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Economía se acelera y sorprende con alza de 2.6% en febrero

23 Abr 2024
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Economía se acelera y sorprende con alza de 2.6% en febrero Imagen tomada de: https://twitter.com/INEGI_INFORMA
  • El avance de la actividad económica se debe a las actividades primarias y de los servicios, que se atribuye además al inicio del ciclo político

La economía mexicana reportó un mayor dinamismo en febrero, impulsada principalmente por el sector servicios, favorecido por un mayor consumo de los hogares, ante un mayor ingreso disponible.

En el segundo mes del año el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció 2.6 por ciento anual, desde 1.0 por ciento en enero y además fue su mejor dato en tres meses, en cifras ajustadas por estacionalidad del INEGI.

En la variación mensual reportó su mayor avance en casi tres años, desde marzo de 2021, al reportar una cifra de 1.4 por ciento, luego de tres meses consecutivos a la baja.

Analistas de Citibanamex destacaron que la actividad económica sorprendió al alza en febrero, y señalaron que el avance mensual superó su pronóstico de 0.6 por ciento.

En cifras originales, el crecimiento anual fue de 4.4 por ciento, muy por arriba del 2.7 por ciento que estimó el consenso de analistas.

“Las cifras de hoy superan todos los pronósticos, pues, pese a que se preveían un menor ritmo de crecimiento económico, se observó una economía resiliente”, señalaron analistas de Monex.

El sector agropecuario creció 5.8 por ciento anual en febrero, los servicios avanzaron 3.2 por ciento, y la industria subió 1.5 por ciento.

Con estos datos, la actividad económica puede ganar cierto impulso por lo menos hasta antes de las elecciones, ya que la llegada de un nuevo gobierno implica un menor dinamismo en el primer año.

“Prevemos que, para el primer semestre, la actividad resulte apoyada por un consumo privado sólido, la construcción de obras públicas, y una economía estadounidense aparentemente más resiliente a lo previsto”, señaló Ve por Más.

Para analistas de Banorte, los servicios fueron los principales contribuyentes a la expansión de la economía durante febrero, apuntando a un escenario positivo.

“Los fundamentales del consumo fueron mixtos, con ganancias en varias cifras del mercado laboral, pero con las remesas débiles en el margen. Sin embargo, el aumento en el ingreso disponible de los hogares fue clave para soportar la mejoría”, agregaron.

De los servicios, el comercio al por mayor tuvo una expansión de 8.3 por ciento anual en febrero; la información en medios masivos de 5.5 por ciento, y en servicios de salud el crecimiento fue de 4.5 por ciento, informó el INEGI.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.