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Recibe Manolo Jiménez constancia como gobernador electo de Coahuila Destacado

11 Jun 2023
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Recibe Manolo Jiménez constancia como gobernador electo de Coahuila Imagen tomada de: Cortesía
  • Hace un llamado a trabajar en unidad por el bien de Coahuila y reafirma su compromiso de desarrollar el gobierno más ciudadano de la historia
  • Logra una votación histórica de 765 mil 979 votos

Al recibir la constancia de mayoría por parte del Instituto Electoral de Coahuila que lo acredita como Gobernador Electo para el periodo 2023-2029, Manolo Jiménez Salinas agradeció a todas las y los coahuilenses que le dieron un voto de confianza, refrendando su compromiso de trabajar en conjunto con la ciudadanía como una nueva forma de hacer política. 

“La elección fue un conjunto de esfuerzos, fue gracias a la confianza de las y los coahuilenses, pasamos de ser una alianza entre fuerzas políticas a un gran frente ciudadano integrado por muchas y muchos coahuilenses que queremos hacer cosas buenas por nuestra tierra; vamos a trabajar por ellos, incansablemente ´por el bien de Coahuila y de nuestras familias”, señaló.

Acompañado por su esposa Paola Rodríguez, sus hijos Manolo, Santiago, Catalina y Cordelia, así como sus padres Liliana Salinas y Manuel Jiménez, detalló que al ir más allá de una alianza partidista se logró construir un gran frente ciudadano, como una nueva forma de trabajar entre sociedad civil organizada, iniciativa privada, ciudadanos y gobierno para entre todos continuar construyendo la grandeza de Coahuila.

Así mismo, Jiménez Salinas reconoció el trabajo de los diversos partidos políticos en el estado y los llamó a trabajar en conjunto por el bien de Coahuila, señalando que, si bien no coinciden el algunos temas político-partidistas, sí los une el gran amor a esta entidad como un punto de encuentro.

“Si privilegiamos y ponemos en primer término a nuestro estado, estoy seguro que vamos a poder hacer muchas cosas buenas por nuestra comunidad, que nos complementemos y nos ayudemos con el único objetivo que le vaya bien a nuestro Estado, independientemente de nuestro partido, Coahuila es nuestra casa, es nuestro hogar, es donde vivimos con lo que más amamos que es nuestra familia”, apuntó.

El gobernador electo destacó que está dispuesto y con toda la apertura política para trabajar en equipo por las y los coahuilenses, por quienes votaron por todas las opciones el pasado cuatro de junio. 

 

Finalmente señaló que el siguiente paso es construir un proyecto ejecutivo para pasar de una oferta política al desarrollo de los proyectos, programas y compromisos de campaña y que a partir del 1 de diciembre de este 2023, juntos como una gran familia continuar trabajando por el bien de Coahuila.

Con información de: Especial

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.