Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro ¿Sheinbaum podrá sin cargo y sin presupuesto? Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

08 Jun 2023
263 veces
Desde San Lázaro ¿Sheinbaum podrá sin cargo y sin presupuesto? Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/Claudiashein

Ahora que Marcelo Ebrard marcó el pasó  con su renuncia a las otras corcholatas, veremos si aquellos que se han hecho propaganda con recursos públicos y privados pueden sostener el ritmo de difusión,  o más aún, si al carecer de  los cargos públicos  que ostentan que les dan los reflectores y el cash, continúan comprando espectaculares, bardas, eventos proselitistas, granjas de bots en redes sociales, publicidad soterrada en medios de comunicación y encuestas.

Las famosas encuestas que darán luz sobre el ungido de Morena, se aplicarán en agosto, lo que significa que esas corcholatas que han sido descobijadas con la dimisión del canciller, bajarán sus puntos porcentuales en las mismas y con ello, comprometerán sus posibilidades de ganar.

El presidente López Obrador cumplió su palabra de establecer piso parejo y para ello, dio luz verde para que aquellos que buscan la nominación de Morena y sus rémoras, renuncien a sus cargos públicos a la brevedad, además de comprometerlos a coadyuvar en la unidad, independientemente de quien sea destapado.

Así que Claudia Sheinbaum, aquella que decía que no iba a renunciar porque había sido elegida como Jefa de Gobierno, tendrá que dejar su cargo y pelear por la nominación en igualdad de condiciones con Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña (PT) y hasta Manuel Velazco (PVEM).

Por cerca de siete meses, “el carnal” estuvo insistiendo en la renuncia de todos los que aspiran suceder a AMLO, así como la confrontación de propuestas bajó el formato que dan los debates y diseñar, entre todos los interesados, una única encuesta con una única pregunta.

El destape del “bueno” al más puro estilo priista, lo ha acogido AMLO y le da su toque distintivo al disfrazarlo con el gambito de las encuestas internas de Morena, para con ello, cubrirse ante un eventual reclamo o una ruptura que sería muy costosa para instaurar el Obradorato.

Al participar como corcholatas, se comprometen a mantenerse en Morena y por supuesto, apoyar a quien resulte el escogido por el dedito del tabasqueño, perdón por lo que indique el estudio demoscópico

Si se están aceptando las condiciones que pidió Ebrard para participar, tiene que, en correspondencia, acatar el compromiso de evitar una escisión y menos buscar una postulación por otro partido político.

Bueno, eso si en verdad el piso será parejo, porque como se la gastan los radicales que se ubican en el círculo cercano y familiar del presidente, así como en los principales cuadros de dirección de Morena, es previsible que intenten hacer sus chanchullos para que Claudia Sheinbaum sea la elegida.

Para mantener el poder más allá del 2024, se debe evitar una costosa dimisión de morenistas que abandonen el partido para constituir otra fuerza política que a la postre, extinga a Morena, tal como pasó cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo rompieron con el PRI hace 26 años, para dar pasó a la gestación del PRD.

Finalmente, todo este tipo de desencuentros se dan por la inconformidad que prevalece ante la imposibilidad  de acceder a cargos de poder que otorga el presidente de la República y su camarilla a quien consideren dignos de ellos.

En este caso, si el presidente López Obrador ha entregado su palabra para que todo el proceso de nominación del candidato de Morena y rémoras, se lleve a cabo en condiciones de imparcialidad para los que quieren participar y que al final del día, será una o varias encuestas que aplicará este partido para seleccionar a su candidato; pues no habrá pretexto para resquebrajar la unidad.

Volvamos al quid del asunto, con las renuncias de las corcholatas a sus cargos públicos, podrán mantener su presencia en el ánimo de la gente al carecer del recurso público del que disponen, de las influencias que da el cargo y de las mismas tribunas públicas y reflectores que acompañan a los funcionarios y representantes populares en el desempeño de sus funciones.

Claudia Sheinbaum debe dejar su cargo y ahora sí podrá llevar a cabo lo que permitan las leyes electorales a un ciudadano común y corriente en tiempos que no están autorizados para hacer campañas políticas.

Por instrucción presidencial, ningún gobernador podrá cargar los dados a favor de la todavía Jefa de Gobierno de la CDMX o de cualquier otro suspirante, porque serán merecedores del castigo que provenga del látigo tabasqueño y menos pagar con recursos públicos o privados o peor aún, de procedencia dudosa, por decirlo de forma elegante.

Así que la pasarela de aspirantes de Morena, PT y PVEM se torna interesante en su epílogo porque llevan meses placeándose.

En tanto, en la oposición conformada por el PAN, PRI y lo que queda del PRD, se vanaglorian de su derrota con”visos de victoria”, de la debacle que significó para los tres partidos, el fracaso en el Estado de México y la victoria que alcanzó el PRI de Manolo Jiménez y Miguel Ángel Riquelme en Coahuila; y se continúan rezagándose para nominar a un candidato, el que sea, que perderá en el 2024.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.