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Quintana Roo, primer estado en el país en implementar el Informe Policial Móvil, fortaleciendo el combate a la corrupción Destacado

03 Nov 2025
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Quintana Roo, primer estado en el país en implementar el Informe Policial Móvil, fortaleciendo el combate a la corrupción Imagen tomada de: https://cgc.qroo.gob.mx/
  • Una herramienta que permite estar conectados al registro nacional de detenciones y a la Plataforma México 
  • Se reduce a una hora la elaboración del informe cuando antes eran 24 hrs, además de que se fortalece el combate a la corrupción

 

Quintana Roo se convirtió en el primer estado del país en poner en marcha el Informe Policial Homologado (IPH) Móvil, una herramienta digital que moderniza el trabajo policial y fortalece la seguridad ciudadana mediante el uso de tecnología e interoperabilidad entre los tres órdenes de gobierno.

 

La gobernadora Mara Lezama Espinosa encabezó la presentación oficial del nuevo sistema, que permitirá a las y los elementos de seguridad registrar sus actuaciones en campo de manera más ágil y precisa, desde una tableta electrónica, en los 11 municipios del estado.

 

Asimismo, destacó que esta herramienta representa “tomarnos de la mano con la política pública de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y de esta manera Quintana Roo se convierte en el primer estado en estar conectado al sistema nacional de registro de detenciones y Plataforma México”.

 

La Gobernadora agregó que nos da la oportunidad de seguir fortaleciendo acciones de transparencia, combate a la corrupción y la modernización o digitalización.

 

A través de un vídeo la secretaria Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Marcela Figueroa Franco, destacó su reconocimiento a la gobernadora Mara Lezama por el trabajo que realiza para la construcción de paz en Quintana Roo que se refleja en una reducción de un 68% en homicidios.

 

Durante la presentación, el secretario de Seguridad Ciudadana, Julio César Gómez Torres, explicó que el IPH Móvil es una herramienta digital que simplifica y agiliza el registro de actuaciones policiales, garantiza el debido proceso y mejora la calidad de la información para la inteligencia y la seguridad. 400 elementos ya están capacitados para el uso de esta tecnología.

 

Informó que anteriormente la elaboración de un informe podía tardar hasta 24 horas, mientras que con esta nueva tecnología el tiempo se reduce a aproximadamente una hora, “evitando retrasos, fortaleciendo el cumplimiento de la ley y combatiendo la corrupción”, puntualizó.

 

Por su parte, Adrián Martínez Ortega, subrayó que la plataforma, desarrollada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Ciudadana para optimizar el trabajo operativo e impulsada por el Sistema Nacional, permite agregar fotografías, videos y ubicación geográfica, lo que refuerza la transparencia y genera información confiable para la toma de decisiones.

 

Al respecto, la gobernadora Mara Lezama aseveró que “para quienes formamos parte de la Cuarta Transformación, combatir la corrupción y la impunidad es una convicción profunda”.

 

Agradeció la presencia de las y los presidentes municipales, de las fuerzas armadas, que refleja la importancia y dedicación que juntas y juntos le ponen a la construcción de paz para mejorar la calidad de vida de los seres humanos con el respaldo de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

 

El sistema conecta a los 11 municipios con el gobierno estatal y la federación, enlazándose directamente con Plataforma México, lo que coloca a Quintana Roo a la vanguardia nacional en modernización policial, aseveró la Gobernadora.

 

Entre sus beneficios destacan la mejora en la respuesta a emergencias, la optimización de patrullajes, la coordinación en tiempo real entre autoridades y la posibilidad de generar informes directamente desde el lugar de los hechos.

 

Mara Lezama enfatizó que la implementación del IPH Móvil forma parte del proceso de profesionalización de las corporaciones policiales del estado. “Estamos construyendo una policía moderna, preparada, honesta y cercana a la ciudadanía”, aseguró.

 

Finalmente, reiteró que este avance se enmarca en el Nuevo Acuerdo por el Bienestar y Desarrollo de Quintana Roo, cuyo objetivo es garantizar la paz, la justicia y la seguridad en beneficio de las y los quintanarroenses.

 

“Nuestra fortaleza está en que juntas y juntos estamos construyendo un Quintana Roo fuerte y en paz”, concluyó la Gobernadora.

 

Participaron en esta presentación la secretaria de Gobierno, Cristina Torres Gómez; el titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Ciudadana, Adrián Martínez Ortega; el secretario de Seguridad Ciudadana, Julio César Gómez Torres; el Fiscal General Raciel López Salazar; las presidentas y presidentes municipales Ana Paty Peralta de la Peña, de Benito Juárez; Blanca Merari Tziu, de Puerto Morelos; Erick Borges Yam, de José María Morelos; Nivardo Mena Villanueva, de Lázaro Cárdenas; el diputado Alberto Batún Chulim; el comandante de la 34 Zona Militar, General Fidel Mondragón Rivero; el Almirante Juan José Bernal Pérez, comandante de la V Zona Naval.

 

Con información de: https://cgc.qroo.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.