Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Reconocen en el Senado papel de mujeres en sectores productivos y de transformación Destacado

12 Jun 2023
308 veces
Reconocen en el Senado papel de mujeres en sectores productivos y de transformación Imagen tomada de: Comunicación Social de la Cámara de Senadores
  • Realizan el foro: “Mujeres Productoras y Transformadoras”. 

En el Senado de la República se llevó a cabo el Foro: “Mujeres Productoras y Transformadoras”, en el cual se reconoció el papel fundamental de este sector en los diversos sectores productivos de la sociedad. 

Además, en el encuentro se compartieron experiencias con el objetivo de fomentar el empoderamiento de las mujeres. 

Al respecto, el senador Ricardo Velázquez Meza, organizador del evento e integrante del Grupo Parlamentario de Morena, señaló que está a la orden de las mujeres, pues él y el Senado son aliados de este sector poblacional, lo cual se refleja en las leyes aprobadas para garantizar sus derechos.

Recordó que ayer se cumplieron cuatro años de la promulgación de las reformas constitucionales que establecen la paridad de género en todos los cargos de toma de decisiones públicas.

En ese sentido, el también secretario de la Mesa Directiva aseveró que México es un país a la vanguardia en cuanto al acceso de las mujeres a las instituciones públicas, por lo que auguró que pronto las mujeres gobernarán la mitad de las entidades federativas.

A su vez, Adriana Altamirano Rosales, diputada local de Oaxaca, informó que fue destituida de la Junta de Coordinación Política de su Congreso por ser mujer; sin embargo, detalló que ha batallado para lograr su reintegración, primero ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Indicó que, a pesar de que hay paridad de género en el Congreso de la Unión y en la mayoría de los congresos locales, no existe un protocolo de violencia de género para que las trabajadoras del Poder Legislativo, así como las legisladoras, puedan acudir cuando se vulneren sus derechos.

Asimismo, dijo que se deben impulsar políticas públicas para capacitar a las mujeres de comunidades indígenas a través de las escuelas, pues regularmente no pasan de la primaria y son casadas entre los 12 y 13 años. “Tenemos que decirles a nuestras niñas que tienen derecho a vivir una infancia, una adolescencia y una vida libre”, acotó. 

En su participación, Alba Medina, presidenta de la Asociación Iberoamericana de Inteligencia Artificial, señaló que es imperativo cumplir con el punto 5 de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas, que establece la igualdad entre los géneros y empoderar a las mujeres y las niñas. 

Si se quiere aprovechar todo lo que el país tiene, apuntó, es necesario incluir a las mujeres; eso beneficiará no solo al país sino a la región latinoamericana.

Destacó que México es uno de los países líderes en el tema de paridad; sin embargo, subrayó que es necesario que las mujeres sean más activas y hacer todo lo que se tenga que hacer en política pública, a fin de tener el ecosistema que se requiere “para sacar adelante nuestros negocios, familias y sueños”.

La presidenta del movimiento “Nosotras”, Omega Vázquez, dijo que el resultado de este primer foro nacional y de las mesas de trabajo previas se los entregarán al senador Ricardo Velázquez Meza para que lo haga llegar a sus homólogos, a fin de que hagan eco en todo México.

“Aquí estamos mujeres que dignamente representamos lo que quiere, merece y necesita la mujer mexicana. Somos nosotras y nos crecieron alas, estamos listas para volar”, apuntó.

Explicó que este movimiento nace del encuentro entre mujeres que están en la misma sintonía de protagonismo. Además, comentó que buscaron en toda la República que se adhirieran más mujeres al movimiento y hallaron a personas sin miedo y que no se conforman.

Con información de: Comunicación Social de la Cámara de Senadores

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.