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Desde San Lázaro. Pierde Brugada, nuevamente. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

22 Abr 2024
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Desde San Lázaro. Pierde Brugada, nuevamente. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/juncalssolano

Entre acusaciones para ver quién es más corrupto, incompetente y mentiroso se desarrolló el segundo debate entre los aspirantes a la jefatura de gobierno de la CDMX, ya que mientras Clara Brugada aseveraba que los panistas son más corruptos; Santiago Taboada hacía lo propio con la ex alcaldesa de Iztapalapa lo que resultó una embarradera de lodo y  estiércol.

Lo cierto es que tanto Brugada y Taboada ya fueron probados en el arte de gobernar y ambos con sus claroscuros tuvieron una gestión aceptable, sin embargo, el nivel de satisfacción de los habitantes de Benito Juárez no se comparan con los que tienen los iztapalenses, sobre todo en temas de seguridad pública, abastecimiento de agua potable y en general calidad de vida, entonces considerando estos indicadores y otros tantos más, Santiago Taboada tiene más méritos que su opositora.

Otro tema a considerar es que de ganar Clara Brugada la elección del 2 de junio, veremos un gabinete conformado por lo más radical de los puros de Morena y ello de suyo habla de un gobierno autoritario, tal como lo refleja ahora Martí Batres y compañía, quienes usan todos los medios a su alcance, sean legales o no, el fin justifica los medios, para impedir que la oposición gane  la capital del país.

El apotegma de una “ciudad de libertades” es igual de falso que “primero los pobres”, ya que en los hechos, resulta que el gobierno morenista ha sido más represor que los duros del priismo radical y de la derecha conservadora.

La invención de un Cartel inmobiliario conformado por panistas de cepa y comandados por el propio Santiago Taboada, ejemplifica como desde los entretelones del poder, Martí Batres, Ernestina Godoy, entre otros, y avalados por el presidente de México, diseñaron toda la estrategia de descredito para evitar que los panistas tuvieran la posibilidad de gobernar la CDMX, sin embargo, se les volteó el asunto a tal nivel que, están en la víspera de los comicios,  de que los chilangos les den una patada en el trasero.

Tan solo hay que recordar la forma en que irrumpió Clara Brugada para hacerse de la candidatura de Morena y rémoras, dejando en el camino a Omar García Harfuch, quien ganó en todas las encuestas por un notable margen. Este agandalle contra el ex jefe de la policía capitalina en tiempos de Claudia Sheinbaum cuando era Jefa del gobierno, pinta de cuerpo entero como se las gastan esos trogloditas de la política con disfraz de demócratas, pero que en el fondo subyace el rencor, el resentimiento y el ADN del totalitarismo.

Si  llegará a ganar Clara Brugada la elección del 2 de junio, representaría la continuidad del régimen del tolete y la regresión al nulo respeto de los derechos humanos que era una constante en tiempos del avasallante priismo.

Basta ver como en los debates la candidata de izquierda, pierden los estribos  y dejan entrever su talante totalitario, ante cualquier cuestionamiento que ponga en entredicho su supuesta honorabilidad o las cifras alegres y mentiras que sueltan sin algún resquemor.

Promete y promete y miente con todos los dientes, pensando que los capitalinos son ignorantes o amnésicos, sin embargo, esta altanería cobrará factura en las urnas con la alternancia en el poder para sacar a Morena de la jefatura de gobierno.

En el debate vimos que por mucho que se entrenen para salir airosos, sobre todo ante cualquier ataque del opositor, permea esa soberbia y ese desdén contra los adversarios políticos y ello no lo pudo ocultar la candidata de la coalición Juntos Haremos Historia, conformada por Morena, PT y PVEM, como tampoco pudo disimular su ira ante los cuestionamientos de corrupción, de negligencia y de ineptitud.

La lista de propuestas de Brugada en el segundo debate, buena parte de ellas, son más falsas que un billete de 350 pesos, ya que en la práctica el mismo AMLO hizo todo lo contrario para cristalizarlas,  como, por ejemplo, ser el gobierno más trasparente, menos corrupto y con más capacidades para  enfrentar la crisis hídrica.

En la más reciente encuesta de El Financiero se da cuenta del empate técnico que prevalece entre Taboada y Brugada, ya que los siete puntos que se conceden a la ex alcaldesa están en el margen de error y en esos ciudadanos que no quieren revelar la auténtica intención de su voto.

Conociendo como se las gasta Martí Batres y sus compinches, no dude estimado lector que en este último tramo que les queda como autoridad, buscarán por la vía judicial o por las malas descarrilar a Santiago Taboada, por lo que hay que estar muy atentos a esos coletazos del autoritarismo y del agandalle.

El respeto a la voluntad popular, al voto mayoritario, sabemos es obligación de las autoridades electorales cuidar, sin embargo, la sociedad en su conjunto debe esforzarse para fortalecer a la incipiente democracia mexicana que tantas vidas ha dejado en el camino desde tiempos de la Revolución, con una actitud proactiva, exigente y participativa en preservar el estado de derecho y el pleno ejercicio de las libertades.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.