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PIB de México ‘libra’ la contracción en arranque de 2024: Crece 0.2% en primer trimestre

30 Abr 2024
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PIB de México ‘libra’ la contracción en arranque de 2024: Crece 0.2% en primer trimestre Imagen tomada de: https://twitter.com/INEGI_INFORMA
  • El Banco Central se reúne la próxima semana donde tendrá que decidir si aplica un nuevo recorte a la tasa de interés, una decisión que podría ayudar a la economía de México

 

La economía de México registró un pequeño crecimiento en el primer trimestre de 2024 comparación con el período de los tres meses anteriores, esto mientras el Banco de México ‘debate’ si es momento de realizar un recorte adicional a la tasa de interés en la reunión de la próxima semana.

 

El Producto Interno Bruto (PIB) de México creció 0.2 por ciento trimestralmente en el período enero-marzo, ligeramente por encima de la estimación de 0.1 por ciento de los economistas encuestados por Bloomberg, según la estimación oportuna del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicada este 30 de abril.

 

Hasta la semana pasada, los datos del Inegi mostraron que la economía podría tener una contracción de 0.1 por ciento debido al lento inicio de año y su recuperación paulatina.

 

Pese a superar la expectativa, el crecimiento trimestral de 0.2 por ciento es el inicio de año más débil para la actividad económica desde la caída de 1.2 por ciento de 2020 por efecto de la pandemia de COVID, según cifras desestacionalizadas.

 

En la comparación anual, la economía de México subió 2 por ciento en el primer trimestre de 2024 en comparación el mismo periodo, pero de 2023, por debajo de la estimación de 2.3 por ciento.

Analistas de Banorte prevén que la actividad económica se mantendrá positiva en el corto plazo, apoyada por diversos factores, pero los riesgos persisten en sectores puntuales, como en las actividades primarias por las sequías en México.

 

“Dentro de la industria seguimos viendo una contribución relevante de la construcción. En los servicios, los fundamentales probablemente se mantendrán fuertes, aunque podríamos ver una moderación en algunos componentes ante la suspensión temporal de la entrega de recursos de los programas sociales”, indicó Banorte.

 

Andrés Abadia, economista en jefe para Latam de Pantheon Macroeconomics, destacó que en general, los datos reflejan la tendencia actual de lento crecimiento económico en México.

 

“El impacto de los factores temporales que impulsaron el crecimiento a principios de 2023 disminuyó en el cuarto y primer trimestre, mientras que las condiciones financieras más estrictas y las condiciones externas menos favorables están ejerciendo presión”, señaló el experto.

 

La segunda economía más grande de América Latina superó las expectativas de los economistas durante gran parte de 2023 antes de que los vientos en contra, incluidas las estrictas condiciones financieras impuestas por el Banxico y el efecto de la fortaleza del peso sobre las remesas, finalmente la desaceleraran.

 

Creció solo 0.1 por ciento en el período octubre-diciembre en comparación con el trimestre anterior, a medida que la actividad manufacturera y de la construcción se contrajo.

 

El crecimiento interno de 3.2 por ciento de 2023 fue impulsado en parte por el gasto gubernamental en programas de bienestar y proyectos de construcción emblemáticos como el Tren Maya o la refinería de Dos Bocas de Pemex. Inversiones de empresas en operaciones para atender a clientes en el vecino del norte de México, un proceso conocido como nearshoring, también dieron un impulso. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha aumentado aún más el gasto antes de las elecciones presidenciales de junio, lo que podría acelerar el crecimiento económico este año.

 

“La actividad mensual repuntó en febrero. Con condiciones sólidas del mercado laboral y una mayor demanda externa, eso indica un repunte del PIB en el segundo trimestre y un crecimiento continuo en 2024″, pronosticó Felipe Hernández, economista para América Latina de Bloomberg Economics, en una nota antes de la publicación de los datos.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • FEBRERO 2026

    FUERA JARDINE

    El crédito se agota cuando el equipo pierde identidad y eso es precisamente lo que hoy le ocurre al América. Después de conquistar tres campeonatos de liga consecutivos, el gigante de Coapa atraviesa una etapa que no solo preocupa por los resultados, sino por el funcionamiento gris, predecible y profundamente distante de su historia.

    El ciclo de André Jardine parecía consolidado tras el tricampeonato. Sin embargo, el fútbol es memoria corta y exigencia permanente. Cuando se dirige al club más ganador y mediático del país, la vara siempre está en lo más alto. Hoy, el equipo arrastra la cobija, suma actuaciones deslucidas y exhibe una preocupante falta de reacción desde el banquillo.

    No se trata únicamente de perder partidos; se trata de cómo se pierden. El funcionamiento es espeso, sin profundidad, con una defensa vulnerable y un medio campo que ha perdido dinámica. El planteamiento conservador del técnico brasileño contrasta con la tradición ofensiva que históricamente ha distinguido al América. La institución que construyó su prestigio a partir de la iniciativa, el protagonismo y la contundencia no puede conformarse con esquemas especulativos.

    El empecinamiento en sostener a jugadores que atraviesan bajo nivel competitivo también empieza a pasar factura. La insistencia con Sebastián Cáceres y Kevin Álvarez en el cuadro titular ha generado cuestionamientos crecientes. Errores puntuales, desatenciones y bajo rendimiento han costado puntos valiosos. En un club donde la competencia interna debería ser feroz, la titularidad no puede convertirse en concesión automática.

    Más grave aún es relegar a jóvenes con talento y hambre de trascender. Cuando se deja en la banca a futbolistas como Ramón Juárez —que han mostrado carácter y condiciones— el mensaje interno es contradictorio. El América no puede darse el lujo de desperdiciar frescura y determinación mientras en la cancha se repiten fórmulas agotadas.

    La reciente derrota en el Clásico ante su acérrimo rival, Club Deportivo Guadalajara, fue el golpe más doloroso. No solo por tratarse del partido de mayor carga emocional en el calendario, sino porque evidenció carencias tácticas y anímicas. La afición, que acompañó el proceso del tricampeonato con orgullo y fervor, hoy expresa desencanto. Y en el América, cuando la tribuna duda, el proyecto tiembla.

    Los refuerzos brasileños, promovidos como solución inmediata, no han marcado diferencia sustancial. Apostar por la nacionalidad como criterio de confianza técnica resulta simplista. Lo que el equipo necesita es funcionamiento colectivo, liderazgo en la cancha y claridad estratégica. Nada de eso se resuelve únicamente con fichajes.

    El problema de fondo es la identidad. El América históricamente ha sido sinónimo de grandeza, presión alta, vocación ofensiva y mentalidad arrolladora. Un esquema defensivo, reactivo y temeroso no solo contradice esa prosapia; erosiona la conexión emocional con su afición. El ADN azulcrema no admite medias tintas.

    En el fútbol profesional los ciclos se agotan. La dirigencia debe evaluar con serenidad, pero también con firmeza. El crédito ganado por Club América en la etapa reciente no es un cheque en blanco. La grandeza no se administra; se defiende cada jornada.

    Si el equipo no recupera pronto el funcionamiento y la convicción, la continuidad de Jardine quedará seriamente comprometida. En Coapa no basta con el pasado inmediato. La exigencia es permanente. Y cuando el presente traiciona la historia, la presión se convierte en sentencia.

    La afición ya lo grita en redes y en la tribuna: el América no está para especular ni para resistir. Está para imponer. Si el timonel no puede devolverle ese sello, la institución tendrá que tomar decisiones. Porque en el club más grande del país, el fracaso nunca es opción