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FMI prevé alzas en la deuda de México

18 Abr 2024
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FMI prevé alzas en la deuda de México Imagen tomada de: https://twitter.com/FMInoticias
  • El organismo estima que la deuda del sector público se ubicará por arriba del 50% como proporción del PIB en los próximos años, a pesar de la disminución en el déficit fiscal

 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que la deuda del sector público mantendrá una trayectoria al alza y se ubicará por arriba del 50 por ciento como proporción del PIB en los próximos años, a pesar de la disminución en el déficit fiscal.

 

Según los pronósticos del organismo, la deuda neta subirá de 47.9 por ciento del PIB en 2023, a 50.3 por ciento en 2024, y alcanzará un nivel de 50.8 por ciento para 2029.

 

En tanto, el desequilibrio fiscal alcanzará este año 5.9 por ciento del PIB, cifra que bajará a 3.0 por ciento en 2025 y se mantendrá en 2.7 por ciento en los siguientes años.

 

El repunte en el déficit se explica por el gasto extraordinario en este año para concluir las obras de infraestructura emblemáticas del actual gobierno, principalmente.

 

Banco Base señaló que las autoridades prevén que la deuda pública subirá a 50.2 por ciento del PIB este año, por encima de lo previamente estimado, manteniéndose en ese mismo nivel para 2025.

 

“Esto último representa un riesgo para la economía mexicana, pues las agencias calificadoras podrían hacer cambios en la perspectiva de la calificación crediticia de la deuda soberana de México”, indicó en un reporte.

 

Ajuste al cinturón

 

Se espera que el gobierno ajuste su presupuesto a partir del próximo año, a tono con menores ingresos, y para disminuir el déficit fiscal.

De un gasto total por 30.3 por ciento en 2024, el organismo estima que baje a 27.1 por ciento en 2025 y que mantenga una trayectoria a la baja, hasta 26.2 por ciento en 2029.

 

Víctor Gómez Ayala, director de analítica de datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), señaló que el siguiente gobierno iniciará con un recorte al gasto público de 580 mil millones de pesos que, comparado con el gasto en las obras insignia, está por debajo.

 

“Dejar de ejecutar gasto en obras prioritarias va a apoyar parte del recorte al gasto público que requiere el gobierno, pero no va a ser todo, también requiere algunos esfuerzos en otras partidas del gasto programable que no tienen que ver directamente con inversión”, dijo.

 

Agregó que dejar de ejecutar gasto en obras prioritarias va a apoyar parte del recorte al gasto público que requiere el gobierno, pero no va a ser todo, también requiere algunos esfuerzos en otras partidas del gasto programable.

 

El subdirector de análisis económico de CIBanco, James Salazar, dijo que el entorno luce complejo porque en el inicio de una nueva administración la actividad económica se frena a la espera de ver cuáles son las primeras medidas del gobierno entrante. “En ese sentido va a ser complicado que pueda lograrse esta consolidación fiscal. Probablemente vamos a observar un deterioro, se podrá bajar algunas métricas de balance, pero no lo suficiente y esto va a generar que los saldos como porcentaje del PIB sigan creciendo”, apuntó.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • FEBRERO 2026

    FUERA JARDINE

    El crédito se agota cuando el equipo pierde identidad y eso es precisamente lo que hoy le ocurre al América. Después de conquistar tres campeonatos de liga consecutivos, el gigante de Coapa atraviesa una etapa que no solo preocupa por los resultados, sino por el funcionamiento gris, predecible y profundamente distante de su historia.

    El ciclo de André Jardine parecía consolidado tras el tricampeonato. Sin embargo, el fútbol es memoria corta y exigencia permanente. Cuando se dirige al club más ganador y mediático del país, la vara siempre está en lo más alto. Hoy, el equipo arrastra la cobija, suma actuaciones deslucidas y exhibe una preocupante falta de reacción desde el banquillo.

    No se trata únicamente de perder partidos; se trata de cómo se pierden. El funcionamiento es espeso, sin profundidad, con una defensa vulnerable y un medio campo que ha perdido dinámica. El planteamiento conservador del técnico brasileño contrasta con la tradición ofensiva que históricamente ha distinguido al América. La institución que construyó su prestigio a partir de la iniciativa, el protagonismo y la contundencia no puede conformarse con esquemas especulativos.

    El empecinamiento en sostener a jugadores que atraviesan bajo nivel competitivo también empieza a pasar factura. La insistencia con Sebastián Cáceres y Kevin Álvarez en el cuadro titular ha generado cuestionamientos crecientes. Errores puntuales, desatenciones y bajo rendimiento han costado puntos valiosos. En un club donde la competencia interna debería ser feroz, la titularidad no puede convertirse en concesión automática.

    Más grave aún es relegar a jóvenes con talento y hambre de trascender. Cuando se deja en la banca a futbolistas como Ramón Juárez —que han mostrado carácter y condiciones— el mensaje interno es contradictorio. El América no puede darse el lujo de desperdiciar frescura y determinación mientras en la cancha se repiten fórmulas agotadas.

    La reciente derrota en el Clásico ante su acérrimo rival, Club Deportivo Guadalajara, fue el golpe más doloroso. No solo por tratarse del partido de mayor carga emocional en el calendario, sino porque evidenció carencias tácticas y anímicas. La afición, que acompañó el proceso del tricampeonato con orgullo y fervor, hoy expresa desencanto. Y en el América, cuando la tribuna duda, el proyecto tiembla.

    Los refuerzos brasileños, promovidos como solución inmediata, no han marcado diferencia sustancial. Apostar por la nacionalidad como criterio de confianza técnica resulta simplista. Lo que el equipo necesita es funcionamiento colectivo, liderazgo en la cancha y claridad estratégica. Nada de eso se resuelve únicamente con fichajes.

    El problema de fondo es la identidad. El América históricamente ha sido sinónimo de grandeza, presión alta, vocación ofensiva y mentalidad arrolladora. Un esquema defensivo, reactivo y temeroso no solo contradice esa prosapia; erosiona la conexión emocional con su afición. El ADN azulcrema no admite medias tintas.

    En el fútbol profesional los ciclos se agotan. La dirigencia debe evaluar con serenidad, pero también con firmeza. El crédito ganado por Club América en la etapa reciente no es un cheque en blanco. La grandeza no se administra; se defiende cada jornada.

    Si el equipo no recupera pronto el funcionamiento y la convicción, la continuidad de Jardine quedará seriamente comprometida. En Coapa no basta con el pasado inmediato. La exigencia es permanente. Y cuando el presente traiciona la historia, la presión se convierte en sentencia.

    La afición ya lo grita en redes y en la tribuna: el América no está para especular ni para resistir. Está para imponer. Si el timonel no puede devolverle ese sello, la institución tendrá que tomar decisiones. Porque en el club más grande del país, el fracaso nunca es opción