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Desde San Lázaro. PRD y PT desaparecen; PRI y Verde, en veremos. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

13 Jun 2023
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Desde San Lázaro. PRD y PT desaparecen; PRI y Verde, en veremos. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/PRDMexico

Estos cuatro partidos requieren urgentemente agruparse a una alianza política en las elecciones del 2024, si es que quieren conservar sus prerrogativas y derechos a nivel nacional.

El caso del PRD ejemplifica con claridad que sucede con un partido político que habiendo estado en la antesala de ganar la presidencia de la República en 2006, en este momento ha perdido su registro en 19 entidades federativas, las dos más recientes en el Estado de México y Coahuila, en donde no alcanzaron el umbral del 3 por ciento de los votos que se requieren para subsistir en un sistema que cada vez se decanta por el bipartidismo.

En el caso de la entidad mexiquense es muy evidente la crisis que se vive en los amarillos, ya que en los comicios del 2017, el PRD logró 1 millón, ochenta y cuatro mil quinientos cuarenta y nueve votos, mientras que el pasado 4 de junio apenas alcanzó 183,227 votos.

Los “Chuchos”, empezando por Jesús Zambrano, deben tener todas sus veladoras prendidas para que el PAN los cobije en las elecciones del próximo año, so pena de desaparecer del escenario político nacional.

Lo mismo ocurre con El Partido del Trabajo que si no fuera por el convenio para participar en la candidatura común con Morena en “Juntos Haremos Historia”, encabezada por Delfina Gómez, estaríamos hablando de otro fracaso de esta franquicia propiedad de Alberto Anaya.

En función de este convenio se establecieron los porcentajes del total de la votación alcanzada por esta coalición en el Estado de México,  de los cuales el 73.5% fue para Morena, el 16,25%  para los Verdes y el 10,25 para el PT, lo que a todas luces fue un camión de oxigeno que les evitó perder el registro a estos dos últimos partidos políticos.

Va un dato en las elecciones para gobernador de Edomex del 2017, el PT alcanzó el 1,2% de los votos y seguramente de haberse presentado solos en la boleta o con votos diferenciados, estaríamos hablando de la pérdida de su registro en esa entidad.

La escisión que tuvo el bloque oficialista en Coahuila al partirse en tres con la ruptura entre Morena, PT, y PVEM, al llevar candidatos propios, le significó comprometer su registro a los Verdes para la elección del próximo año.

Mientras que Morena ya gobierna en 22 estados, el PAN lucha por consolidarse a nivel nacional como la segunda fuerza política nacional, aún con el titubeante liderazgo de Marko Cortés y camarilla que lo acompañan, aunque a decir verdad, están dejando ir la  oportunidad de capitalizar el descontento que va en aumento  en buena parte de la población por el fallido gobierno del presidente López Obrador.

En momentos en que Acción Nacional es el partido opositor más relevante y ello le da un hándicap para conformar una alianza política con la sociedad civil para lograr la alternancia en el poder el próximo año y no solo eso, sino presentar candidatos competitivos en los nueve estados en donde habrá elección para gobernador,  además de la renovación del  Congreso federal; cometen un yerro que podría ser de fatales consecuencias políticas al mantener la coalición con el PRI y el PRD, ya que en los números finales, son  más los  pasivos de estos dos institutos políticos;  que los activos que eventualmente podrían aportar a la causa azul.

Por su parte, el PRI firmó su sentencia de muerte a nivel nacional por la terquedad y el agandalle de su dirigente nacional, Alejandro Moreno, por permanecer en el cargo y con ello, el desprestigio que acarrea este partido es todavía mayor.

Muchos confunden las cifras de votación que se dieron para el PRI en el Estado de México y en Coahuila, ya que una cosa es el Revolucionario Institucional en esas entidades y otra muy diferente ocurre a nivel nacional, Es decir los priistas de estos dos estados no suman al PRI de Alito y ello se verá con contundencia en las votaciones del próximo año.

Hay que decirlo con todas sus letras, si el PT y el PRD van por su cuenta en los comicios del 2024, apunte, estimado lector, perderán su registro nacional;  y del PVEM y el PRI diremos que marchan en esa ruta ante el arrastre de Morena y el PAN y por ello son capaces de vender su alma al diablo con tal de que los suban en su carro para el próximo año.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.