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Desde San Lázaro. Cuando la culpa viaja sola. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

29 Ene 2026
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Desde San Lázaro. Cuando la culpa viaja sola. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

El dictamen emitido por la Fiscalía General de la República (FGR), de Ernestina Godoy, sobre el percance fatal del tren interoceánico no solo busca ofrecer una explicación técnica de lo ocurrido; también se inscribe en un contexto político que inevitablemente acompaña al inicio del nuevo gobierno. La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una disyuntiva que, de acuerdo con diversos analistas, marcará buena parte de su sexenio: establecer una distancia clara respecto del legado de Andrés Manuel López Obrador o mantener una línea de continuidad que preserve las decisiones, narrativas y prioridades del sexenio anterior. Hasta ahora, los indicios públicos sugieren que ha optado por esta última vía, asumiendo costos políticos derivados de decisiones que no fueron tomadas bajo su administración.

La resolución de la FGR es ilustrativa de este momento. Según el dictamen oficial, el accidente se debió a la imprudencia del conductor, quien presuntamente circulaba a exceso de velocidad. Con esa conclusión, la investigación coloca el énfasis en un factor humano individual y da por cerrado el análisis de las causas inmediatas del siniestro. Se trata de una explicación válida dentro de sus propios términos, pero limitada si se le observa desde una perspectiva sistémica.

El transporte ferroviario opera como un sistema complejo en el que intervienen múltiples variables: infraestructura, mantenimiento, materiales, supervisión técnica y protocolos de operación. Por ello, especialistas en ingeniería ferroviaria suelen advertir que los accidentes rara vez responden a una sola causa. En ese sentido, resulta relevante que el dictamen no profundice en otros factores que han sido señalados públicamente en distintos momentos del desarrollo del proyecto interoceánico.

Uno de ellos es la calidad del balastro, elemento fundamental para la estabilidad de las vías férreas. Diversos informes técnicos y observaciones de especialistas han subrayado que un balastro inadecuado —ya sea por el tipo de material, su compactación, su mantenimiento y calidad— puede incrementar el riesgo de descarrilamiento, particularmente en tramos donde se incrementa la velocidad de operación. El documento de la Fiscalía, sin embargo, no incorpora un análisis detallado sobre este punto.

Algo similar ocurre con el estado de los rieles y la infraestructura asociada. En proyectos ferroviarios de gran escala, la alineación, el desgaste del material y las condiciones del terreno son variables críticas que suelen formar parte de cualquier investigación exhaustiva. En el caso que nos ocupa, estos elementos aparecen, en el mejor de los casos, de manera tangencial o simplemente no forman parte de las conclusiones públicas del dictamen.

También destaca la ausencia de una evaluación sobre la antigüedad y el historial de mantenimiento del material rodante. Es un hecho documentado que parte de los trenes utilizados en la ruta interoceánica provienen de procesos de rehabilitación y reconversión de equipos con años de servicio previo. En sí mismo, esto no constituye una irregularidad, pero sí un factor que, en otros contextos, suele ser considerado dentro de los análisis de riesgo operacional.

La justificación centrada casi exclusivamente en la conducta del conductor no es inédita en la administración pública. Históricamente, los accidentes asociados a obras emblemáticas suelen resolverse mediante la individualización de responsabilidades, lo que permite acotar el alcance político de las investigaciones y evitar revisiones más amplias sobre decisiones de diseño, ejecución o supervisión. No se trata de afirmar una intención específica, sino de reconocer un patrón observable.

Para la actual administración, esta estrategia implica una tensión adicional. Cada resolución que privilegia la continuidad narrativa refuerza la percepción de que el relevo presidencial no ha significado, al menos hasta ahora, un replanteamiento profundo de las decisiones heredadas. La presidenta ejerce el poder formal, pero lo hace dentro de márgenes políticos claramente definidos por Andrés Manuel López Obrador.

Desde el punto de vista de la política pública, el enfoque elegido tiene consecuencias prácticas. Si la causa del accidente se limita a un exceso de velocidad, las medidas correctivas se reducen a exhortos y ajustes operativos. Si, por el contrario, se reconocen posibles fallas estructurales, el Estado estaría obligado a realizar auditorías técnicas independientes, revisiones contractuales y eventuales correcciones de fondo. La diferencia entre ambos escenarios no es menor.

Finalmente, el caso vuelve a colocar en el debate público la percepción de autonomía de la FGR. Aunque se trata de un órgano constitucionalmente independiente, sus dictámenes en asuntos de alto impacto suelen ser evaluados no solo por su solidez jurídica, sino por sus implicaciones políticas. La confianza institucional depende, en buena medida, de que las investigaciones no dejen la impresión de conclusiones predeterminadas.

Los trenes, como cualquier sistema complejo, no fallan por una sola razón. Cuando una explicación oficial omite variables relevantes, el riesgo no desaparece: se pospone. Y mientras las causas estructurales no formen parte del diagnóstico público, la posibilidad de que los errores se repitan seguirá latente, tanto en los rieles del Istmo como en la relación entre poder y rendición de cuentas.

