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Conferencia tras banderas. Del TLC al T-MEC, de la integración a la competencia. Por: Pepe Rocello. Destacado

14 Ene 2020
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Cuando se planteó la negociación de los acuerdos comerciales con el resto del mundo para nuestro país se inició una nueva etapa, que en ese momento se creía que era una decisión de Estado y no de Gobierno, y que dejaba atrás la visión proteccionista del modelo de desarrollo que se basaba en la industrialización doméstica, instrumentando una política de sustitución de importaciones y con base en ello, propiciar el desarrollo endógeno.

Este periodo se enmarca en el periodo de entreguerras mundiales y se inicia con Ávila Camacho en los 40´s, la cual consistía en sustituir los artículos manufacturados de procedencia extranjera que hasta ese momento habían satisfecho el consumo local, por artículos de la misma naturaleza fabricados por la industria nacional y de consumo generalizado, soportado por los excedentes de la agricultura y que permitió industrializar a nuestro país sujetándonos a la calidad y a los precios que se acordaban por política de control de los mismos de carácter nacional.

Esta etapa, que se conoció como de industrialización ligera, es decir, se importaba tecnología y bienes de capital para producir bienes de consumo medio duraderos y duraderos, principalmente electrodomésticos y se empezaron a armar automóviles, en sustitución de la comercialización que se hacía de vehículos anteriormente, desde 1925 a 1960 en donde se instalaron las principales armadoras de Estados Unidos. En 1965 llega la VW y las armadoras asiáticas, principalmente japonesas con la NISSAN.

Esta segunda etapa, a partir del primer decreto automotriz, se impulsan acciones de componente nacional y sustitución de importaciones en el sector.

Agotada esta etapa, se planteó la siguiente fase de sustitución de bienes de capital y tecnología, la cual nunca se concretó de manera generalizada y se empezó con el desarrollo especializado en aéreas de ventajas relativas soportado por el desarrollo científico tecnológico del IPN y algunas universidades públicas y principalmente privadas que generaron los cuadros para este mercado naciente y en proceso de consolidación a la fecha, no en todas las áreas, solamente en donde tenemos ventajas competitivas adquiridas.

Al inicio de los ochentas con el arribo de la tecnocracia con Miguel de la Madrid, en sustitución del conservadurismo nacionalista del priismo de los cuarentas o post cardenista, hoy en MORENA liderado por AMLO, se inicia la etapa de apertura comercial, con la inclusión de México al GAAT, Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio que concluye con la conformación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Con el impulso del TLC con Salinas de Gortari, se inició las negociaciones en 1988, la firma en 1992 y entra en vigor en 1994, inician formalmente los esfuerzos de integración del mayor mercado del mundo, Estados Unidos, México y Canadá, basados en un análisis estructural y comercial, definiendo y reconociendo nuestra desventaja, principalmente tecnológica, laboral y de regulación y en la complementariedad de las economías, principalmente comparativas entre las tres naciones y en ventajas para la inversión regional, sustituyendo el concepto de nación más favorecida y con ello adaptar y adoptar criterios para un buen gobierno, lo que se conoce como la agenda liberal del Consenso de Washington, lo que la oposición conoce como modelo neoliberal.

Este esfuerzo fue, en un inicio comercial, reconociendo que nuestro comercio internacional de manera ordinaria se realiza en un 88% con estos dos países, y que las posteriores revisiones se harían para ir cerrando las brechas en materia de regulación normativa, energética y laboral para avanzar en una integración amplia de nuestros mercados y en una última etapa, evaluar la posibilidad de un esquema similar al mercado común europeo.

Esta ruta se acaba de romper con la revisión que se está haciendo actualmente en el Senado de los EU del TLC 2.0 o T-MEC, y que hoy se sustituye el principio de complementariedad de las economías, que favoreció el comercio de las tres naciones, por una visión proteccionista y competitiva de las tres economías de la región, principalmente porque en nuestro país permitimos la entrada de inversiones que no eran de la región, principalmente, asiáticas y europeas, que utilizaron a nuestro país como trampolín para entrar al mercado de los Estados Unidos de Norte América, que rompió con la ruta de nación más favorecida.

Actualmente, en la negociación se establece el principio de competencia, por ello las acciones y amenazas compensatorias, arancelarias o de cuotas de importación por parte del gobierno de Trump, en donde nuestras ventajas adquiridas, competitivas y absolutas para el mercado norteamericano, no se ven como potencial para la integración, se ven como amenaza para el crecimiento de Estados Unidos.

Hoy se sepulta la visión de la integración del mercado más grande del mundo y se inicia una etapa competitiva de las tres naciones por el mercado de Norteamérica, supeditados a lo que el mercado gringo necesite o que esté dispuesto a comprarnos y no intentar producir en su territorio y negarnos la posibilidad de especializarnos en vista de lo que nuestras capacidades nos dan ventaja frente a las otras dos naciones.

Curiosamente, en ello, el Comandante Supremo de la “Cuatroté” y el equipo negociador de la anterior administración, no han tenido ni siquiera el derecho de réplica en esta revisión forzada del TLC, que impulsa criterios proteccionistas y de desarrollo endógeno de las economías y principalmente de los Estados Unidos y el carácter supletorio temporal de las otras dos economías, es decir Trump impone visiones proteccionistas de los años cuarentas en donde la presente administración de AMLO se ha mostrado como ultraconservador de los principios nacionalistas constitucionales, sin meter las manos la visión del desarrollo endógeno impulsada por la CEPAL, se tendrá que considerar como una alternativa real, aunque sea de manera temporal, independiente de la reelección de Trump o el arribo de los ultraconservadores demócratas al poder.
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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.