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Desde San Lázaro. La posibilidad de que Claudia no asista al tercer debate. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

30 Abr 2024
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Desde San Lázaro. La posibilidad de que Claudia no asista al tercer debate. Por: Alejo  Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/Claudiashein

El tercer y último debate presidencial a celebrarse el próximo 19 de mayo, representa la última oportunidad para que los tres candidatos demuestren sus capacidades ante los electores indecisos, los apáticos y los jóvenes y con ello granjearse sus votos en los comicios del 2 de junio.

Tanto Claudia Sheinbaum, como Xóchitl Gálvez ya tienen en la buchaca el llamado voto duro de sus simpatizantes y correligionarios, por eso buscan convencer a aquellos que aún no han tomado una decisión respecto al sentido de su voto, sin embargo, persiste en el cuartel de la ex jefa del gobierno capitalino, en opinión de algunos radicales de Morena y del círculo cercano del presidente López Obrador, el deseo de ausentarse al tercer debate, toda vez que tiene suficiente margen en las encuestas para darse ese lujo.

La temática a tratar en el ejercicio de esgrima verbal, es de suyo complicada para la candidata del oficialismo, toda vez que son los temas más sensibles para la población como la inseguridad y crimen organizado; migración y política exterior; democracia, pluralismo y división de poderes, en donde Xóchitl Gálvez guarda sus misiles más letales para hacer naufragar el navío de la 4T.

Hay que recordar que el régimen democrático y la división de poderes sufren  un constante acoso por parte del Jefe del Ejecutivo Federal y ello, es irrefutable y no se puede ocultar con mentiras o medias verdades.

Los furibundos ataques que lanza el principal huésped de Palacio Nacional contra el Poder Judicial, autoridades electorales y Ministros de la Suprema Corte, además de la pretensión de acotar o desaparecer los organismos autónomos que fungen como contrapesos del presidencialismo, son solo algunos estertores  del totalitarismo que ha pretendido instaurar AMLO.

Estamos viviendo el proceso electoral  más violento de la historia, al registrar 386 agresiones políticas que han dejado 501 víctimas de septiembre de 2023 al 21 de abril pasado, de acuerdo a un informe de Integralia que señala que en 15 entidades del país existe el fundado riesgo de que el crimen organizado intervenga en la elección.

En lo que respecta a la inseguridad pública, diremos que el país apesta a muerte, en virtud de que ha sido el más sangriento en el tema de homicidios con 185, 606  mil asesinatos y todavía faltan cinco meses para que termine la actual administración.

Las desapariciones y desplazados, también presentan cifras negativas  inéditas que son imposibles de desmentir, toda vez que los datos surgen de las fuentes oficiales del propio gobierno de AMLO.

Ante este escenario dantesco, la candidata oficial tiene que lidiar,  ya que una cosa es decir mentiras piadosas y cándidas y otro, tratar de ocultar lo que ocurre en todo el territorio nacional en donde vastas regiones del país están en manos de los criminales.

Ya me imagino el sentido de los ataques de Xóchitl Gálvez contra su adversaria política y si con lo que ocurrió el domingo pasado en el segundo debate, se encendieron las alertas rojas en el war room de la “científica”, no me quiero imaginar lo que se avecina en el tercer debate.

Por ello, se pondera desde ahora la conveniencia de no presentarse al debate y asumir los costos políticos y las sanciones económicas del INE, para así evitar que vuelvan a “insultar” a Claudia Sheinbaum.

Las acusaciones de corrupción emitidas por la hidalguense contra la ex delegada de Tlalpan, están debidamente sustentadas, entonces de ninguna manera son ataques infundados y se espera que seguirán cayendo más relevaciones que resten puntos en las encuestas y votos el día de la elección.

Los costos y riesgos que representa ausentarse del tercer debate se contrastan con el desgaste que conlleva exponerla ante Xóchitl y Jorge Álvarez Máynez, por eso se valora con mucha seriedad mantenerla bajo resguardo y alejada del fuego cruzado de sus adversarios.

Ante la obligatoriedad que impuso el INE a los abanderados presidenciales de asistir a los tres debates, se cruza por la mente de esos consejeros de la puntera en las encuestas,  asumir las multas y sanciones de la autoridad electoral.

Esta fresca en la memoria colectiva, la ausencia del perredista  Andrés Manuel López Obrador el 25 de abril de  2006, en el debate presidencial al que acudieron Felipe Calderón, del PAN, Roberto Madrazo, del PRI, Patricia Mercado, por el PSD y Roberto Campa, de Nueva Alianza. 

El resultado de este desdén del tabasqueño a sus adversarios, a la autoridad electoral y sobre todo a los votantes, tuvo consecuencias desastrosas en la votación presidencial de ese año, en donde perdió por un estrechísimo margen.

Ante estos antecedentes históricos, la propia candidata presidencial de Morena, PT y PVEM, no quiere conceder nada a sus rivales y por ello, dice ella, no hay posibilidad de que se ausente al debate faltante. Veremos dijo un ciego. 

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.