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Gobierno del Estado de México y Gobierno Federal han abatido más de 600 incendios forestales en la entidad Destacado

09 Abr 2024
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Gobierno del Estado de México y Gobierno Federal han abatido más de 600 incendios forestales en la entidad Imagen tomada de: http://edomexinforma.com.mx/
  • Conafor, Probosque y Protección Civil mexiquense informan sobre las acciones realizadas del 01 de enero al 05 de abril, para combatir el fuego en la entidad 
  • Los tres órdenes de gobierno participan en coordinación para atender los siniestros y garantizar la seguridad de la población mexiquense 
  • El Gobierno del Estado de México ha desplegado más de 3 mil brigadistas y elementos oficiales, 500 combatientes, mil unidades oficiales y aeronaves; así como la instalación de 28 torres de vigilancia en las zonas boscosas

 

La Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Protectora de Bosques (Probosque) y la Coordinación General de Protección Civil y Gestión Integral del Riesgo del Estado de México informaron que, durante este año, se han atendido 624 incendios forestales en la entidad mexiquense.

 

En un informe presentado a los medios de comunicación, los titulares de estas dependencias señalaron que la temporada de estiaje, que se caracteriza por falta de lluvia y altas temperaturas, aumenta la incidencia de incendios forestales.

 

Para atender esta situación se trabaja en coordinación con el Ejército Mexicano, la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional (GN), la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Conafor y los municipios; así como las brigadas de Probosque, personal de Protección Civil estatal y municipal, la Unidad de Rescate Aéreo “Relámpagos”, la Junta de Caminos y la Secretaría de Seguridad estatal.

 

La estrategia de combate a los incendios forestales se ha desplegado por tierra y aire con más de 3 mil brigadistas y elementos oficiales, 563 combatientes y técnicos especializados, voluntarios, habitantes, comisariados y comuneros, y más de mil unidades oficiales y aeronaves.

 

Se mantiene el monitoreo permanente con la instalación de 28 torres de vigilancia en las zonas boscosas de la entidad; se realizan trabajos con herramientas y maquinaria con los que se han logrado 153 kilómetros de brechas corta fuego; 228 hectáreas de quemas controladas y 70 kilómetros de líneas negras.

 

El Gobierno del Estado de México ha realizado sobrevuelos de reconocimiento y evaluación para detectar puntos de calor, así como descargas de agua equivalentes a 86 mil 700 litros, además de traslados aéreo de personal de brigada y lesionados, y ha llevado desplazamientos con drones equipados con visión térmica para detectar puntos de calor.

 

La estrategia desplegada por el Gobierno del Estado de México es resultado de la Mesa de Fuego realizada en Lerma, de las Mesas Regionales en Amecameca, Coatepec Harinas, Temoaya y Valle de Bravo, así como de las Mesas de Coordinación para la Construcción de la Paz que se efectúan diariamente en Palacio de Gobierno de Toluca.

 

Asimismo, se informó que la Maestra Delfina Gómez Álvarez, Gobernadora del Estado de México visitó las zonas afectadas por los incendios.

 

En su oportunidad, Alejandro Sánchez Vélez, Director General de Probosque, precisó que, del 01 de enero al 05 de abril de 2024, en el Estado de México se han registrado y atendido 624 incendios forestales.

 

Se ha registrado una afectación a 15 mil 590 hectáreas de vegetación, de las cuales la mayor parte han sido de arbustos y pastizales, 7 mil 230 y 6 mil 822 hectáreas, respectivamente. Las áreas de renuevo han sufrido daños en mil 315 hectáreas y 223 adicionales de árboles adultos. Y se desarrolla un plan de reforestación para recuperar las áreas afectadas.

 

Durante este periodo, los 10 municipios que concentran más del 50 por ciento de los incendios son: Ixtapaluca, Ocuilan, Nicolás Romero, Villa del Carbón, Villa Victoria, Acambay, Zinacantepec, Valle de Bravo, Tenancingo y Lerma.

 

Los municipios con mayor afectación de hectáreas de vegetación son: Jilotzingo, Ixtapaluca, Coatepec Harinas, Tlalmanalco, Villa Guerrero, Ocuilan, Zinacantepec, Chalco, Temascalcingo y Xalatlaco, donde el daño ha sido superior a las 10 mil hectáreas.

 

El Director General de Probosque explicó que la mayor parte de los incendios forestales son resultado del descuido humano, principalmente por quemas agrícolas no controladas, colillas de cigarro encendida o la presencia de fogatas, por lo que reiteró denunciar los incendios forestales al Teléfono Rojo 800-590-1700.

 

Por su parte, Adrián Hernández Romero, Coordinador General de Protección Civil y Gestión Integral del Riesgo, precisó que este organismo implementó el Sistema de Comando de Incidentes, a través del cual organiza, planifica y gestionan las operaciones en el terreno donde se combaten incendios mediante la vinculación con las dependencias federales, estatales y municipales.

 

En esta presentación, se dio cuenta que la Secretaría de Seguridad estatal participa con oficiales, unidades vehiculares y drones para salvaguardar la integridad física de la población; evitar acceso de la población civil a las zonas de riesgo; y realizar recorridos pie-tierra y con binomios equinos para prevenir que las personas inicien o propaguen el fuego; además cuenta con un Protocolo de Alertamiento Temprano a través de los números telefónicos 911 y 089.

 

A este informe asistieron Luis Meneses Murillo, Director General de la Conafor; Horacio Duarte Olivares, Secretario General de Gobierno del Estado de México; Andrés Andrade Téllez, Secretario de Seguridad estatal; Ernesto José Zapata Pérez, Comandante de la Región I Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional; Jesús Rafael Taboada González, Coordinador Estatal de la Guardia Nacional en el Estado de México; José Luis Cervantes Martínez, Fiscal General de Justicia de la entidad.

 

También María Eugenia Rojano Valdés, Secretaria del Campo; y Alhely Rubio Arronis, Secretaria del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

 

Con información de: http://edomexinforma.com.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.