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Artistas con sabor a México “Jorge González Camarena” Por: Minette Argüello Destacado

20 Sep 2022
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En el mes de las fiestas patrias, seguimos haciendo mención de artistas mexicanos que con su trabajo estimularon el crecimiento cultural de México.

Jorge González Camarena fue un pintor, escultor, restaurador y escritor nacido en Guadalajara, Jalisco, el 24 de marzo de 1908. Desde temprana edad, este artista mostró un interés singular para las artes plásticas; tallaba piedras de río, hacía piezas de arcilla y diseñaba historietas que vendía entre sus compañeros de la escuela.

La familia González Camarena se mudó a la Ciudad de México en 1919. Ahí, tuvo la oportunidad de desarrollar sus habilidades bajo la instrucción del pintor Francisco Zenteno quien le aconsejó inscribirse en la prestigiosa Academia de San Carlos. Tras ingresar a esta escuela de Bellas Artes en 1922, Jorge González Camarena fue recibido como asistente del pintor Gerardo Murillo, el Dr. Atl, e incluso coloreaba con acuarela las ediciones de su famoso libro Las Iglesias de México (1924-27).

Durante su estancia en la academia formó parte del movimiento estudiantil que buscaba convertir a Diego Rivera en director de plantel para instaurar un plan de estudios más cercano a las corrientes artísticas contemporáneas.

González Camarena inició su carrera profesional en el mundo editorial y de la publicidad. En 1929, empezó a escribir y dibujar para publicaciones como Revista de Revistas y Nuestro México, además de diseñar algunas imágenes para los famosos calendarios de la imprenta Galas de México. Estos proyectos le permitieron desarrollar su característico estilo basado en una composición geométrica.

A finales de la década de 1930, empezaron a llegar comisiones de los murales que definirían la obra de Jorge González Camarena. Creo murales en importantes recintos tanto en México como en el extranjero, a la vez que siguió creando obras de caballete, de las cuales se estima tuvo una producción de 2000 piezas.

Su desarrollo como restaurador se dio en 1932, año en el que Camarena ya realizaba algunas investigaciones sobre arte prehispánico y popular, por lo que fue comisionado para restaurar los frescos del siglo XVI del convento de Huejotzingo, Puebla. Representando uno de los grandes proyectos de su vida.

Las pinturas de González Camarena gozan de una estética única de influencia cubista que se apropia de la geometría y el color para contar historias desde un enfoque singular. Además, su profundo compromiso con el legado cultural de México lo convirtió en un defensor de las artes cuya huella aún está presente hoy en día.

El pintor falleció el 24 de mayo de 1980 de un derrame cerebral a los 72 años de edad. Por sus méritos, recibió un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, así como también varias de sus obras fueron portadas para los libros de texto gratuito de la SEP, un honor reservado a grandes figuras del ámbito artístico.

A continuación, una muestra de trabajos que ejemplifican el estilo pictórico del artista.


El abrazo, 1980.

Las razas y la cultura, 1964.

La fusión de las dos culturas, 1960.

Los Tezcatlipocas, 1969.

El perico, 1927.

Tercera victoria, 1960.

Mural La presencia de América Latina, 1964-65.

El guerrillero veterano, 1966.

La constitución de 1917, 1966.
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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.