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Desde San Lázaro. Privilegios para funcionarios del ISSSTE y sus familiares. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

17 Nov 2023
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Desde San Lázaro. Privilegios para funcionarios del ISSSTE y sus familiares. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/ISSSTE_mx

El resquebrajamiento del sector de salud pública con la desaparición del Seguro Popular para dar paso al Insabi y luego “aniquilarlo” por inoperante, burocrático y por tratarse de un monumento a la corrupción y la opacidad, es tan solo un reflejo de lo que ocurre en el IMSS y en ISSSTE, que han sido rebasadas ambas instituciones  por la demanda y  escasez de presupuesto, además, como un mal endémico, la campeante corrupción que, como cascada, se da de arriba hacia abajo.

La desatención, negligencia y/o encubrimiento de parte del director general del  Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Pedro Zenteno Santaella, han hecho que diversos problemas en la red de hospitales de dicha dependencia se agraven y eso se demuestra con el aumento de quejas del personal de las batas blancas y las cofias, quienes al no encontrar respuesta o ni siquiera ser escuchados por sus autoridades, han trasladado sus demandas a las oficinas de Palacio Nacional en busca de sanciones y acciones correctivas ante anomalías denunciadas con oportunidad, como las que suceden en el otrora prestigiado nosocomio “20 de Noviembre”.

Las quejas en el Centro Médico Nacional referido no son de ahora, ya que existen una serie de  oficios diversos, de los cuales tenemos copia,  que dan cuenta de una serie de irregularidades y faltas administrativas cometidas durante la gestión de la actual directora, Martha Alvarado Ibarra, quien incluso antes de ser ratificada en el cargo a principios del año en curso, mucho antes y con carácter de encargada, fue denunciada ante el “Comandante Z”, como gusta que le llamen a Zenteno Santaella, sin que éste tomara cartas en el asunto, poniendo oídos sordos a reclamos que nada tuvieran que ver con sus múltiples ocupaciones e intereses de tipo político que en su momento aspiraba al buscar un cargo en el reciente proceso electoral del Estado de México.

En una de las denuncias, dirigidas al presidente Andrés Manuel López Obrador, piden  su intervención “para solucionar los problemas derivados de la mala gestión por parte de la Dra. Martha Alvarado Ibarra, directora del CMN 20 de Noviembre del ISSSTE y del Dr. Carlos Alberto Delgado Quintana, encargado de la Coordinación de Medicina” y, entre algunas de la anomalías cometidas, exponen que los funcionarios en cuestión han hecho uso de los recursos públicos para sus intereses o beneficio personal, y han cometido “abuso de su jerarquía y funciones en perjuicio de los derechohabientes de la institución, daño patrimonial, abandono de sus funciones, actos fraudulentos, usurpación de funciones al aparentar cargos inexistentes; además de que ambos  atienden a sus parientes que no están afiliados al ISSSTE y a pacientes particulares que tampoco les corresponde este tipo de servicios, mientras que rechazan atender a la población derechohabiente”.

Son tantas denuncias por malos manejos administrativos al interior del CMN “20 de Noviembre”, que a menos de un año de que concluya la presente administración del Gobierno Federal,  el personal médico y la derechohabiencia no entienden de donde viene el manto protector en el ISSSTE, en donde  no se ha cumplido con el mandato presidencial de eficientar y elevar la calidad de los servicios  y menos han garantizado la transparencia en el manejo de sus recursos y la rendición de cuentas.

Son tan graves los ilícitos cometidos con la anuencia de los médicos Alvarado Ibarra y Delgado Quintana, que llama la atención el silencio de las autoridades que en su momento tuvieron a la vista las denuncias correspondientes, como por ejemplo el hecho de que una sobrina y un hermano de directora en comento fueran atendidos con atenciones de privilegio, sin ser derechohabientes, y en situaciones administrativas sospechosas al grado de omitir sus registros como pacientes y sin abrir expedientes clínicos para esconder los nexos familiares, así como los protocolos médicos practicados, siendo el caso de que uno de esos pacientes tuvo un traslado en helicóptero y a la fecha se desconocen los gastos erogados al respecto o de qué manera se comprobaron los recursos materiales utilizados, que, para efectos legales, se podría configurar el delito de desvío de recursos públicos.

Insistimos todo está documentado y tan solo basta con que alguien haga su chamba para descubrir el “hilo negro” y con ello sancionar a los servidores públicos en cuestión.

A poco más de 10 meses de que termine la actual administración, están dejando un cochinero en el  ISSSTE que será difícil limpiar en la víspera de que tomen posesión los funcionarios que acompañarán a la próxima presidenta de México.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.