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Piden padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa a AMLO que Sheinbaum dé continuidad al caso

04 Jun 2024
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Piden padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa a AMLO que Sheinbaum dé continuidad al caso Imagen tomada de: https://x.com/lopezobrador_
  • Los familiares de los normalistas fueron recibidos por el mandatario en Palacio Nacional, luego de que, pese a protestas, no quiso verlos durante el proceso electoral, porque consideró estaban politizando el caso

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador reanudó este lunes las mesas de diálogo con los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, quienes le solicitaron tender un puente de comunicación con Claudia Sheinbaum Pardo, virtual presidenta electa.

 

Los familiares de los normalistas fueron recibidos por el mandatario en Palacio Nacional, luego de que, pese a protestas, no quiso verlos durante el proceso electoral, porque consideró estaban politizando el caso.

 

“El tercer punto es la exigencia al presidente de una segunda reunión, y que fuera un vínculo para que la próxima presidenta pueda darle seguimiento al tema de Ayotzinapa porque los padres no ven que figuren entre los compromisos que la virtual presidenta hizo en su plataforma de campaña”, comentó Vidulfo Rosales, abogado de los padres, a medios de comunicación al concluir el encuentro.

 

Dicho encuentro quedó acordado para el próximo 3 de julio, pero no se condicionó que esté presente la ganadora de la elección.

 

Con ello, los padres de los 43 estarían dando por hecho que López Obrador no resolverá el caso, el cual fue uno de los 100 compromisos que hizo cuando llegó al gobierno.

 

“No se está presentando ningún avance. De las búsquedas de campo, nos informaron de más de 250 que se han hecho, no tenemos una identificación de los estudiantes, no hay avances sustanciales”.

 

Durante la reunión, los padres también solicitaron al Presidente los 886 folios pendientes sobre el caso que el Ejército no les ha dado, así como avance en extradiciones pendientes, como la de Tomás Zerón, extitular de la Agencia de Investigación Criminal.

 

El abogado refirió que durante el encuentro, el Ejecutivo se dedicó en 70 por ciento a hablar sobre cómo se “obstaculizó la investigación” desde la pasada administración.

 

Además, criticó que los acusó de querer boicotear los actos de campaña de Sheinbaum Pardo “sin darnos la oportunidad de responder… Fue una declaración de protesta, un acto que los padres decidieron”.

 

Ese amago lo hizo precisamente el abogado, cuando el 7 de marzo, algunos de los padres junto con otros normalistas presionaron al Presidente para un encuentro, con una protesta afuera de Palacio Nacional, que derivó en romper la puerta 1 de Palacio Nacional.

 

Después de tres meses en restauración, dicha puerta volvió a ser habilitada el pasado domingo.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.