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POLÍTICOS RECONOCEN LABOR DE FUERZAS ARMADAS Y CRITICAN DISCURSO SIMPLISTA DE AMLO

17 Mar 2017
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Tras las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en contra de las Fuerzas Armadas, por culpar al Ejército de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y por llamar “provocador” a Antonio Tizapa, padre de uno de los jóvenes, el titular de la SEGOB y el vocero de la presidencia,  Miguel Ángel Osorio Chong y Eduardo Sánchez, respectivamente, criticaron dichos señalamientos. PRI, PAN y PRD se sumaron a éstos en defensa de las Fuerzas Armadas.

Eduardo Sánchez dijo que es la segunda vez que Andrés Manuel lanza acusaciones falsas contra las Fuerzas Armadas. Además calificó como injustas las acusaciones que AMLO hizo en contra de estás y a nombre del gobierno reconoció la labor que realizan el Ejército y la Marina.

Por su parte, el secretario de Gobernación señaló que Manuel López Obrador tiene que presentarse ante el Ministerio Público para presentar las pruebas del señalamiento directo que hizo.

"Preocupa que alguien que lleva 18 años buscando la Presidencia de la República, que busca encabezar a nuestras Fuerzas Armadas, denigre, señale, y por eso yo refiero el poco respeto que tiene a las instituciones", expuso. Agregó que el discurso de AMLO es simplista, que señala, lastima y no prueba".

En su cuenta de Twitter, el coordinador del PRI, César Camacho, expresó: “Impulsor de José Luis Abarca, acusado de un crimen abominable,@lopezobrador_acusa sin razón a la fOuerza armada que protege a MX”. Carlos Sarabia Camacho (PRI), secretario de la Comisión de Defensa en San Lázaro, opinó: “(AMLO) no está preparado para ser presidente ni política, intelectual, emocional ni físicamente”.

El vicecoordinador del PRI, Jorge Carlos Ramírez Marín, llamó “esquizofrénico” a AMLO y aseguró que se equivoca al vincular al Ejército con los hechos en Iguala. Recordó que el tabasqueño impulsó al ex alcalde, quien operó junto con su esposa, Ángeles Pineda, las agresiones y posterior desaparición de los estudiantes.

Francisco Martínez Neri, presidente de la Jucopo, y coordinador del PRD, subrayó que las Fuerzas Armadas hace un trabajo que no les corresponde al combatir a la delincuencia organizada. Enfatizó que Ejército y Marina “gozan de un gran prestigio en el país y tienen que ser objeto de respeto permanente”.

Sobre el tema, el diputado Marko Cortés, coordinador del PAN, subrayó que no le extraña la actitud de quien ha demostrado intolerancia y descalifica a todo aquel que no lo apoya.

En respuesta a todos esos señalamientos, el polémico tabasqueño, AMLO, respondió en su cuenta de Twitter con argumentos evasivos y pidió serenarse a sus detractores. “Ya no vean encuestas” dijo.

No hay duda, Andrés Manuel López Obrador ha evidenciado una vez más su verdadera personalidad, es el personaje que le gusta el discurso fácil, que acusa sin ton ni son, que se enoja y es propenso a la mentira.

Tal vez quien deba serenarse es él, porque aunque tiene buen momento en los estudios demoscópicos (encuestas) falta mucho tiempo para la encuesta definitiva de junio de 2018 y si así de energúmeno anda ahorita es de imaginar lo que pasará una vez que inicie la campaña presidencial, y ni imaginar su comportamiento en caso de tener el poder. En fin, se descubrió otra rayita al tigre disfrazado de cordero.

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.