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Desde San Lázaro. Día maldito: Sin simulacros y con suspensión de actividades. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

20 Sep 2022
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Para coincidencias ya es demasiado. Que tiemble con intensidad superior a 6.5 en la escala de Richter en septiembre es difícil de repetir, pero que lo haga el 19 era imposible de acuerdo a los sismólogos, pero ahora después del movimiento telúrico del día de ayer con una intensidad de 7.7, pues seguramente hay otras variables que a la ciencia se le escapan.

El 19 de septiembre de 1985, ocurrió la peor tragedia en México por un desastre natural, luego  en esa misma fecha,  pero de 2017, sucedió otro temblor de magnitud 7.1 y ayer, 19 de septiembre, sucede otro movimiento con epicentro en Michoacán que ha dejado atónitos a los habitantes del centro del país y a los sismólogos de todo el mundo.

Ante estos acontecimientos, es seguro que seguirá temblando con intensidad en el futuro y particularmente en esta fecha, por ello, no es absurdo considerar que el 19 de septiembre se suspendan toda clase de actividades como las laborales y las escolares, entre otras, con la finalidad de prevenir cualquier accidente fatal.

Ya no solo hablamos de los movimientos de la tierra el 19 de septiembre, sino de la psicosis colectiva que en muchas ocasiones provoca más daños que el propio embate de la naturaleza.

Para muchos participantes en el simulacro, particularmente en la CDMX, entre bromas y verdad, aseveraban que no regresaran tan rápido a sus lugares de trabajo o a sus hogares porque iba a temblar, para luego a las 13.05,  constatar que la gracejada resultaba cierta.

Hemos insistido en este espacio que al estar sobre la falla de San Andrés la placa de Cocos y ante las características de la fragilidad del terreno en donde está ubicada la capital del país, se deben  evitar grandes construcciones, así como dejar de impulsar las obras de infraestructura como los segundos pisos o incluso los rascacielos, amén de adecuar los reglamentos de construcción para resistir terremotos por encima de los 8 grados Richter.

Desde luego, no faltan los ilusos, por decirlo de manera elegante,  que se jactan de las propuestas, pero ante la “extrañeza” de que se repitan los movimientos telúricos de gran envergadura el 19 de septiembre, es menester prevenir antes que lamentar.

La mancha urbana que se extiende sin ningún control en la Zona Metropolitana del Valle de México se debe limitar, tanto en el crecimiento poblacional, como en el desarrollo de centros habitacionales y laborales, para entre otras cosas racionalizar el uso de agua potable, como, el impacto de los temblores.

Si bien es cierto que la cultura de prevención en el país ha avanzado, sobre todo por la concientización en el grueso de la población, particularmente entre los niños y los jóvenes, también es una realidad que aún estamos muy lejos de lo que ocurre en otros países como en Japón, en donde los terremotos son el pan de cada día y la prevención es de máxima prioridad para los nipones.

Aunque hay que decirlo con todas sus letras, al día de hoy, no existe en el planeta un plan diseñado por el hombre que resista la fuerza de los  acomodamientos de las placas telúricas,   máxime cuando los parámetros históricos del historial de sismos, se han rebasado en los últimos tiempos.

Ningún científico en el mundo hubiera predicho que en el 19 de septiembre en México se iban a suceder varios temblores con intensidad superior, incluso a 7 grados y menos que en dos años, 2017 y 2021, también temblaría el 7 de septiembre.

Esta repetición de fechas no tiene o no tenía explicación alguna para los “expertos”, pero ahora a la discusión científica, deben entrar otros especialistas  en otras materias como los teólogos o los climatólogos o incluso, los agoreros y los cabalistas.

Ante lo inédito del hecho sobre el día maldito que representa el 19 de septiembre, tan solo habrá que preguntarle a quienes vivieron el terremoto del 85 y luego de 2017 y ahora el del 2022,  sobre todo si tuvieron desgracias personales que lamentar, como calificarían a esta fecha.

Los grandes simulacros deben de programarse varias veces al año, pero el 19 de septiembre y tal vez el 7 de este mismo mes, ponerlos en el calendario como  días inhábiles y párele de contar.

Y no es que se debe de congelar uno del miedo, pero si ya son demasiados avisos sobre el 19 de septiembre para que tentar a la suerte.

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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.