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Abril fue un mes de mucho dinamismo y resultados para Coahuila: Manolo Destacado

04 May 2026
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Abril fue un mes de mucho dinamismo y resultados para Coahuila: Manolo Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

El gobernador Manolo Jiménez Salinas destacó que Coahuila mantiene un gran dinamismo y echado pa’delante al finalizar abril, mes de mucho trabajo y resultados en todas las regiones del estado.

El Gobernador de Coahuila enumeró algunas de las acciones más importantes que desde su gobierno se han llevado a cabo en todo el estado, siempre teniendo como prioridad impactar de manera positiva en la calidad de vida de las y los coahuilenses.

Comentó que en la región Sureste se sigue avanzando con obras y acciones que mejoran la movilidad y las oportunidades. Recordó que se arrancó la construcción del paso a desnivel Misión Cerritos – Fundadores, y que se entregaron Superbecas Internacionales y estímulos económicos para jóvenes.

También se arrancó el programa “Pa’ las y los deportistas” y se abanderó a la delegación coahuilense rumbo a la Olimpiada Nacional CONADE 2026.

“Además, sostuvimos una reunión en Palacio de Gobierno con el alcalde de Austin, Kirk Watson, fortaleciendo vínculos de cooperación”, dijo.

En Ramos Arizpe, se entregó la rehabilitación del camino a Real del Valle.

Además, en Arteaga se inauguró la Feria Internacional del Libro de Coahuila, impulsando la cultura y el encuentro de las familias alrededor las letras y el deporte.

Manolo Jiménez mencionó que en la Región Laguna, en Torreón, fue inaugurada la exposición militar “La Gran Fuerza de México”, además de arrancar la construcción del Parque Lineal Oriente, un proyecto que mejorará los espacios públicos para las familias.

“En la región Norte, en Piedras Negras arrancamos el programa de Empleo Temporal para mujeres cuidadoras del hogar y personas de difícil colocación. También se llevó a cabo la Asamblea General Ordinaria de la Unión Ganadera Regional, fortaleciendo al sector productivo”, señaló.

Abundó que, en Acuña, se robusteció la Red Estatal de Videointeligencia, reforzando nuestra tecnología en seguridad.

Jiménez Salinas agregó que en la Región Centro–Desierto, en Monclova, arrancaron las “Caravanas ¡Vamos Equipo, Vamos México!”, que están llegando a todas las regiones de Coahuila para fortalecer la convivencia familiar y el ambiente deportivo. Aquí vamos con todo pa’ delante.

En Castaños se entregaron nuevos camiones recolectores de basura, mejorando los servicios públicos. Y en Frontera, se celebró el Día del Niño, compartiendo con las familias.

En la Región Carbonífera, en Múzquiz se inauguró la Expoasis, se cerró el Congreso Juvenil 300 en la Carbonífera y se fortaleció al campo con el arranque del programa de Mejoramiento Genético 2026, además de la premiación del Becerro Gordo.

Además, en Palaú fue colocada la primera piedra del Parque Industrial Kikapús, impulsando inversión y empleo.

“En proyección nacional e internacional, realizamos una gira de trabajo por Washington y participamos en Ciudad de México en el Stellar Autofest, fortaleciendo la presencia de Coahuila y abriendo oportunidades”, mencionó.

Y para cerrar el mes, el Mandatario estatal destacó que se presentaron las Mega Obras Coahuila, un gran proyecto de fortalecimiento carretero para conectar regiones, potenciar comercio y desarrollo, y reforzar la Carretera 57 como el eje logístico que cruza nuestro estado rumbo a Texas.

“Así trabajamos en abril: con coordinación, programas y con mega obras en todas las regiones. Seguiremos consolidando más compromisos cumplidos para nuestro estado. ¡Vamos con todo pa’ delante, a pasos de gigante!”, puntualizó Manolo Jiménez Salinas.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.