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El apunte del director

  • Mayo 2026

    América: entre el arbitraje y la terquedad de Jardine, las Águilas exigen una renovación total

    El Club América atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Lo que hace apenas unos meses parecía el inicio de una era dominante, hoy se ha convertido en una etapa de frustración, desgaste y decisiones equivocadas. Entre un arbitraje -CESAR ARTURO RAMOS PALAZUELOS y el VAR- que volvió a perjudicar al equipo en momentos determinantes y la evidente falta de autocrítica de André Jardine, las Águilas acumulan otro fracaso que obliga a una profunda reconstrucción.

    El crédito del entrenador brasileño se ha agotado.

    Nadie puede negar que Jardine escribió páginas doradas con el tricampeonato, una hazaña que quedará para siempre en la historia azulcrema. Sin embargo, en el futbol el pasado no garantiza el futuro. El técnico se ha aferrado a fórmulas desgastadas, ha insistido en jugadores que ya no marcan diferencia y ha mostrado poca capacidad para reinventar al equipo en los momentos de mayor exigencia.

    Durante el último año, el América ha sufrido golpes que contrastan con la grandeza de la institución. La eliminación en la CONCACAF Champions Cup, la pérdida de protagonismo en la Liga MX y el descenso en el nivel colectivo confirman que el plantel ha entrado en una peligrosa zona de confort.

    A ello se suman decisiones arbitrales sumamente cuestionables, marcaciones polémicas y criterios inconsistentes que terminaron inclinando partidos importantes. Pero sería un error reducir el fracaso únicamente al silbante. El verdadero problema está dentro del vestidor y en el banquillo.

    Jardine perdió el control del proyecto

    El América dejó de ser ese equipo agresivo, dinámico y contundente que asfixiaba a sus rivales. Hoy luce predecible, lento y sin variantes ofensivas. El técnico parece incapaz de modificar el rumbo cuando los encuentros se complican.

    Sus cambios suelen llegar tarde, la lectura táctica es limitada y la confianza en ciertos jugadores parece obedecer más a la terquedad que al rendimiento. Cuando un entrenador deja de tomar decisiones con base en el presente, el ciclo inevitablemente entra en decadencia.

    El club no puede seguir viviendo de la nostalgia del tricampeonato. La exigencia del América obliga a competir y ganar siempre.

    Los extranjeros que deben salir

    La directiva encabezada por Emilio Azcárraga Jean debe emprender una depuración profunda del plantel. La base actual ha mostrado claros signos de agotamiento.

    La reestructuración debe comenzar con los jugadores extranjeros que no justifican su permanencia. Salvo dos excepciones, el resto ha quedado a deber.

    Brian Rodríguez

    Es uno de los pocos elementos desequilibrantes. Su velocidad, capacidad de desborde y generación de peligro lo convierten en una pieza valiosa para el futuro.

    Alejandro Zendejas

    Aunque ha tenido altibajos, mantiene intensidad, compromiso y una productividad ofensiva superior al promedio.

    Otros futbolistas que durante mucho tiempo fueron considerados fundamentales han disminuido notablemente su nivel. Algunos están lejos de su mejor versión física; otros simplemente ya no aportan lo necesario para sostener un proyecto ganador.

    Los tres brasileños, que ni mencionar sus nombres, resultaron un verdadero fracaso.

    El América necesita hambre, competencia interna y jugadores comprometidos con recuperar la hegemonía. El prestigio no puede ser garantía de titularidad.

    Es una lástima que Henry Martí tenga que terminar su ciclo en el campeonísimo de una forma lastimosa y no solo hablamos del penal que fallo ante Pumas que significaba el pase a semifinales, sino por el cúmulo de lesiones que arrastra y que no podrá recuperarse.

    Refuerzos con jerarquía y hambre de triunfo

    La institución debe aprovechar el próximo mercado para incorporar futbolistas de alto nivel, con personalidad y capacidad para marcar diferencia inmediata. No se trata de contratar por nombre, sino de reclutar elementos con ambición y carácter.

    Las Águilas necesitan:

    3 delanteros contundentes.

    1 mediocampista con creatividad.

    2 defensas centrales con liderazgo.

    3 Laterales con mayor profundidad.

    ¿Continuidad o cambio en el banquillo?

    La gran interrogante es si Jardine debe continuar.

    El reconocimiento por sus títulos es incuestionable, pero el presente exige decisiones frías. Si la directiva concluye que el entrenador ya no puede renovar al equipo ni recuperar la intensidad competitiva, entonces el relevo debe concretarse de inmediato.

    En el América no hay espacio para procesos sostenidos únicamente por gratitud.

    La afición ya no tolera más fracasos

    La afición azulcrema es la más exigente del país. Acostumbrada a títulos y protagonismo, no acepta excusas. El arbitraje pudo influir, pero no explica la falta de funcionamiento, la escasa reacción y la pérdida de identidad.

    El descontento es creciente y la paciencia se agota.

    Se acabó el tiempo de las contemplaciones

    El América enfrenta compromisos de máxima exigencia en los próximos meses y necesita presentarse con una imagen renovada. La plantilla requiere una sacudida profunda y la dirección técnica debe demostrar, de manera inmediata, que todavía tiene capacidad para liderar un proyecto ganador.

    Si no hay cambios de fondo, el equipo seguirá acumulando decepciones.

    Porque en el América, el pasado se respeta, pero el presente manda. Y hoy, entre decisiones arbitrales polémicas y los errores de André Jardine, queda claro que las Águilas necesitan una purga total para volver a volar hacia lo más alto del futbol mexicano.