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Mara Lezama exhorta a reforzar valores y protección en sesión de la Mesa de Seguridad y Justicia para Mujeres, Niñas, Niños y Adolescentes Destacado

26 Nov 2025
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Mara Lezama exhorta a reforzar valores y protección en sesión de la Mesa de Seguridad y Justicia para Mujeres, Niñas, Niños y Adolescentes Imagen tomada de: https://qroo.gob.mx/
  • Destaca que en Quintana Roo se fortalecen las acciones por mujeres y menores: “La paz se construye desde los hogares”, afirma la Gobernadora

Cancún.- Durante la última sesión de este año de la Mesa de Seguridad y Justicia para Mujeres, Niñas, Niños y Adolescentes, la gobernadora Mara Lezama Espinosa agradeció todo el esfuerzo de co-creación de sus integrantes, a quienes exhortó a seguir trabajando con la misma intensidad.

“Hay un largo camino por andar, pero debemos atender de manera puntual lo que hace falta, como trabajar en valores en el lenguaje de la niñez, en tener papás presentes, en acciones para fortalecer la relación padres e hijos, pues la base de todo es la familia” expresó la Gobernadora.

Con la presencia de la titular del Ejecutivo, acompañada de la presidenta honoraria del Sistema DIF Quintana Roo, Verónica Lezama, los integrantes dieron a conocer los avances en los diversos temas programados para esta sesión.

Luego de escuchar a todos, Mara Lezama insistió en que la atención de la niñez, de hacer conciencia sobre lo que las y los niños consumen por internet, en lo que juegan. “La paz se construye desde los hogares, con voluntad, con muchos valores, con escuchar y no juzgar”, aseveró.

La presidenta municipal de Benito Juárez, Ana Paty Peralta de la Peña, destacó que la agenda está apegada a cuidar a las niñas y los niños, por lo que están creando una red de impulsores para escucharlos, apoyan a mujeres emprendedoras con talleres de capacitación, entre otras acciones.

Por su parte, el magistrado Heyden Cebada Rivas, presidente del Tribunal Superior de Justicia informó que la Universidad Judicial tiene enfoque de derechos humanos y el Poder Judicial cuenta con una unidad de perspectiva de género.

Reiteró que desde el año 2024 Quintana Roo cuenta con un juzgado de adopciones en Chetumal y se trabaja para tener instalaciones en la zona norte.

El secretario de Seguridad Ciudadana, Julio César Gómez Torres, afirmó que el Cereso de Cancún tendrá una ludoteca con personal capacitado para atender a los hijos de mujeres internas, los que están con ellas.

Las y los integrantes de las Comisiones de trabajo dieron a conocer reportes de avances.

Entre otras personas, estuvieron en esta sesión Elibenia Pineda, fundadora de la Mesa de Seguridad y Justicia para Mujeres, Niñas, Niños y Adolescentes, quien destacó que esta mesa cumple 6 años de fundada, que ha sido ejemplo para otros estados, porque en Quintana Roo lo que se hace se hace bien y se trabaja con sentido social.

Además, la secretaria de Gobierno, Cristina Torres Gómez; el secretario de Salud, Flavio Carlos Rosado, las integrantes Mónica Franco, Alicia Ruiz, Lidia Paredes, Edgar Ordóñez, Óscar Guzmán, Miguel Medina, María Urbina, Liliam Negrete, Virgina Cabrera, Alfredo Barragán, Omega Ponce, Norma Negrete y Francisco Traconis.

Con información de: https://qroo.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.