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Como veo, doy. El país entero en campaña política electoral. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Destacado

01 Abr 2024
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Como veo, doy. El país entero en campaña política electoral. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Imagen tomada de: https://twitter.com/Claudiashein
  • El país entero en campaña política electoral
  • La civilidad depende de todos los participantes

En toda competencia siempre hay una señal de inicio para que todos los participantes salgan a ganar o buscar buenos resultados, por ejemplo, en la carrera de caballos, al tiempo del sonido de un disparo, se oye en altavoz el animoso grito de "aaarraannncaann" y desde la zona de salida el jinete pone su mirada en la meta cómo único objetivo.

En el box la señal es una campanada; en el futbol un silbatazo y en los maratones un disparo de pistola, pero en cada competencia hay un periodo de preparación o entrenamiento, donde competidores, árbitros y hasta el público, cada quien, en su área de interés, se involucran en las estrategias a seguir y conocer las reglas del juego o actividad a desarrollar, y así como ese tipo de competencias deportivas en el escenario social hay una de tipo político.

A que nos referimos, al proceso electoral 2024, donde, por cierto, los candidatos y candidatas que compiten en el ámbito federal y estatal ya llevan varios días en campaña, como son los casos para la presidencia de la república, la renovación del Congreso Federal (128 senadores y 500 diputados), así como para gobernadores en Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz, Yucatán y la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. En total, en la jornada del 2 de junio próximo, los ciudadanos elegirán más de 20 mil cargos en 31 entidades del país, incluyendo la figura presidencial. 

Así, no obstante que en la percepción de la ciudadanía se asegura que el proceso para las elecciones de 2024 inició mucho antes de cualquier señal reglamentaria, es de precisar que, de conformidad con el calendario establecido por el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), para el caso de alcaldías, diputaciones locales y concejales, fue hasta ayer domingo cuando formalmente se les dio el banderazo de salida y/o arranque para el inicio de las respectivas campañas políticas, con una duración de 60 días

En ese contexto, con datos del IECM, ayer iniciaron campañas políticas, de manera pasiva o activa, dos mil 329 candidatos o candidatas, que se suman a las campañas iniciadas desde hace un mes por la y los aspirantes a la Jefatura de Gobierno: Clara Brugada, Santiago Taboada y Salomón Chertorivski, respectivamente.

Es de recordar que, para la Ciudad de México, la competencia gira en torno a 287 cargos: Una Jefatura de Gobierno; 16 alcaldías; 33 diputaciones de mayoría relativa; 32 diputaciones de representación proporcional; una diputación migrante; y 204 concejalías.

LAS CARTAS HABLAN. - En el caso de la silla del águila, quien la ocupe se convertirá en el presidente de la república número 66 de la historia política del país y el actual dejará el cargo dos meses antes de cumplir el sexenio, debido a que en la reforma política de 2014 el legislativo estableció que el cambio de bando presidencial se realizará el primer día de octubre de 2024 y no hasta el 1 de diciembre como ocurrió en sexenios anteriores. En dicha reforma también se adelantó que la jornada electoral se realizara el primer domingo de junio y no en julio como era antes, normativa última que ya se puso en práctica en jornadas anteriores.

Dado que la competencia real se ha centrado en la participación de las representantes de las alianzas políticas encabezadas por Claudia Sheinbaum Pardo y Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, es de adelantar que la jornada será un hito en la historia nacional porque se da por hecho que por primera vez el país tendrá una mujer presidenta.

VA MI RESTO.- Con las campañas por las alcaldías y diputaciones locales iniciadas el día de ayer, hoy podemos decir que todo el país está en campaña y es un hecho que la participación de la ciudadanía, solos o a través de los partidos políticos, está muy activa, por lo que ahora solo se espera que todos los participantes, llámense partidos políticos, candidatos, árbitros o electores, todos en su conjunto, seamos corresponsables para que las campañas iniciadas concluyan en una jornada electoral, competida, sí, pero también muy civilizada, solo así estaremos ciertos de que la bandera de la democracia sigue vigente en nuestro país, y hasta ahí porque como veo doy.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.