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El SNTE llama a fortalecer la unidad para consolidar los avances nacionales Destacado

26 Nov 2025
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El SNTE llama a fortalecer la unidad para consolidar los avances nacionales Imagen tomada de: https://snte.org.mx/blog/comunicado-63-2025/
  • El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) respalda el llamado de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a la unidad nacional

El secretario general de Sindicato, Alfonso Cepeda Salas, convocó a la comunidad escolar a sumarse y a que todos contribuyan con la labor que les corresponde de manera comprometida y profesional, como lo hacen las maestras y los maestros. Subrayó que, cuando cada persona asume plenamente sus responsabilidades, el país avanza de manera sostenida. 

Admitió que México aún enfrenta retos importantes, entre ellos la seguridad; sin embargo, existen logros significativos que deben ser valorados y comunicados con claridad. Enfatizó que esta transformación sólo podrá consolidarse si sociedad y autoridades trabajan de la mano. “Es tiempo de unidad, no nada más unidad entre el magisterio y en este Sindicato, es tiempo de unidad nacional”.

Cepeda Salas destacó el reconocimiento que esta semana hizo la Presidenta Sheinbaum Pardo al magisterio, al afirmar que “es de lo mejor que tiene este país”.  Dijo que coincide con la mandataria porque, además de los temas académicos, los docentes contribuyen a la formación de ciudadanos responsables, con valores, sentido comunitario y compromiso; labor que refuerza el tejido social y es clave para construir un país con mejores oportunidades para todos.

El líder del SNTE participó en la inauguración del XI Pleno Extraordinario de la Sección 23, en Puebla, presidido por el profesor Francisco González Mena, coordinador del Colegiado Nacional de Negociación.

En la reunión, en la que se aprobaron los informes de actividades y finanzas, el secretario general de la Sección, profesor José Luis González Morales, agradeció al maestro Alfonso Cepeda, “por su liderazgo, su respaldo permanente a esta Sección y por impulsar una agenda nacional que fortalece los derechos laborales, la seguridad social y la profesionalización del magisterio”.

Resaltó la disposición del gobernador Alejandro Armenta Mier para generar beneficios a maestros y comunidades escolares en la entidad.

A la ceremonia acudió el secretario de Educación Pública de Puebla, Manuel Viveros Narciso, en representación del gobernador, Armenta Mier. Por el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE estuvieron los profesores Rosa María Hernández Madero, integrante del Colegiado Nacional de Finanzas, y José Luis Pérez Márquez, del Colegiado Nacional de Asuntos Laborales.

Posteriormente, el también senador Cepeda Salas colocó la primera piedra para la rehabilitación del Centro Recreativo, Deportivo y Cultural de la Sección 51, que contará entre sus instalaciones con una alberca semiolímpica techada y entregó 5 mil ejemplares de la Cartilla de Derechos de las Mujeres.

En su intervención, el profesor Alfredo Gómez Palacios, secretario general de la Sección, hizo hincapié en la labor del SNTE para mejorar la calidad de vida de sus agremiados, bajo la conducción del maestro Alfonso Cepeda.

“Hoy su liderazgo y su presencia en el Senado nos permiten confiar en que las políticas nacionales seguirán avanzando hacia la justicia, la dignidad y el reconocimiento del magisterio. Su presencia aquí maestro nos impulsa a seguir trabajando por más y mejores espacios, más bienestar y más futuro para todas y todos. Gracias por fortalecer nuestra unidad”.

En las actividades realizadas en la entidad, acompañaron al dirigente nacional los profesores Mario Hernández Sánchez y Severo Bautista Osorio, representantes del Comité Ejecutivo Nacional en las secciones 23 y 51, respectivamente.

Con información de: https://snte.org.mx/blog/comunicado-63-2025/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.