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Desde San Lázaro. El toque personal de Sheinbaum. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

17 Sep 2025
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Desde San Lázaro. El toque personal de Sheinbaum. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

En la capital de los baches; pan y circo; y en diversas ciudades de México, cancelación de la ceremonia del grito  por la inseguridad y violencia; el saldo, un grito de independencia con los matices impuestos por la mujer presidenta.

Pocas cosas puede hacer con autonomía de su mentor, la doctora Sheinbaum y ese fue el caso de manejar una serie de nuevas arengas en el grito libertario, en donde predominó el reconocimiento pleno a las mujeres y por otro lado, soltar las bravatas que se escuchen al norte del Rio Bravo  al ratificar el respeto a la soberanía, todo ello enmarcado en una ceremonia festiva, tanto adentro como afuera de Palacio Nacional.

Con el rostro desencajado por la emoción y los nervios, la mandataria contagió a su esposo de la emoción, a grado tal que se le salieron las lágrimas ante lo emocionante de una ceremonia que, per se, es la que llena de más júbilo a los mexicanos, aunque eso no puede decirse en otras ciudades del territorio nacional, ubicadas en diversas entidades como  en  Sinaloa, Oaxaca, Veracruz, Guerrero, Zacatecas, Estado de México, Michoacán, Chiapas y Tabasco, entre otras poblaciones que se quedaron con las ganas de celebrar la independencia, por culpa de la violencia y la inseguridad que prevalece por esos lares y que contrasta con el México irreal que se construye en las mañaneras con las cifras alegres que se reportan en materia de seguridad pública.

El toque feminista que lucha por la igualdad de género se plasmó en 8 de las 20 arengas que lanzó la mandataria  desde el balcón principal de Palacio Nacional, 12 de ellas para mujeres que han construido el México actual y las restantes fueron para heroínas anónimas, mujeres indígenas y hermanas migrantes.

Ya en la parada militar del 16 de septiembre se decidió, por fin, tener representantes de los Tres Poderes de la Unión, en particular del Legislativo, cuyo representante de la Cámara Baja, fue nada más ni nada menos que la panista Kenia Álvarez, quien mostró el respeto institucional y júbilo por el guiño de la presidenta de la República a la pluralidad política. Ojalá que este gesto se extienda a otros ejercicios políticos, como la inclusión de la oposición al debate nacional en torno a la reforma electoral y por supuesto a la discusión y aprobación del Paquete Económico 2026.

Diremos que el toque feminista de la doctora a su gestión es otra señal que contrasta con lo realizado con AMLO, quien no peló a la oposición en sus seis años de gobierno y menos a la causa feminista. Tan solo vitoreaba al  movimiento de la Cuarta Transformación al que la presidenta Sheinbaum no peló, por lo menos en las 20 arengas que disparó en el zócalo capitalino.

Pasadas las fiestas patrias regresamos a la cotidianidad impregnada por la corrupción y la participación en el huchicoleo de funcionarios de alto nivel del oficialismo y en donde se requiere un golpe de timón para limpiar las casa de delincuentes de cuello blanco y quitarse el estigma de debilidad y temor que le cuelgan a la presidenta desde la Casa Blanca en Washington.

Otro toque distintivo de la forma de gobernar de la Jefa del Ejecutivo Federal es precisamente en el tema de la seguridad pública con dejar de lado la estrategia de Abrazos, no balazos, para dar paso a enfrentar a los criminales con la fuerza de la ley (léase de Omar García Harfuch y milicia que lo acompaña).

Con apenas casi un año en el cargo, ya sea por voluntad propia o por presión de la bota gringa, lo cierto es que la nueva administración está dando resultados positivos en materia de seguridad pública y en combate a la corrupción.

Veremos qué tan cierto es esto último, sobre todo, cuando esos políticos de la 4T sin escrúpulos sean llevados ante los tribunales compuestos por puros juzgadores sometidos a los designios de la presidenta de la República.

Desde luego, estos pincelazos que ha trazado Sheinbaum sobre el lienzo sangriento del territorio nacional, se debe, en buena medida, por la presión de su contraparte norteamericana de eliminar a los narcoterroristas en aras de preservar la seguridad nacional de aquel país.

En este contexto, se prevé que vendrán más visitas de funcionarios norteamericanos a México para exigir que el gobierno mexicano cumpla con su responsabilidad de reestablecer la seguridad y revertir la violencia que azota buena parte del territorio nacional.

Está visto que, con el caso del huachicoleo, no hay vuelta atrás para perseguir a esos personajes que pertenecen al cártel cuatrotero y que en mucho demeritan a ese movimiento que, por lo que se aprecia hasta ahora, resultó ser una farsa,   tanto por el escandaloso nivel de corrupción que prevalece en altas esferas del gobierno, como por su colusión con los cárteles de la droga, en aras de mantener el poder al costo que sea.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.