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Standard & Poor’s da a Quintana Roo máxima calificación histórica y liderazgo en independencia financiera: Mara Lezama Destacado

30 Abr 2026
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Standard & Poor’s da a Quintana Roo máxima calificación histórica y liderazgo en independencia financiera: Mara Lezama Imagen tomada de: https://cgc.qroo.gob.mx/
  • La entidad se posiciona como la cuarta mejor evaluada y destaca por su solidez fiscal, el manejo responsable de los recursos y un gobierno honesto, transparente y comprometido con el combate a la corrupción 
  • Standard & Poor’s destacó que Quintana Roo es la entidad con mayor independencia financiera a nivel nacional gracias a la eficiencia del gasto público, el crecimiento de ingresos y una autonomía financiera 

Quintana Roo alcanzó la calificación crediticia más alta de su historia al subir de mxAA- a mxAA, de acuerdo con la agencia calificadora internacional Standard & Poor’s (S&P), que además lo ubica como la entidad con mayor independencia financiera a nivel nacional entre los estados evaluados, informó la gobernadora Mara Lezama Espinosa.

 

La titular del Ejecutivo destacó que, en su más reciente informe emitido el 28 de abril, la calificadora internacional también posicionó a Quintana Roo como la cuarta entidad con la mayor calificación crediticia entre los 12 estados que son calificados por S&P, fortaleciendo la percepción de estabilidad y confianza en su manejo financiero, resultado de un gobierno honesto, transparente y que combate la corrupción.

 

El reporte atribuye esta mejora a un cambio estructural en la gestión de las finanzas públicas, caracterizado por la ausencia de contratación de nueva deuda, el control de pasivos con proveedores y niveles de liquidez superiores a los observados en administraciones anteriores, agregó Mara Lezama.

 

Asimismo, S&P destacó el crecimiento sostenido de los ingresos estatales, impulsado por una reforma fiscal aplicada con enfoque social, así como por acciones de fiscalización y un entorno económico favorable, factores que consolidaron la autonomía financiera del estado bajo principios de transparencia y combate a la corrupción.

 

La agencia también subrayó la ejecución de un gasto público con criterios de eficiencia, transparencia y rendición de cuentas, en línea con un modelo de gobierno honesto que prioriza programas sociales de alto beneficio y bienestar para los quintanarroenses, así como el impulso a proyectos de inversión pública orientada al desarrollo económico sostenible.

 

En paralelo, Standard & Poor’s confirmó en nivel mxAAA la calificación de los siete créditos que integran la deuda de largo plazo del estado, la más alta otorgada por la firma, lo que indica una alta capacidad de cumplimiento en sus obligaciones financieras.

 

Este avance en la calificación crediticia refuerza el atractivo de Quintana Roo para la atracción de nuevas inversiones nacionales e internacionales, al proyectar un entorno de solidez, estabilidad, disciplina fiscal y certeza institucional basada en prácticas transparentes.

 

Esta mejora en la calificación no solo representa un logro financiero, sino que es una afirmación del manejo adecuado, honesto y transparente de la hacienda estatal, así como del compromiso permanente de combatir la corrupción, lo que genera la capacidad institucional de continuar brindando beneficios directos y tangibles para la población quintanarroense, puntualizó la gobernadora de Quintana Roo.

 

Con información de: https://cgc.qroo.gob.mx/

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.