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Desde San Lázaro. Y no entró en operación la línea 12 con Sheinbaum. Por Alejo Sánchez Cano Destacado

15 Jun 2023
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Desde San Lázaro. Y no entró en operación la línea 12 con Sheinbaum. Por Alejo Sánchez Cano La presunta teoría del sabotaje nunca se comprobó, aun con los seis mil elementos de la Guardia Nacional que mandó el presidente a custodiar el Metro

Luego del siniestro mortal el 3 de mayo de 2021 en la Línea 12 del Metro, dijimos en este espacio (ante el anuncio del presidente López Obrador y la Jefa de Gobierno Capitalino que quedaría habilitado el tramo  colapsado máximo en un año) que, mientras Claudia Sheinbaum  estuviera al frente de la CDMX,  no entraría en operación y así ha ocurrido en virtud de que renunciará a su cargo el próximo viernes 16 de junio.

Ante esta aseveración se dejaron venir las granjas de bots para increpar a este reportero, empero el tiempo nos dio la razón.

La falta de mantenimiento mayor al Metro, estigmatizó a una funcionaria incapaz de solventar con éxito la responsabilidad conferida por los capitalinos en las urnas, no obstante el incondicional e ilimitado apoyo que le brindó AMLO, tanto para su  óptimo funcionamiento, como para  rehabilitar las líneas más deterioradas.

No pasa una semana, sin que ocurran percances en las vías, convoyes y en general, en las instalaciones del Sistema del Transporte Colectivo, cuando bien le va, ocurren retrasos en el arribo de los trenes a las estaciones con el consecuente riesgo que representa ello para los pasajeros.

La presunta teoría del sabotaje nunca se comprobó, aun con los seis mil  elementos de la Guardia Nacional que mandó el presidente a custodiar el Metro.

Así que las Líneas 1 y 12 esperarán a que el suplente de Claudia, las concluya y sobre todo, que funcionen al cien por ciento y en contraparte, que en las otras líneas no exista otro percance con pérdidas de vidas humanas.

Se va Sheinbaum para buscar una eventual candidatura presidencial por Morena y prácticamente deja votada la ciudad con innumerables pendientes en materia precisamente de transporte público, inseguridad pública., crisis económica, marginación, con un sistema de salud deteriorado y con desabasto de medicamentos, vacunas e insumos, entre otros temas como la creciente polución y la falta de infraestructura en el abastecimiento de agua potable.

De acuerdo al INEGI el 70.1 por ciento de la población mayor de edad considera la inseguridad como el problema más importante que aqueja a la ciudad.

El aumento de precios con  el desempleo y la impunidad a delincuentes son de las grandes asignaturas pendientes de la todavía Jefa de Gobierno.

Durante su gestión se dieron prioridad a todas aquellas acciones y programas en las cuales pudiera sacar raja política como sus programas de política social con tintes electoreros, al tiempo de poner obstáculos en el camino a los alcaldes de oposición que gobiernan en nueve de las 16 alcaldías que conforman la capital del país.

Podríamos decir sin temor a equivocarnos,  que el paso de la exdelegada de Tlalpan por la Jefatura de Gobierno de la metrópoli fue mediocre y ello se alcanzará a vislumbrar con el paso del tiempo porque saldrán a la luz información que han ocultado, no obstante que debe ser pública, sobre el ejercicio de  multimillonarios recursos públicos para, verbigracia, el costo de los conciertos masivos, las consultas en torno a la revocación de mandato y el juicio a los ex presidentes, el pago de espectaculares, bardas, encuestas, promoción electoral en redes sociales y la organización de eventos proselitistas, entre otras desviaciones presupuestales.

Habrá que observar con lupa quien se quedará en su lugar, ya que el que debería serlo porque así lo señala la normatividad, Martí Batres,  no cuenta con la confianza del principal huésped de Palacio Nacional y por ello buscan otras opciones que se procesarán en el Congreso capitalino

El perfil del nuevo titular del gobierno capitalino, debe por un lado, continuar con las obras que deja pendientes Sheinbaum, como por ejemplo, la conclusión del Tren Interurbano a Toluca, en su tramo por la CDMX y que, además, limpie el cochinero financiero y presupuestal que prevalece en las arcas de las oficinas centrales.

El presidente del PAN en chilangolería, Andrés Atayde, festejó la salida de la señora e hizo votos para que ahora si despache en las oficinas del zócalo un funcionario de tiempo completo y no alguien que gobernaba a medias, porque descuidaba mucho su chamba en su aspiración de conseguir la nominación de Morena para ser la candidata presidencial.

 “Su constante ausencia propició que los grandes problemas de la Ciudad de México se hicieran más grandes, por lo que debió haber renunciado mucho antes”, advirtió el dirigente panista.

En cualquiera de los casos, los capitalinos deberían estar de plácemes porque el que llegue en lugar de Sheinbaum, por lo menos le dedicará más tiempo a gobernar la ciudad, en lugar de perder el tiempo en proyectos personales que a la postre ni se cristalizarán.

Algo que caracteriza a la 4T es que la mayoría de sus obras de relumbrón quedan inconclusas o están mal hechas. Es el caso de la Línea 3 del Cablebús, la cual afectará a las tres Escuelas  "El Pipila" en la alcaldía Miguel Hidalgo. La jefa de Gobierno nunca se acercó a conciliar con dicha comunidad porque se verá afectada por la torre 37. Ella ya se va y dejara muchos pendientes, uno de ellos es la indefinición en el trazo de esta línea para que no afecte a estas Escuelas y no devaste la zona ecológica del Bosque de Chapultepec.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.