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Desde San Lázaro. Ebrard si estará en la boleta presidencial. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

07 Jun 2023
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Desde San Lázaro. Ebrard si estará en la boleta presidencial. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/m_ebrard

Luego de los resultados en los comicios del Estado de México queda abierto el camino de la sucesión presidencial y con ello vendrá una contienda encarnizada principalmente entre morenistas para buscar suceder a López Obrador.

El llamado de unidad que hizo el presidente López Obrador la noche del lunes,  a sus corcholatas y gobernadores afines, frena momentáneamente los ánimos y la cargada por algún aspirante, sin embargo y ante un destape adelantado que no pasará del mes de septiembre, tanto Claudia Sheinbaum como Marcelo Ebrard apuran el paso para no quedarse atrás.

Cuando Adán Augusto López está perfilado a ser el coordinador parlamentario de los senadores de Morena a partir de septiembre del 2024, está claro que solo se mantienen dos corcholatas en la recta final: Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum.

Dicen el círculo cercano del presidente que la victoria de Delfina Gómez catapultó a la Jefa del Gobierno capitalino hacia la candidatura presidencial y puede ser que tengan razón, empero, si esa fuera la idea del presidente, pues simple y sencillamente y sobre todo, para evitar una escisión en su movimiento, no hubiera celebrado la reunión del lunes para llamar a los asistentes a trabajar por la consolidación de su movimiento político, respetar los tiempos y, sobre todo, a acatar los resultados de  las encuestas.

Si López Obrador ya se hubiera inclinado por Sheinbaum, no tendría caso exponer a Marcelo al escarnio público y menos tentarlo a buscar otra opción política para que aparezca de todos modos en la boleta presidencial.

Aunque percibiendo la perversidad del principal huésped de Palacio Nacional, no le sorprenda que al final del día,  que su consentida, la ex delegada de Tlalpan, se quede con la candidatura de Morena.

Desde este espacio nos arriesgamos a hacer el siguiente vaticinio, luego de ver los movimientos del ajedrecista tabasqueño  en el campo de los oficialistas.

Registre a Claudia Sheinbaum como la corcholata que destapará Morena; por el bloque opositor competirá Santiago Creel y por Movimiento Ciudadano hay dos finalistas; el más visible, Luis Donaldo Colosio Riojas o, agárrese bien, Marcelo Ebrard, quien podría también ser apoyado por el PVEM.

Y no es porque el canciller esté buscando un plan B, ya que a todos lo que quieran escucharlo ha repetido hasta el cansancio que respetará el resultado de las encuestas si están resultan imparciales, sino porque tanto MC de Dante Delgado, como los Verdes, sueñan con un candidato presidencial de lujo como sería Marcelo Ebrard.

Solo será cuestión de tiempo y de muy poco, para descubrir el secreto mejor guardado, en tanto, diremos que el escenario sorpresivo es que la elección se vaya a tercios y en la boleta presidencial podrían estar Sheinbaum y Ebrard por partidos políticos diferentes.

En una prospectiva lógica, se desprende, si no ocurre la salida de Ebrard de las filas de Morena, que los tres candidatos que buscarán la presidencia el próximo año serán  Claudia por Morena, PT y PVEM; Santiago Creel, por el PAN, PRI y PRD; y  Luis Donaldo Colosio por Movimiento Ciudadano y con esta alineación quedará conformada la boleta presidencial.

En una elección a tercios se definirá al elegido por la mayoría de los ciudadanos que le tocará enderezar el rumbo del país por los yerros cometidos por Andrés López Obrador.

Sin importar de qué partido político provenga el próximo mandatario mexicano, no la tendrá fácil, ya que le explotará en las manos una bomba en materia económica por el costo brutal que significó endeudar brutalmente al país y por el incremento de los programas sociales y las pensiones, a la que se suman los apoyos a los adultos mayores por parte del gobierno de la 4T.

El servicio de la deuda y el número creciente de beneficiarios del programa “65 años y más”, ponen a las finanzas públicas en un callejón sin salida y si a ello le agregamos el costo desorbitado en la construcción de la refinería de Dos, Bocas, el Tren Maya y el AIFA, pues en menudo lio estamos.

Las ocurrencias del “patrón” como la compra de las obsoletas plantas eléctricas de Iberdrola o la venta del avión presidencial por debajo de su costo original y más aún la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco que representó una pérdida patrimonial de 300 mil millones de pesos; son solo algunos factores que pusieron a México al borde de la quiebra financiera.

El resquebrajamiento del andamiaje institucional que tantas generaciones de mexicanos construyeron, el tabasqueño lo tiro por la basura y ello, de suyo, tiene un costo social y económico que tardará décadas reconstruir.

Y qué decir de la inseguridad pública y el avance del narcoterrorismo en el país.

A Sheinbaum, Colosio o Creel o tal vez a Marcelo Ebrard, le tocará esta ardua tarea y ojalá, por el bien de todos, se elija al más capaz para recomponer el rumbo.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.