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Desde San Lázaro. Batres, ante el mayor reto de su vida. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

16 Jun 2023
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Desde San Lázaro. Batres, ante el mayor reto de su vida. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/martibatres

Luego de dos frustrados intentos, por fin logrará su propósito, aunque solo sea por 15 meses y ello le quite la posibilidad de competir por la misma posición para el 2024-2030.

Se sacó la rifa del tigre al arrancar acotado en su nueva responsabilidad por la desconfianza que le tiene su Jefa.

Los candados que le dejó Claudia Sheinbaum a su suplente confirma la sospecha de que Martí Batres no goza de su plena confianza, ya que al nombrar a Omar García Harfuch como Coordinador de Seguridad y a  Luz Elena González como Coordinadora Técnica de gabinete, se constituye  un triunvirato que lo deja con las mismas responsabilidades que tiene como Secretario de Gobierno.

Además, al proponerlo a la cámara de diputados de la CDMX como interino para el periodo que concluye el 4 de octubre del año que viene, le impide a competir para ser Jefe de Gobierno en los comicios del próximo año; es decir se le cerró la posibilidad a Batres de buscar ese cargo en el futuro inmediato.

Para efectos legales y políticos y a partir de que el Congreso local lo ratifique, Martí será el responsable total de lo que ocurra en la CDMX y ello de suyo, representa un gran riesgo por estar sentado en una bomba de tiempo por el cúmulo de problemas y pendientes que dejó Sheinbaum, como, por ejemplo, el  grave deterioro del Metro debido a la falta  de mantenimiento mayor que se recrudeció durante su gestión.

La vulnerabilidad de la metrópoli ante los sismos y terremotos; la escasez de agua potable; la polución, el crecimiento real en los índices delictivos y sobre todo, la gobernabilidad que está suspendida por alfileres; colocan a Martí Batres en una posición altamente vulnerable.

Y si a eso le sumamos que el presidente López Obrador le encargó a Batres  recuperar las nueve alcaldías que perdió Sheinbaum en el 2021 y mantener las seis restantes bajo la égida de Morena, pues en menudo lio está metido el ex diputado local por el PRD.

De hecho, este es su mayor compromiso para el próximo año y a eso se dedica en cuerpo y alma.

Es un operador político y “de tierra” por antonomasia, además de operar, a decir de notas periodísticas,  “grupos de choque” que se presentan cuando la situación lo requiere.

Si con Claudia se dificultaba la interlocución con los alcaldes y legisladores de oposición en la capital del país, con Martí será más complicado mantener esos puentes de dialogo y acuerdos, por ello y más en un periodo  previo a los comicios del otro año, habrá mayor polarización y encono con riesgo de transgredir el orden social y la misma gobernabilidad.

Los antecedentes personales y políticos del también  miembro de la masonería, lo colocan en la fila del radicalismo de izquierda y por su talante autoritario, en el ring de los rudos, quienes a garrotazo limpio pretenden arreglan las cosas.

Con la etiqueta de ser deudor alimentario por partida doble, asunto que debe de estar zanjado en los tribunales, Martí Batres, tiene su corazón puesto en el proyecto presidencial de Sheinbaum, por sus fobias contra el canciller en tiempos cuando colaboraba con él como secretario de Desarrollo Social en la capital.

De igual manera, él operó para que Claudia le ganara la partida a Ricardo Monreal cuando ambos buscaban la Jefatura de Gobierno.

Con una trayectoria en partidos de izquierda como el Partido Socialista Unificado de México, en el que empezó “pintando bardas” y  en el PRD; Batres ha tenido una carrera política con la etiqueta de líder social, disruptivo y antisistémico, perfil que llamó la atención de AMLO.

El presidente  confía en él con sus asegunes, en la misma proporción que Sheinbaum desconfía, entonces estará entre la espada y pared en los próximos meses.

Para los capitalinos, es mejor que tengan un Jefe de Gobierno de tiempo completo como Batres y no una funcionaria que su prioridad era posicionarse en el ánimo colectivo como una suspirante a la candidatura presidencial de Morena.

Surge una pregunta de inmediato. ¿El nuevo Jefe de Gobierno mantendrá abiertas las arcas capitalinas a su antecesora para que esta cristalice su sueño guajiro? o se comportará como indica la normatividad vigente.

Esperemos que no haga de la opacidad su bandera y se dedique a mantener la gobernabilidad y evitar a toda costa, verbigracia, percances fatales en el Metro, y  en general, en el ejercicio del poder.

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.