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Reformas en materia de telecomunicaciones no violarán el proceso legislativo

25 Abr 2025
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Reformas en materia de telecomunicaciones no violarán el proceso legislativo Imagen tomada de: https://comunicacionsocial.diputados.gob.mx
  • Se prevé que el Pleno sesione lunes, martes y miércoles de la próxima semana

 

El presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador del Grupo Parlamentario de Morena, diputado Ricardo Monreal Ávila, afirmó que la aprobación de las reformas en materia de telecomunicaciones será de acuerdo con la ley, no se violará el proceso legislativo.

 

Afirmó que las leyes en materia de telecomunicaciones y radiodifusión, la de administración y servicios digitales, y la del escudo nacional, el himno nacional, “son prioritarias para nosotros”.

 

Agregó que en las próximas sesiones se prevé abordar la “miscelánea parlamentaria”, que es –dijo-- el Reglamento de la Permanente, las nuevas funciones de la Contraloría y otras reformas que se van a introducir.

 

Además, mencionó, hay un proceso interno en ciernes para designar al titular del Órgano Interno de la Contraloría del Inegi, porque renunció el que estaba. “Y ya estamos nombrándolo para que no quede mucho tiempo acéfala, la Contraloría del Inegi. Eso tenemos que hacerlo también de aquí al día último”.

 

De igual manera, están las modificaciones al artículo 18 de la Ley del Escudo y el Himno Nacional, que tiene que ver con el reconocimiento a mujeres en las fechas cívicas que se establece en la ley y una más en materia ferroviaria, la cual ya se está trabajando.

 

“Todo esto va a ser la semana que entra. Y la idea que estoy planteando, todavía estoy conversando con los grupos parlamentarios, es que tengamos sesiones lunes, martes y miércoles. Pero también tengo que hablar con todos los coordinadores que están de acuerdo y hacer un calendario de esta semana con lo que probablemente tendremos”.

 

Sostuvo que en “el grupo parlamentario mayoritario decidimos considerar agenda prioritaria las iniciativas que provengan de la Presidenta de la República. Esto no excluye a que se estén dictaminando iniciativas de diputados y diputadas. De hecho, lo estamos haciendo, pero se le está dando prioridad a la agenda de la titular del Ejecutivo”.

 

Indicó que en lo referente a la Ley de Telecomunicaciones el Senado de la República está en proceso de análisis, donde se prevé que hoy tenga reunión de comisiones.

 

Dijo que le enviaron el dictamen por la vía económica, no oficial, sin embargo, señaló que prefiere que concluyan la comisión dictaminadora y el pleno de la colegisladora para “que nosotros hagamos lo propio”.

 

“El Senado quiere aprobarla el lunes, pero sí, la idea es que antes del miércoles, que es día-fecha, límite de tres sesiones, sí estemos en aptitud de aprobarla”.

 

Ricardo Monreal Ávila apuntó que hizo algunas observaciones; “no quiero comentárselas, porque si no pasa, no quiero exhibir tampoco, ni exponer a nadie. Pero hablé con varios senadores y les dije que simplemente había algunas disposiciones que tenían que revisar”.

 

 Enfatizó que respetará a la colegisladora, para que concluyan su procedimiento. “Yo espero que haya reformas y modificaciones a las reformas, que ayuden y que enriquezcan mejor este proyecto en beneficio de la transparencia y de la libertad de expresión sin censura. Eso es lo que yo espero”.

 

No obstante, dijo que esta reforma se puede mejorar. “Ese es mi punto de vista; entonces, no es de claroscuros, es bueno o es malo, yo creo que hay cosas muy buenas en este proyecto y hay otras que se pueden mejorar y esas son las que yo espero que de aquí a las próximas horas se puedan modificar”.

 

“Yo solo soy uno de los 500, pero obviamente ese es un debate que damos al interior del grupo parlamentario cuando llegue la minuta y sea el momento de someterla al Pleno de la Cámara, entonces, se analizará”, puntualizó.

 

Con información de: https://comunicacionsocial.diputados.gob.mx

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.