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Desde San Lázaro. Se desboca la sucesión presidencial. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

02 Jun 2023
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Desde San Lázaro. Se desboca la sucesión presidencial. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/

Si de por sí, las corcholatas sin cuidado alguno, llevan a cabo actos anticipados de campaña con recursos públicos y privados, después de los comicios del Estado de México y Coahuila a celebrarse este próximo 4 de junio, serán más descarados, tanto en su presencia pagada en bardas y espectaculares, como en sus eventos proselitistas, sin que las autoridades electorales, sobre todo el INE, haga algo para sancionarlos.

Después de este domingo la sucesión presidencial entrará en una espiral de violencia política en el seno de los partidos políticos y entre ellos, es decir, en el caso de Morena y sus corcholatas se seguirán “agarrando del chongo”, pero con más beligerancia, mientras que en el lado de los aliancistas conformados por el PAN, PRI y PRD, anunciarán, por fin, el método de selección para elegir a su candidato o candidata y a partir de allí, los catorrazos serán más fuertes, en virtud de que cada partido quiere impulsar a uno de los suyos para que los represente en la elección presidencial.

Se espera que en el PAN las cosas no serán un día de campo, al contrario, se darán hasta con la cubeta porque no dejarán pasar a Santiago Creel como candidato y si no me cree estimado lector, pues, pregúntenle a la senadora Lilly Téllez.

Por lo pronto, Marcelo Ebrard ya anunció que dará a conocer el lunes 5 de junio,  un método de selección entre las corcholatas para que no quede lugar a dudas quien es el mejor, además de  preservar la unidad.

Para nadie es un secreto que los resultados en la elección mexiquense determinarán el sentido del voto del presidente López Obrador para elegir al candidato de Morena y rémoras y por ello es de suma importancia monitorear lo que ocurra en las tierras de Alfredo del Mazo.

Está cantado que la elección  del Estado de México se resolverá en tribunales por el cochinero que habrá en el reparto de efectivo el día de la elección y la intervención directa de criminales para inhibir la participación ciudadana en las casillas de votación.

El rebase de los topes de campaña es evidente en ambos frentes; el de Delfina Gómez, con la toma de espectaculares y bardas; presencia en redes sociales, compra de encuestas y por supuesto, el pago de brigadistas que hacen trabajo territorial; por su parte en el cuartel de Alejandra del Moral, no se quedan atrás y aunque han sido más cuidadosos que sus adversarios, lo cierto es que estarían en el límite para no rebasar esa delgada línea que existe entre la legalidad y la ilegalidad.

Hay que recordar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha anulado elecciones por este motivo, el del rebase de los topes de campaña.

Los comicios de la entidad mexiquense no se resolverán con una diferencia de votos de dos dígitos porcentuales y ello, de suyo, implica necesariamente, la exigencia de volver a contar los votos en modo aleatorio en el universo del total de las casillas.

La presencia de simpatizantes el día de la votación  para “conminar” a la gente a votar por determinada candidata, será una constante, por lo que, los observadores electorales y los representantes de los partidos políticos en las casillas,  van a levantar denuncias ante la autoridad electoral estatal.

Al viejo estilo del PRI, los operadores de Morena ya tienen dispuestos los mecanismos para el llenado de urnas con boletas anticipadamente marcadas, así como el resultado en las papeletas en donde se plasman los números finales de la votación por casillas.

Al fin y al cabo, lo relevante es alcanzar los fines, sin importar los medios.

En el caso de Coahuila, pues no hay  duda de que Manolo Jiménez obtendrá una cómoda ventaja de dos dígitos porcentuales y con ello, el PRI, ahora en compañía del PAN y PRD, mantendrá el último bastión que le queda a los tricolores.

La  pésima actuación de AMLO y  de la dirigencia nacional de Morena, léase Mario Delgado, en el proceso de selección de Armando Guadiana que a la postre partió en tres a la coalición conformada por este partido con el PT y el PVEM, le dio el triunfo a Manolo Jiménez, aunque, hay que decirlo, aún unidos no hubieran podido vencer al priista y ello se debe, también,  al buen gobierno que ha llevado a cabo el actual gobernador tricolor de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme.

Este triunfo, paradójicamente, no le representa nada al PRI de Alejandro Moreno, ya que no solo no apoyó a la causa priista en la entidad, sino que estorbó cuando pretendió hacerlo, tal como ha ocurrido también en el Estado de México.

Si Alito se empecina en ser aspirante a la candidatura presidencial por parte del Revolucionario Institucional, pues se fragmentará la alianza con el PAN y el PRD, con  el previsible fracaso.

En la elección presidencial del próximo año tendrá un papel relevante la sociedad activa, tanto en la selección del candidato de oposición, como en la propia  propuesta para llevar a la mesa de las negociaciones a  aspirantes apartidistas emanados de la contundente fuerza de la sociedad civil.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.