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Como veo, doy. Planeación, reto de Martí Batres. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Destacado

19 Jun 2023
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Como veo, doy. Planeación, reto de Martí Batres. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Imagen tomada de: https://twitter.com/martibatres
  • Planeación, reto de Martí Batres
  • Sin estudios a largo plazo, ni prospectiva y sin acuerdos democráticos, el IPDP queda a deber a los capitalinos

A propósito del nombramiento de Martí Batres Guadarrama como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, hay que señalar que la responsabilidad del cargo conlleva la atención inmediata de temas como la seguridad pública, la contaminación, obras inconclusas, y, en materia de movilidad, acciones de mantenimiento de manera integral al Sistema de Transporte Colectivo, mejor conocido como Metro. En general hay mucho que hacer, y, en ese contexto, el nuevo mandamás citadino no debe perder de vista un tema que generó muchas expectativas entre la población y que, con el paso del tiempo, es un asunto que para mucha causa temor de que al final de la presente administración vuelva a quedar como pendiente o, lo peor, en el olvido.

Y es que, los capitalinos no olvidan que, a fines de 2021, el gobierno capitalino publicitó una convocatoria para que los habitantes de las 16 alcaldías opinaran y plantearan proyectos de planeación para el mejor desarrollo de los habitantes de la gran urbe; se vislumbrara un crecimiento ordenado y también se vislumbrara el futuro de los asentamientos irregulares para los próximos 20 años, donde, para tal afecto, se pronosticó la realización de más de mil 800 reuniones vecinales en las que se incluiría a los capitalinos de todos las colonias de la ciudad.

La convocatoria de referencia destacaba en uno de sus párrafos, que “la Consulta Pública es el instrumento de participación ciudadana mediante el cual la autoridad titular de la Jefatura de Gobierno o de las Alcaldías consulta de manera directa a las personas habitantes o vecinas de una determinada área geográfica a efectos de conocer su opinión respecto de cualquier tema específico que impacte en su ámbito territorial, tales como: la elaboración de los programas, planes de desarrollo; ejecución de políticas y acciones públicas territoriales; uso del suelo, obras públicas y la realización de todo proyecto de impacto territorial, social, cultural y ambiental en la demarcación”.

Hasta ahí todo bien, la propuesta fue que dichas consultas se realizarían ese mismo año y sus resultados al año siguiente. Dos años después, a la fecha, los capitalinos no sabemos cuáles son los resultados de esa consulta, de esos estudios, de los análisis y prospectivas realizadas al respecto, nada, aunque en más de una ocasión hubo información de que esos resultados serían la base del desarrollo urbano de la Ciudad de México, que entrarían en vigor a la brevedad y que, entre otros, contendrían lineamientos para definir zonas urbanas, rurales y de conservación.

Entonces se dijo que los usos de suelo se determinarían en las alcaldías, también con un proceso de consulta por cada demarcación y que probablemente estos ejercicios de participación ciudadana se realizarían en 2023. Lo más reciente que nos acabamos de enterar es que, luego de varios meses acéfalo el cargo de la titularidad del IPDP, quedó como encargado del despacho el arquitecto Patricio Carezzana, pero de los resultados y avances de la referida consulta poco o nada se sabe. De ahí que uno de los grandes retos de Martí Batres sea sacar el tema de la planeación urbana y territorial de la CDMX de la charola de los pendientes, porque es un proceso que se ha alargado por diversos motivos en tanto que el desarrollo urbano no llega a asentamientos que tienen en su haber entre 30 y 50 años, sin servicios públicos de manera regular porque no cuentan con la regularización territorial y gran parte de esa situación obedece a cuestiones burocráticas. Que conste.

LAS CARTAS HABLAN.- Es de precisar que con la promulgación de la Constitución de la CDMX se crea el IPDP, organismo encargado de pensar en el largo plazo, con prospectiva y acuerdos democráticos, así como articular distintos instrumentos para la planeación de la Ciudad, tanto planes a 20 años como programas de gobierno de 6 y 3 años.

Así, en el marco de la nueva normativa, a propuesta de la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, Pablo Tomás Benlliure Bilbao fue nombrado por el Congreso capitalino como director del IPDP –por cinco años– el 14 de diciembre de 2020. Quién, por motivos de salud, renunció de manera irrevocable al cargo en febrero del año en curso.

Hace unos días, durante la Tercera Sesión Extraordinaria de 2023 de la Junta de Gobierno del Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva (IPDP) de la Ciudad de México, se dio a conocer el nombramiento de Patricio Carezzana como Encargado de Despacho del IPDP, con la finalidad de dar "gobernabilidad, continuidad y certeza en la operación de las actividades sustanciales del IPDP".

VA MI RESTO.- En materia de planeación para la Ciudad de México, sin duda, hay mucha tela de donde cortar, ojalá que el nuevo jefe de Gobierno, Martí Batres, no olvide que en la charola de los pendientes de los asuntos de la ciudad hay propuestas hechas por la ciudadanía en ese rubro, y que, por el bien de la ciudad capital, los resultados los empecemos a ver muy pronto, y hasta ahí porque como veo doy

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.