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Desde San Lázaro. Concertaciones que aquietan las aguas en el oficialismo. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

09 Nov 2023
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Desde San Lázaro. Concertaciones que aquietan las aguas en el oficialismo. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/m_ebrard

Como reguero de pólvora corrió el rumor de que Marcelo Ebrard estaba hospitalizado e igual de rápido subió el respectivo desmentido en sus redes sociales.

El factor Ebrard y la equidad de género en la nominación de los candidatos que disputarán la gubernatura en nueve entidades, son los temas que se imponen en la coyuntura política, además claro está, de la  renuncia de Arturo Zaldívar como ministro,  para sumarse sin vergüenza alguna a la Cuarta Transformación.

En política todo se basa en la negociación y en la “concertacesión” y no dudamos que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación abrió la puerta para igualar el reparto de las candidaturas a gobernador, es decir que sean cuatro mujeres y cuatro hombres y dejar fuera de esta ecuación a Yucatán, porque ya cuenta con legislación local en la materia y con este nueva regla, se le compusieron las cosas a Morena y sus aliados, particularmente en la CDMX y Puebla.

A cambio de este regalito, en la Cámara de Diputados, los morenistas anunciaron que es posible hacer un ajuste en los números finales del Presupuesto 2024, para dejar al TEPJF con los 764 millones que se les quitaron conforme a la aprobación en lo general  que emitió el pleno de la Cámara Baja.

Tú me das esto y yo te compenso con aquello.

Ese parece ser la regla que alivió a Morena sortear el escollo que amenazaba con romper la unidad en ese partido al repartir entre hombres y mujeres igual número de candidaturas para gobernador.

Para los puristas de las leyes electorales, el enmendar la plana al INE por parte del Tribunal Electoral, simplemente obedeció a que el Instituto no tiene facultades  para fijar este criterio.

Este fue uno de los principales argumentos que presentó Movimiento Ciudadano en contra del acuerdo de paridad de género del órgano administrativo electoral.

El proyecto del magistrado Felipe de la Mata que podrá a consideración de sus pares, reconoce que, de las nueve gubernaturas que se renovarán el próximo año, únicamente Yucatán emitió reglas firmes en materia de paridad, por lo que en Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Jalisco, se tendrá que escoger a cuatro mujeres y cuatro hombres para la contienda electoral.

Con este nuevo criterio y que seguramente será aprobado por el Tribunal Federal, se le alinean las estrellas a Omar García Harfuch en la CDMX y si no hay cambio de señales en Palacio Nacional, será el candidato de Morena y rémoras para mantener el poder en su principal bastión.

De igual manera, en Puebla se abren los caminos para  que el senador Alejandro Armenta se imponga sobre su primo Ignacio Mier y tres aspirantes mujeres más y con ello se sumará a esa pléyade de los cinco hombres que sortearon los escollos de la equidad.

El otro asunto que le quita el sueño al principal inquilino de Palacio Nacional es el destino de Marcelo Ebrard, quien está deshojando la margarita para saber si se queda a apoyar a Claudia Sheinbaum como segundo de a bordo o desde el Senado;  o de plano ponerse la camiseta naranja de Movimiento Ciudadano, de Dante Delgado.

Algunos colaboradores cercanos de Marcelo, diremos de los llamados ortodoxos, juran que el ex canciller tiene sellado su destino para aparecer en la boleta presidencial bajo la franquicia de MC.

Otros, aseguran lo contrario, a  sabiendas del alter ego que posee el Carnal, seguramente se dejó pedir las perlas de la virgen para no romper con AMLO ni con Morena. Este paquete de canonjías incluye por supuesto a sus adeptos que despachan como representantes populares en San Lázaro y en el senado, principalmente.

Como se aprecia vuelve a surgir la “concertacesión” para aquietar los ánimos disruptivos de Marcelo Ebrard y mantenerlo en el redil y con ello conjurar la amenaza que representa para el proyecto presidencial de Claudia Sheinbaum.

