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Desde San Lázaro. Acapulco azotado por el desdén oficial. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

16 Nov 2023
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Desde San Lázaro. Acapulco azotado por  el desdén oficial. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/lopezobrador_

Luego de reconocer que no estaba enterado del ramalazo que hiciera Capufe al aumentar las tarifas en un 3%, en  las casetas de cobro en carreteras y puentes concesionados por el Fonadin,  el presidente aseguró que, la de Acapulco, no se aplicará el incremento anunciado, y que seguramente se trataba de un ajuste por la inflación, pasando por alto que ese incremento inflacionario se hizo el pasado marzo y fue de 7.68%.

La insensibilidad de CAPUFE y de los funcionarios de la 4T es evidente con este tipo de medidas que a todas luces además de ser obviamente impopulares, inciden en la inflación y afecta, por ende a los sectores sociales más desprotegidos y a los damnificados.

Veremos si es verdad que  se mantendrán las actuales tarifas  en las casetas ubicadas en la autopista que va de la CDMX al puerto, aunque lo relevante sería bajarlas hasta que se normalice la situación y ello seguramente llevará por lo menos de dos a cinco años, toda vez que ante la falta de recursos etiquetados del presupuesto 2024 para Acapulco, es necesario este tipo de apoyos para incentivar el flujo de visitantes.

El desdén del presidente hacia los guerrerenses y en particular a los habitantes de los 47 municipios afectados por Otis, ha sido compensado por la ayuda proporcionada por la población civil, organizaciones de la sociedad activa y la iniciativa privada, a tal nivel que la zona hotelera de Acapulco podrá recibir a los turistas en la temporada de fin de año y ello, de suyo, habla de la labor titánica que están haciendo los acapulqueños y por supuesto el sector privado.

Del apoyo de los tres niveles de gobierno, Federal, estatal y municipal, todos ellos gobernados por Morena,  diremos que es marginal y ello se deriva de la ausencia de López Obrador en las zonas siniestradas con el pretexto de que le faltarán el respeto a la investidura presidencial y como evitar eso, si no se ha mostrado solidario al acudir al puerto de inmediato  y menos de ordenar a los diputados federales de Morena, PVEM y PT, etiquetar presupuesto para la población afectada de Guerrero.

Los manuales de crisis ante contingencias mayores, indican en su primera recomendación que el funcionario o el servidor público de más alto rango, debe hacer presencia en el lugar de la emergencia para mandar un mensaje inmediato de que hay autoridad y que la situación está  en vías de control y solución, al tiempo de  que las personas afectadas serán atendidas con rapidez.

En el caso del impacto de Otis y que devastó principalmente a Acapulco, AMLO hizo lo contrario a lo que debe hacer un presidente ante un siniestro de esta envergadura, no acudió a la zona afectada en apoyo al millón de damnificados, porque se quedó enlodado en la carretera, cuando lo más elemental era llevarlo por aire, es decir en avión o helicóptero a Chilpancingo o Ixtapa y de ahí volar hacia el lugar de la desgracia.

De hecho, no ha ido ni una sola vez a alentar a la población y a encabezar las tareas de reconstrucción, a lo mejor fue a los cuarteles militares, pero no ha estado en contacto personal con los damnificados.

Acapulco no dejará de ser la nota, mientras no se regularice la situación en torno al restablecimiento del agua potable, la energía eléctrica, internet, la reconstrucción de los inmuebles, así como la creación de  miles de empleos y el apoyo al sector empresarial con préstamos sin intereses y exenciones fiscales, entre otros rubros que requieren la intervención efectiva del gobierno federal como es el caso de la seguridad pública.

Acapulco es azotado por el crimen y por las enfermedades y “navega” en montañas de basura, sin embargo para el principal huésped de Palacio Nacional, la cosas ya se están regularizando y que por fortuna los daños no fueron más graves.

Desde luego el subregistro de fallecidos y personas desaparecidas es evidente ante el surgimiento de otros datos, como por ejemplo, las personas que han sido veladas en las funerarias o casas del puerto y son del rango de por lo menos 150 personas y decenas de desaparecidos.

AMLO debe ir al puerto y recorrer las zonas populosas, esas en donde habita el grueso de la población y vivir en carne propia el nivel de la tragedia, mientras no lo haga, seguirá  en ese mundo irreal que contrasta con la cruda realidad y los datos duros.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.