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Desde San Lázaro. Celada contra Ebrard. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

14 Jun 2023
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Desde San Lázaro. Celada contra Ebrard. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/m_ebrard

La preocupación de una ruptura al interior de Morena y entre corcholatas, obligó al presidente López Obrador a diseñar un plan con aviesos propósitos para evitarla, al considerar casi todas las propuestas que puso sobre la mesa Marcelo Ebrard en torno a la elección del candidato presidencial, al tiempo de mantener el total control sobre el partido, de todos los gobernadores y líderes del Congreso del oficialismo.

La idea es evitar a toda costa que se dinamite su proyecto transexenal de establecer el Obradorato con una sucesora a modo y en esta lógica, no tiene cabida el ex canciller.

Las corcholatas están en campaña desde hace tres años, aunque una de ellas con mayor énfasis, tanto por el uso de recursos públicos y privados, como a incentivar la cargada del partido a su favor, me refiero a Claudia Sheinbaum, quien después de la catástrofe ocurrida en la elección del 2021 en donde perdió nueve de las 16 alcaldías de la CDMX, recibió todo tipo de apoyos del principal huésped de Palacio Nacional para mantenerla con vida política rumbo al 2024.

Ella arrancó antes que todos. Habría que recordar que Adán Augusto López, se incorporó al gabinete como secretario de Gobernación el 26 de agosto de 2021 y al principio de su gestión mantuvo un perfil muy bajo, casi alejado de los reflectores hasta que el presidente le instruyó a jalar todos los reflectores y apoyos que pueda porque era considerado como una de las cuatro corcholatas.

Por su parte, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal se avocaron a cumplir con sus responsabilidades y con ello ”llenarle el ojo al presidente”, sin embargo, no advirtieron que la Jefa del Gobierno Capitalino se aplicaba para tener mayor presencia mediática nacional  con el apoyo de un número cada vez mayor de gobernadores de Morena y del PVEM; además de aumentar su influencia en las redes sociales y usar las herramientas digitales como la conformación de granjas de bots, el uso de la  Web 3 e incluso, de   inteligencia artificial.

Las arcas capitalinas dan para eso y más, verbigracia,  como financiar el acarreo para la revocación de mandato del presidente o para organizar conciertos masivos; cuantimás para promover una candidatura presidencial y en contraparte, las otras tres corcholatas  estuvieron muy limitados en eso del manejo y disposición del cash.

Con estos recursos a la mano, pues es natural que Sheinbaum se mantenga, dependiendo de la casa encuestadora, entre el primero y segundo lugar, aunque siempre acompañada por el ex titular de Relaciones Exteriores y ante el anuncio de que las encuestas definitivas se levantarán en agosto, no es difícil augurar el resultado.

Las encuestas espejo, esas que levantarán otras cuatro casas especializadas en estudios demoscópicos y que serán propuestas por los aspirantes, tendrán que pasar por la santa inquisición de Morena, para elegir a aquellas que en su historial no se hayan pronunciado en contra de los diversos candidatos de este partido y allí también se establecerá otro control para dejar pasar a la favorita del presidente.

Es decir, no obstante que en apariencia se tomaron en consideración las inquietudes de Ebrard para hacer la selección del candidato más pareja e imparcial, la realidad es que, al final del día, los resultados de las encuestas se orientarán a apuntalar la decisión del presidente en favor de Sheinbaum.

Con el acuerdo signado por el presidente y toda la nomenclatura morenista, incluyendo las cuatro corcholatas y dos quitapones, léase Gerardo Fernández  Noroña y Manuel Velazco, se pusieron diferentes candados para que nadie busque otro partido político que lo postule como candidato presidencial y menos, caer en la tentación de crear un nuevo instituto político.

Con esta jugada de tres bandas, AMLO se curó en salud para, por un lado, darle un toque de imparcialidad al proceso de selección; y por otro,  asegurar la unidad y el control de daños con premios de consolación para aquellas corcholatas que no se vieran favorecidas por el dedazo presidencial, perdón por las encuestas.

A finales de agosto, principios de septiembre, se conocerá al ganador de las encuestas y se espera que el 6 de septiembre se haga público el destape del candidato, para ese entonces, ya también el bloque opositor conformado por el PAN, PRI, PRD y el Frente Cívico Nacional, estará en la recta final para elegir a su candidato, quedando pendiente Movimiento Ciudadano que ya anunció que será el próximo 5 de diciembre cuando salga el humo blanco de las chimeneas naranjas.

Es decir, si pierde Marcelo Ebrard y si descubre que al final del día que todo fue una celada para sacarlo de la jugada y si quiere seguir en la rebatinga por el poder, solo tendría una opción para seguir adelante para estar en la boleta presidencial y esa sería la franquicia propiedad de Dante Delgado.

Seguramente, muchos dirán, entre ellos el oficialismo, que esta tesis del complot contra Ebrard es una mafufada de este reportero, pero advirtiendo la perversidad de los principales protagonistas de la crónica de un destape simulado, no es descabellada ni inviable.  

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.