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MÉXICO VA POR CHINA

16 Mar 2017
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  • El canciller, Luis Videgaray, señaló que se fortalecerán los lazos comerciales con el país asiático.

Ante la incertidumbre de las negociaciones con Estados Unidos sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las amenazas proteccionistas de Donald Trump, el gobierno mexicano ya ha visto en China una opción viable de comercio para México, en su afán por diversificar la relación comercial con el exterior.

Ayer, el canciller Luis Videgaray señaló que México buscará avanzar y fortalecer la asociación estratégica integral con China, tras participar en la reunión establecida para el “Diálogo de Alto Nivel de Iniciativas de Integración en el Asia-Pacífico”, en Viña del Mar, Chile.

El titular de la SRE enfatizó que “China es un socio comercial muy importante, un país con el que tenemos una asociación estratégica integral”.

Convocados por Chile en nombre de la Alianza Pacífico -Chile, Colombia, México y Perú- en dicho encuentro, el bloque latinoamericano busca proseguir la profundización de la integración con Asia- Pacífico.

Luis Videgaray puntualizó que con China se ha “venido avanzando en distintos frentes y la relación bilateral seguirá fortaleciéndose y será cada vez más importante (...) con independencia de las posibilidades que se abran a través de plataformas colectivas como la Alianza del Pacífico”, que en esta cita anunció la creación de la categoría de “país asociado”.

“No hemos hablado todavía de países en concreto, lo importante es que habremos de contactar a los países que cumplan con algunas características”.

En la reunión, a la que también asistió el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, los ministros de la Alianza del Pacífico reiteraron su compromiso con el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), abordaron la coyuntura internacional actual y acordaron fortalecer la integración comercial a través del establecimiento de la figura del Estado Asociado a la AP.

Esta figura se estableció con el fin de promover el inicio de negociaciones comerciales con países o bloques extra regionales. Quince países, entre ellos China y Corea del Sur, exploraron este miércoles en Viña del Mar, opciones para continuar la integración económica de ambas orillas del Pacífico, interrumpida por la llegada de Trump a la Casa Blanca.

EL DRAGÓN ASIÁTICO

Es importante señalar que en el caso de China, el mercado más importante de Asia, ahora el mayor ejemplo de la globalización, México tiene el mayor déficit comercial que con cualquiera de sus socios, con un saldo negativo en 2016 de 64,112 millones de dólares (mdd), en 2008 era de 32,146 mdp.

De acuerdo al exasesor de Comercio e Inversión en la Casa Blanca, Chad Bown, en una entrevista que dio a la revista Expansión: “Todos los países quieren tener acceso a China. Es un país de 1,300 millones de personas. Es un mercado muy grande. Para tener mejor acceso a su mercado, China quiere algo a cambio, y típicamente es tener mayor acceso a tu mercado”, aseveró.

Para México, China es todo un reto. Principalmente le vende minerales de cobre y sus concentrados, así como vehículos para el turismo, teléfonos y redes inalámbricas, desperdicios de cobre, aceites crudos de petróleo, minerales de plomo y cobre, entre otros. Mientras que China le vende a México productos de alto valor agregado como videocámaras, cámaras digitales y bienes electrónicos.

“Cuando el presidente de México habló de voltear a Asia, América Latina, y Europa (al presentar los 10 puntos para negociar con el gobierno de Trump), al único que no mencionó fue a China y es sorprendente, porque es un mercado muy grande. No estamos haciendo un esfuerzo de ver mercados grandes y competitivos”, comentó Hugo Perezcano, consultor y uno de los negociadores del TLCAN, ahora presidente de la Comisión de Comercio y Políticas de Inversión de la International Chamber of Commerce.

Agregó que México tiene una gran oportunidad para diversificase y para esto se requiere que tenga desde ahora propuestas concretas para facilitar el comercio tanto con China como con América Latina y Europa.  

Por otra parte, a pesar de que entre México y China no existe un Tratado de Libre Comercio, este país asiático es nuestro segundo socio comercial; prueba de ello es que el 2015 el volumen de comercio total entre ambas naciones  llegó a los 80 mil millones de dólares, de acuerdo con datos del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE). (Con información del periódico Excélsior y la revista Expansión)

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.