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Desde San Lázaro. Respeto de Trump a la comunidad mexicana. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

16 Jun 2025
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Desde San Lázaro. Respeto de Trump a la comunidad mexicana. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/realDonaldTrump

A unas horas del primer  encuentro entre los presidentes de México y Estados Unidos y en medio de las multitudinarias protestas de la comunidad latina, se dividen las posturas que existen entre los principales colaboradores de Claudia Sheinbaum para salir con éxito de la reunión, ya que mientras unos, aconsejan la mesura, la calma y la templanza, para otros, se pronuncian por la política de ojo por ojo, como lo han establecido otros países, como es el caso de Canadá, sin embargo, no hay que olvidar que existen demasiadas razones, en la óptica de  Donald Trump, para imponer castigos a nuestro país, en virtud de la existencia  de investigaciones debidamente sustentadas contra funcionarios públicos de primer nivel, particularmente en el sexenio de López Obrador, y de varios gobernadores, a quienes en primera instancia se les ha retirado la visa correspondiente para ingresar a territorio norteamericano.

El trasiego de drogas, principalmente de fentanilo y otros temas escabrosos como la proclividad que tiene la 4T con regímenes autoritarios de la región como Cuba y Venezuela, además de la aniquilación de la democracia mexicana con los dos golpes asestados recientemente como el secuestro del Poder Judicial y próximamente la aprobación de la Ley Mordaza, ponen contra la pared al gobierno de nuestro país.

En cualquiera de las dos posiciones en las que puede caminar la doctora, sería recomendable actuar con inteligencia y cabeza fría, para conseguir un trato preferente para México, en donde exista el pleno respeto a la comunidad de origen mexicano que vive en EU, amén de evitar la imposición tributaria a las remesas y por supuesto, de aranceles.

No hay que perder de vista la visión de mediano y largo plazo para darle tiempo al tiempo para que, la relación entre ambos países, se equilibre como socios comerciales y geográficos y por compartir una población ligada, incluso, por lazos consanguíneos.

Lo relevante, es que, por un lado, perciba Trump que no se le tiene miedo y por otro, asumir que México es el principal social comercial de Estados Unidos y en esta lógica se debe fortalecer el T-MEC  para consolidar el bloque comercial más relevante del orbe.

Ya le cayó el veinte al magante inmobiliario que sin migrantes mexicanos nomás no puede mantener la existencia de grandes sectores de la economía norteamericana, por ello decidió suspender  manera indefinida las redadas migratorias en centros de trabajo como granjas agrícolas, empacadoras de carne, hoteles y restaurantes.

Todavía no entiende la visión supremacista de los blancos que sin latinos y en especial de los mexicanos, la Unión Americana no tendría ese lugar de privilegio como la primera economía del mundo.

EU sin migrantes mexicanos sería otro muy diferente a los que es en la actualidad y por ello los sectores norteamericanos  más productivos de allá han alzado sus voces de protesta ante el presidente.

Por si esto fuera poco, también se aprecia que la popularidad de Trump se ha desplomado y ha perdido la diferencia de votos que le dio el triunfo frente a la demócrata Kamala Harris, lo que representa un grave revés contra el proyecto político de los republicanos rumbo a la elección intermedia y la elección presidencial.

Los norteamericanos que votaron por mandatario gringo y que han perdido parte de su patrimonio, como los jubilados, (por el desplome de la bolsas de valores)  ahora no solo se muestran arrepentidos, sino  lo rechazan abiertamente

Esta es una carta que tiene a su favor Claudia Sheinbaum para endurecer más su posición para evitar más “castigos a México”.

Varios  congresistas mexicanos, tanto del oficialismo como de la oposición, hacen recomendaciones a la presidente sobre cuál sería el mejor camino a seguir en la reunión con su contraparte estadounidense, empero, creemos que ella no necesita consejos en virtud de que tiene claro el panorama sobre en qué momentos ceder y en donde apretar.

Lo que está claro, es que el contenido real de las conversiones sostenidas entre ambos mandatarios no saldrá a la luz y tan solo veremos versiones parciales y sesgadas del encuentro, salvo que sea un desastre la reunión y que entonces trasciendan los temas que propiciaron el desencuentro.

La responsabilidad de la doctora  es enorme ya que, sin exagerar, su postura y decisiones repercutirán no solo en territorio nacional, sino también en la comunidad mexicana que vive en EU.

Son momentos críticos, pero también representan una gran oportunidad para avanzar de igual a igual con el país más poderoso del mundo.

En tanto no se respete y valore a la comunidad mexicana en Estados Unidos, seguirá la injusta persecución contra ellos.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.