Para coincidencias ya es demasiado. Que tiemble con intensidad superior a 6.5 en la escala de Richter en septiembre es difícil de repetir, pero que lo haga el 19 era imposible de acuerdo a los sismólogos, pero ahora después del movimiento telúrico del día de ayer con una intensidad de 7.7, pues seguramente hay otras variables que a la ciencia se le escapan.
El 19 de septiembre de 1985, ocurrió la peor tragedia en México por un desastre natural, luego en esa misma fecha, pero de 2017, sucedió otro temblor de magnitud 7.1 y ayer, 19 de septiembre, sucede otro movimiento con epicentro en Michoacán que ha dejado atónitos a los habitantes del centro del país y a los sismólogos de todo el mundo.
Ante estos acontecimientos, es seguro que seguirá temblando con intensidad en el futuro y particularmente en esta fecha, por ello, no es absurdo considerar que el 19 de septiembre se suspendan toda clase de actividades como las laborales y las escolares, entre otras, con la finalidad de prevenir cualquier accidente fatal.
Ya no solo hablamos de los movimientos de la tierra el 19 de septiembre, sino de la psicosis colectiva que en muchas ocasiones provoca más daños que el propio embate de la naturaleza.
Para muchos participantes en el simulacro, particularmente en la CDMX, entre bromas y verdad, aseveraban que no regresaran tan rápido a sus lugares de trabajo o a sus hogares porque iba a temblar, para luego a las 13.05, constatar que la gracejada resultaba cierta.
Hemos insistido en este espacio que al estar sobre la falla de San Andrés la placa de Cocos y ante las características de la fragilidad del terreno en donde está ubicada la capital del país, se deben evitar grandes construcciones, así como dejar de impulsar las obras de infraestructura como los segundos pisos o incluso los rascacielos, amén de adecuar los reglamentos de construcción para resistir terremotos por encima de los 8 grados Richter.
Desde luego, no faltan los ilusos, por decirlo de manera elegante, que se jactan de las propuestas, pero ante la “extrañeza” de que se repitan los movimientos telúricos de gran envergadura el 19 de septiembre, es menester prevenir antes que lamentar.
La mancha urbana que se extiende sin ningún control en la Zona Metropolitana del Valle de México se debe limitar, tanto en el crecimiento poblacional, como en el desarrollo de centros habitacionales y laborales, para entre otras cosas racionalizar el uso de agua potable, como, el impacto de los temblores.
Si bien es cierto que la cultura de prevención en el país ha avanzado, sobre todo por la concientización en el grueso de la población, particularmente entre los niños y los jóvenes, también es una realidad que aún estamos muy lejos de lo que ocurre en otros países como en Japón, en donde los terremotos son el pan de cada día y la prevención es de máxima prioridad para los nipones.
Aunque hay que decirlo con todas sus letras, al día de hoy, no existe en el planeta un plan diseñado por el hombre que resista la fuerza de los acomodamientos de las placas telúricas, máxime cuando los parámetros históricos del historial de sismos, se han rebasado en los últimos tiempos.
Ningún científico en el mundo hubiera predicho que en el 19 de septiembre en México se iban a suceder varios temblores con intensidad superior, incluso a 7 grados y menos que en dos años, 2017 y 2021, también temblaría el 7 de septiembre.
Esta repetición de fechas no tiene o no tenía explicación alguna para los “expertos”, pero ahora a la discusión científica, deben entrar otros especialistas en otras materias como los teólogos o los climatólogos o incluso, los agoreros y los cabalistas.
Ante lo inédito del hecho sobre el día maldito que representa el 19 de septiembre, tan solo habrá que preguntarle a quienes vivieron el terremoto del 85 y luego de 2017 y ahora el del 2022, sobre todo si tuvieron desgracias personales que lamentar, como calificarían a esta fecha.
Los grandes simulacros deben de programarse varias veces al año, pero el 19 de septiembre y tal vez el 7 de este mismo mes, ponerlos en el calendario como días inhábiles y párele de contar.
Y no es que se debe de congelar uno del miedo, pero si ya son demasiados avisos sobre el 19 de septiembre para que tentar a la suerte.
