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A 15 años del incendio en la guardería ABC: Sobrevivientes acusan omisión del Gobierno

06 Jun 2024
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A 15 años del incendio en la guardería ABC: Sobrevivientes acusan omisión del Gobierno Imagen tomada de: https://twitter.com/liderfiscal
  • Las personas que sobrevivieron al incendio de la Guardería ABC acusaron que el Gobierno no les ha apoyado, tampoco el IMSS

 

Padres de los 49 bebés fallecidos y sobrevivientes del incendio de la Guardería ABC acusaron al Gobierno mexicano este miércoles 5 de junio, cuando se cumplen 15 años de la tragedia, de no reconocer a las víctimas pese a que toda su vida padecerán traumas y secuelas.

 

Karla Maritza Gutiérrez tenía tres años cuando ocurrió el incendio en la guardería, subcontratada por el Instituto Mexicano del Seguro Social Social (IMSS), por lo que afirmó que los funcionarios ocultaron el dictamen médico que establece el daño que sufrió en su sistema respiratorio.

 

“Las autoridades dicen que soy una niña expuesta, es decir, que solo estuve en la guardería, no quieren reconocer el daño que me dejó el humo tóxico que respiré, los médicos en Estados Unidos dicen que tengo un pulmón más chiquito que el otro y que es irreversible”, aseguró Gutiérrez a EFE durante una vigilia para recordar el hecho.

 

Su madre, Karla Gastélum, advirtió que aún hay 15 familias en una batalla legal con el Estado mexicano para que reconozca a sus hijos como víctimas del incendio, les brinden atención médica y la reparación integral del daño.

 

“No sé por qué Zoé Robledo, director del IMSS, dice que mi hija es una expuesta, cuando ella estuvo dentro de la Guardería ABC y respiró el humo tóxico, han pasado 15 años y seguimos luchando, es una pena que otros países nos reconozcan y en México oculten los expedientes para ignorarnos”, afirmó.

 

El 5 de junio del 2009 en Hermosillo, capital de Sonora, un incendio que comenzó en una bodega de la Secretaría de Hacienda del Gobierno estatal se propagó hacia la Guardería ABC, subrogada por IMSS.

 

En el incendio fallecieron 25 niñas y 24 niños menores de cinco años, y sobrevivieron más de 70 con quemaduras severas en su cuerpo y más de 39 con afectaciones en su organismo.

 

La guardería tenía las salidas de emergencias bloqueadas e incumplía con las medidas de seguridad, pero nadie está en prisión por su responsabilidad en el incendio y, aunque se han fijado responsabilidades a más de 20 exfuncionarios públicos, muchos han muerto y quienes están vivos no han recibido sentencia.

 

Cris Hiram Aguilar es un sobreviviente fanático de los deportes, pero no puede practicarlos porque su sistema respiratorio quedó afectado.

 

“Tengo asma, un pulmón me funciona al 80 por ciento y el otro al 70 por ciento, debido a tantos medicamentos me salieron úlceras en el estómago, padezco de la vesícula y una enfermedad llamada inmunodeficiencia con predominio de insuficiencia neumococo que afecta mi sistema inmunológico, todo esto me impide hacer esfuerzos físicos”, lamentó.

 

Las familias denunciaron que actualmente hay órdenes de aprehensión, pero las autoridades no las ejecutan, mientras que funcionarios públicos y socios de la Guardería ABC permanecen impunes.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.