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El TEPJF, el IIN-OEA y la AMEA invitan a la 9ª edición del Tribunal Electoral Infantil 2026, “La niñez de México y Latinoamérica tiene la palabra” Destacado

30 Abr 2026
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El TEPJF, el IIN-OEA y la AMEA invitan a la 9ª edición del Tribunal Electoral Infantil 2026, “La niñez de México y Latinoamérica tiene la palabra” Imagen tomada de: https://www.te.gob.mx/

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) junto al Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes de la Organización de Estados Americanos (IIN-OEA) y la Asociación de Magistradas Electorales de las Américas (AMEA) convocan a la novena edición del Tribunal Electoral Infantil (TEI) 2026: “La niñez de México y Latinoamérica tiene la palabra”, a fin de socializar entre la población infantil valores como la igualdad, la democracia y la cultura de la legalidad.

 

El concurso está abierto a niñas y niños de nueve a 12 años, quienes deberán enviar un video de entre uno y tres minutos. La recepción del material estará abierta del 30 de abril al 28 de agosto, para responder qué valores comparte la niñez latinoamericana y cómo se fomentan en la casa, escuela o comunidad; mandar un mensaje a las personas adultas sobre el conocimiento y respeto a los derechos de las infancias y adolescencias; y cómo utilizan las redes sociales y de qué manera consideran que pueden ayudar a construir una sociedad mejor.

 

El certamen, estructurado a partir de las cinco circunscripciones electorales del país, prevé la participación de niñas y niños mexicanos que vivan fuera del país y de otras nacionalidades que radiquen en el territorio nacional. Asimismo, por segundo año serán incluidos tres espacios reservados para las infancias afromexicanas, de pueblos y comunidades originarias y con discapacidad y, por primera vez, será considerado un lugar para una niña o niño de otro país de Latinoamérica.

 

El jurado estará integrado por las y los ganadores de ediciones anteriores, reafirmando el compromiso de que la decisión quede en manos de quienes han protagonizado esta experiencia, sin la intervención de personas adultas. Las niñas y los niños ganadores, además de recibir sesiones de capacitación y asesoría virtuales de personal experto del IIN-OEA, serán parte de la final del concurso, el 30 de octubre, para conformar el TEI 2026 en una sesión que será transmitida en plataformas digitales, recibiendo como reconocimiento un dispositivo electrónico (laptop o tableta) y otras sorpresas.

 

Las bases e información adicional del TEI 2026 se encuentran en el micrositio del Tribunal Electoral infantil, en la siguiente dirección:  https://www.te.gob.mx/TribunalElectoralInfantil/ ¡Te esperamos!

 

Con información de: https://www.te.gob.mx/

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.