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Octubre un mes de grandes avances y tradiciones: Manolo Destacado

03 Nov 2025
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Octubre un mes de grandes avances y tradiciones: Manolo Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

En Coahuila, el gobernador Manolo Jiménez Salinas y el equipo de trabajo del Gobierno del Estado trabajan día con día detonando obras, proyectos y programas en todas las regiones de la entidad con la finalidad de impactar de manera positiva en la calidad de vida de nuestras familias.

“Octubre fue un mes lleno de trabajo, tradición vaquera y grandes avances para nuestro estado”, mencionó Manolo Jiménez, al detallar las acciones que se llevaron a cabo en este mes, mismas con Las que se sigue consolidando a Coahuila como uno de los mejores estados para vivir.

El Mandatario estatal recordó que en la región Laguna, en Torreón se inauguró la planta Norcast, además, se avanza con la pavimentación de la colonia Tierra y Libertad, se entregaron nuevas patrullas para reforzar la seguridad, y se arrancaron Obras Sociales a Pasos de Gigante junto al Programa Estatal Alimentario, en Matamoros.

Agregó que, en la región Norte, en Acuña se puso en marcha el gran Programa de Industrialización de la Carne, para impulsar la ganadería y el desarrollo económico de la región.

En Piedras Negras, se entregaron mil aparatos funcionales para mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad en todo el estado.

“En la región Carbonífera, en Múzquiz, inauguramos el bulevar Callejón de los Guerra y llevamos a Palaú la Brigada Estar Bien, de Inspira Coahuila, enfocada en el cuidado de la salud de la mujer”, mencionó.

Jiménez Salinas destacó que también sostuvieron una reunión con la CFE, la Secretaría de Energía y productores de carbón, junto a los alcaldes y alcaldesas de la región, para fortalecer el desarrollo e impulsar más empleos para las familias.

De la misma manera, en la región Centro, en Monclova se colocó la primera piedra de la planta Doosung Tech, y en Frontera se entregó un paso a inferior y par vial, mejorando la movilidad y la competitividad industrial de la región.

Manolo Jiménez comentó que, en la región Sureste, se vivió el mejor rodeo de México, en Saltillo, un evento que reunió a más de 80 mil asistentes y que rompió récord de participación, consolidándose como el mejor rodeo de todo México.

“Un fin de semana que llenó de orgullo, música y tradición vaquera a miles de familias coahuilenses”, expresó.

Además, en Saltillo se celebró la graduación de mujeres de Prepa Abierta y la entrega de becas universitarias del programa Mujeres Echadas Pa’ Delante; y la empresa Stellantis realizó el lanzamiento del nuevo portafolio RAM, reflejando la confianza empresarial en Coahuila.

 

También, cientos de coahuilenses disfrutaron del concierto internacional de Elīna Garanca, que llevó la ópera y la cultura al corazón de la capital coahuilense.

Por su parte, en Ramos Arizpe se inauguró el nuevo Centro de Control y Comando C2, reforzando la seguridad de la región y del estado.

“En Arteaga realizamos el Encuentro Estatal de Salud Mental; y en General Cepeda, dimos inicio a obras de pavimentación en los ejidos, fortaleciendo la conectividad rural”, señaló.

Manolo Jiménez mencionó que, a nivel internacional, se impulsó la proyección de Coahuila con la gira en Austin, Texas, donde tuvo reuniones con empresarios. También participó en el North Capital Forum, en la Ciudad de México, fortaleciendo alianzas para el desarrollo económico del estado.

“En Coahuila, trabajando en equipo cumplimos con hechos; ¡Vamos con todo, para que nuestro estado siga pa’ delante a pasos de gigante!”, puntualizó el gobernador de Coahuila.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.