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Desde San Lázaro. El ocaso de la izquierda en América. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

18 Dic 2025
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Desde San Lázaro. El ocaso de la izquierda en América. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/DanannOficial

Podría no ser un movimiento articulado y homogéneo en América del Sur  sobre el desplazo de la izquierda, aunque el desencanto de la población ante la ineficacia de los gobernantes provenientes de gobiernos de esa plataforma ideológica es una de la causas torales para tirarlos  como fichas de dominó en una secuencia que preocupa, obviamente a Claudia Sheinbaum y al movimiento de transformación que encabeza junto con su mentor.

 La presidenta de la República reconoció esa preocupación sobre el avance de la derecha en Centro y Sudamérica, al igual que  otros liderazgos del oficialismo como el líder de los diputados de Morena, Ricardo Monreal,  por lo que cobra mayor importancia las elecciones intermedias del 2027 y por supuesto en 2030.

Desde 2019, con la irrupción de Nayib Bukele en El Salvador y luego con los liderazgos como Rodrigo Chávez en Costa Rica, Novoa en Ecuador, Mulino en Panamá, Milei en Argentina y ahora Kast en Chile, se observa una tendencia irreversible que tocará a otros países del continente.

La fórmula de igualdad y del populismo de la izquierda está más desgastada que unas botas de un jornalero, en virtud de que ha condenado a millones de personas a la pobreza extrema y la marginación.

Dice Monreal que hace seis años, eran 12 países de América Latina y el Caribe que habían tendido hacia la izquierda, o el centro-izquierda; y ahora, de los 12, los seis últimos que han tenido elección todos se han ido a la derecha o a la ultraderecha.

Reconoce el zacatecano que existen distintos factores para la alternancia política de izquierda a derecha. Uno de ellos es la división interna de la izquierda, como sucedió en Bolivia, en donde se escindió la fuerza mayoritaria que comandaba, o encabezaba, a Evo Morales. Tuvieron división, discusión con el presidente en funciones, se dividió esta fuerza política y se coló la derecha.

Y en otros, por la injerencia de gobiernos extranjeros, como lo que acusa ahora la presidenta Xiomara, y otros más también por errores de la izquierda y por no cumplir con sus compromisos.

Lo que ocurre en Morena en estos momentos sobre el canibalismo político que se da entre sus tribus, es, sin duda la génesis de la derrota anunciada en los próximos comicios.

No dude estimado lector que cuando empiecen a decantarse los nombres para ocupar las 17 candidaturas para gobernador y 500 (o menos, depende de la reforma electoral)  de diputados federales, se recrudezcan las luchas intestinas en Morena y con ello aumenten las posibilidades de la victoria de la oposición.

Advierte Ricardo Monreal que hoy hay mucha competencia interna. Incluso en los 17 estados del país, aunque va a haber la mitad y la mitad de hombres y mujeres, “percibo que ahora la mujer está muy competitiva en varios estados del país, y hay que fijar reglas claras para evitar campañas anticipadas o campañas financiadas de manera indebida, ilícita incluso, ya sean recursos públicos o recursos privados”.

Y también, aclara el zacatecano,  que al establecer las reglas ya se defina el método: si va a ser de encuesta, si va a ser de convención, y que el partido empiece a hablar con los actores políticos, pero no sólo para gobernadores y gobernadoras, sino también para legisladores, presidentes municipales.

El miedo no anda en burro y por ello se explica el temor del oficialismo ante diversas amenazas que ya ponen en jaque a su partido político

“Siento que hay hoy una efervescencia en la participación política de Morena y obviamente de los aliados, PT y Verde, también están en ese propósito. Y estamos a tiempo de evitar deserciones, fracturas, rupturas, renuncias anticipadas, que nos afecten en nuestra unidad. Hay que estar viendo lo que está pasando en otros países para no cometer errores que nos alejen de la confianza ciudadana”, advierte Monreal.

La estrategia implementada en Palacio Nacional para ocultar los casos de corrupción de miembros prominentes de la 4T, ya es insuficiente e inútil porque no se puede tapar el sol con un dedo.

La construcción de un México irreal y de ocultar o tergiversar información por parte de la presidenta de la República cada vez convence menos a más mexicanos y ello, se refleja en los enormes niveles de malestar que prevalece entre la ciudadanía contra el gobierno.

Justamente por este encabronamiento social y la polarización existente han caído los gobiernos de izquierda en la región.

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.