Si no hay cambio de señales en las próximas horas, se conocerá la noticia en torno a que MEC seguirá bajo el cobijo de AMLO.

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El apunte del director

  • ENERO 2026
    Un año de Trump: México entre la confrontación retórica y la interdependencia inevitable 

    El primer año de gobierno de Donald Trump marcó un punto de inflexión en la relación entre México y Estados Unidos. Nunca antes un presidente estadounidense había colocado a su vecino del sur en el centro de su discurso político de manera tan persistente, tan hostil y tan instrumental. Sin embargo, detrás de la retórica agresiva, la realidad mostró una relación mucho más compleja, determinada menos por los impulsos ideológicos del mandatario y más por la profunda interdependencia entre ambas naciones. 

    Desde su campaña presidencial, Trump construyó buena parte de su narrativa sobre una visión simplificada —y en muchos casos distorsionada— de México: un país responsable de la pérdida de empleos estadounidenses, de la migración irregular y de la inseguridad en la frontera. Ya instalado en la Casa Blanca, ese discurso se tradujo en decisiones simbólicas de alto impacto, como la insistencia en la construcción de un muro fronterizo y la exigencia de que México lo financiara, una propuesta que tensó innecesariamente el diálogo bilateral. 

    No obstante, el balance del primer año muestra que el daño más profundo no provino de una ruptura estructural, sino de la erosión de la confianza. La diplomacia mexicana se vio obligada a operar en un entorno impredecible, donde los anuncios vía redes sociales sustituían a los canales institucionales y donde la amenaza de medidas unilaterales —aranceles, cancelación del TLCAN, deportaciones masivas— se convirtió en una herramienta política recurrente. 

    El caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue particularmente ilustrativo. Trump llegó al poder calificándolo como “el peor acuerdo jamás firmado” y prometiendo su cancelación inmediata. Sin embargo, tras un año de gobierno, el TLCAN no solo seguía vigente, sino que Estados Unidos había optado por renegociarlo en lugar de abandonarlo. Este giro evidenció una realidad incómoda para la Casa Blanca: la economía estadounidense depende tanto de México como la mexicana del mercado norteamericano. 

    En materia migratoria, el discurso duro contrastó con resultados más ambiguos. Si bien se intensificaron las políticas de control y aumentó la presión sobre México para contener los flujos migratorios desde Centroamérica, no se produjo la deportación masiva que muchos temían. México, por su parte, quedó atrapado entre la necesidad de cooperar y la obligación de defender los derechos humanos de los migrantes, una tensión que expuso sus propias debilidades institucionales. 

    A nivel político, el primer año de Trump obligó a México a replantear su estrategia frente a Estados Unidos. La apuesta histórica por una relación estable, basada en reglas y entendimientos tácitos, resultó insuficiente ante un presidente que privilegió la confrontación pública sobre la negociación discreta. Esto reveló la urgencia de diversificar alianzas, fortalecer el mercado interno y reducir la dependencia excesiva de un solo socio comercial. 

    Paradójicamente, el mayor aprendizaje de este periodo fue la confirmación de que la relación México–Estados Unidos es demasiado profunda para ser desmantelada por un solo gobierno, pero también demasiado importante como para dejarla a merced de la improvisación. Trump logró modificar el tono, generar incertidumbre y capitalizar políticamente el resentimiento, pero no pudo alterar los fundamentos estructurales que obligan a ambos países a cooperar. 

    Al cierre de su primer año, Trump dejó claro que México seguiría siendo un recurso retórico útil para su política interna. Para México, el desafío no fue solo resistir las presiones externas, sino entender que el nuevo escenario exigía una política exterior más firme, más estratégica y menos reactiva. La relación bilateral sobrevivió al primer año de Trump, pero lo hizo con cicatrices visibles y con una lección clara: la cercanía geográfica no garantiza respeto político, y la interdependencia económica no sustituye la necesidad de liderazgo y visión de Estado.