizada, tráfico de influencias y otros delitos que seguramente vienen agarrados de la mano.

La corrupción es la divisa distintiva de Morena y de todo el grupo en el poder y aunque tengan el control total del Poder Judicial y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo cierto es que tarde que temprano y con la ayuda de gobiernos democráticos y desde luego, por la presión de los mexicanos, serán juzgados por sus delitos esas ratas enfundados en las casacas guindas.

No es exagerado aseverar que en futuro, ya cuando deje de gobernar el país el obradorato, quedará el estigma de la corrupción sobre sus nombres.

Cuando se pensaba que ya se conocían todos los casos de personajes de la 4T manchados por la corrupción,  saltan otros, como el caso de Tonatiuh y no hay que dudar que mañana o pasado nos amanecemos con otros casos similares, en donde la corrupción corrompe las entrañas de la autollamada 4T.

La presidenta de la República debería apretar las tuercas a sus correligionarios y subalternos para limpiar la casa de corruptos y tal vez, por ello, se comienza a mencionar en radio pasillo de inminentes relevos en el gabinete de secretarios de Estado y del gabinete ampliado, así como legisladores que fueron impuestos por López Obrador y que no gozan de las simpatías de la doctora.

Se habla de Mario Delgado, titular de la SEP, de Octavio Romero, de INFOANVIT, Martí Batres, del ISSSTE, Rosa Icela Rodríguez, de Segob y otros tantos, como Adán Augusto López Hernández, presidente del Senado.

Si no se limpia la casa ahora, luego no se quejen de que habrá otra alternancia política en la región, al pasar de un gobierno de izquierda representado por el binomio AMLO-Sheinbaum a uno de derecha que en nuestro país no hay otro que el PAN o tal vez, algún candidato de la sociedad civil. Veremos dijo un ciego.

En los próximos días este reportero tomará unas vacaciones que si bien, tal vez no son merecidas, pero sí muy necesarias. Felices fiestas decembrinas. Abur.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.