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Como veo doy. 100 Días, con rendición de cuentas sigue la transformación. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Destacado

13 Ene 2025
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Como veo doy. 100 Días, con rendición de cuentas sigue la transformación. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Con información de: https://x.com/Claudiashein
  • 100 Días, con rendición de cuentas sigue la transformación.
  • Continuidad de un proyecto destinado a no abandonar a la mayoría. 

No sé si cien días sean muchos o pocos para evaluar el desempeño del inicio de una administración de gobierno, en este caso nos referimos al del Ejecutivo Federal que encabeza Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), pero lo cierto es que la rendición de cuentas es un esquema novedoso que los llamados gobiernos de izquierda han utilizado con mucho éxito para dar a conocer a la ciudadanía no solo las principales acciones y resultados de estos primeros días de gobernanza, sino que, además, les ha permitido informar de obras a corto, mediano y largo plazo y, todo eso, hay que decirlo, son eventos que gozan de una enorme aceptación popular.

Habrá quien diga que cien días son pocos para que un gobierno contabilice e informe sobre grandes acciones y/o resultados, tal vez, pero no debemos de perder de vista que estos primeros cien días de la presidenta Sheinbaum forman parte de un proyecto transformador que inicio hace seis años, y eso, por mucho, son días más notorios que el último sexenio en que gobernaron los priistas o, incluso, mucho más visibles que doce años de gobierno representados por el partido de Acción Nacional en las figuras de Vicente Fox y Felipe Calderón.

Es cierto, el gobierno de Claudia Sheinbaum apenas comienza, pero este ejercicio de rendición de cuentas también sirve para formalizar proyectos y hacer compromisos de planeación frente a sus gobernantes y eso es como la marca de la casa o, dicho de otra manera, eso hace la diferencia frente a cualquier otro gobierno que se diga democrático.

LAS CARTAS HABLAN. - Por la trascendencia de su mensaje, de manera textual, aquí les dejamos una pincelada de lo que fue el informe de los primeros cien días de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo:

“Se cumplen 100 días desde que dio inicio el segundo piso de la cuarta transformación. Visitamos las 32 entidades de la república, recorrimos por aire y tierra, 32,449 kilómetros y nos reunimos con los 32 gobiernos estatales y de la Ciudad de México, para juntos definir los proyectos estratégicos de los próximos años.

¿Por qué le llamamos segundo piso de la cuarta transformación?, porque los cimientos y la base las puso el mejor presidente, Andrés Manuel López Obrador y a nosotros nos toca consolidar, sumar y avanzar con el segundo piso, con la raíz bien firme y el corazón por delante.

Nos critican algunos medios, la comentocracia y los adversarios políticos, porque no nos diferenciamos, porque defendemos los programas de bienestar y obras estratégicas, porque hay continuidad en el proyecto. Pero si siempre lo dijimos, por eso luchamos durante todos estos años y, además, por eso ganamos, para eso nos eligieron, para dar continuidad a la cuarta transformación, iniciada en el año 2018…”

VA MI RESTO.– Con poco más de tres meses de la presente administración, la presidenta Claudia Sheinbaum ha dado muestras suficientes de que sabe gobernar, tiene proyecto con altura de miras y equipo para llevarlo a cabo, pero sobre todo, tiene claridad en que su gobierno forma parte de un proyecto transexenal donde el ideal que los mueve es la transformación de México, sin privilegios de unos cuantos, sin clasismo, sin discriminación, sin machismo, un proyecto que inicio en 2018 y que al actual gobierno corresponde consolidar, sumar y avanzar en términos de un segundo piso “con la raíz bien firme y el corazón por delante”. El reto no es fácil, pero la nave va y todo indica que es un viaje que no está destinado a abandonarnos en la ruta trazada, y hasta ahí porque como veo doy.

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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.