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Desde San Lázaro. La CDMX para Taboada. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

19 Abr 2024
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Desde San Lázaro. La CDMX para Taboada. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/STaboadaMx

Luego de 26 años de gobernar la capital del país, la izquierda del PRD y ahora de Morena, perderán su principal bastión del país y en un efecto dominó se correrá a todo el territorio nacional a partir de los comicios del 2 de junio y aunque ello no signifique que necesariamente tengan que perder ahora  la presidencia, es indudable que la permanencia  en el poder de Morena será muy efímera con relación, por ejemplo, a la hegemonía que instauró el PRI por más de siete décadas.

El principal enemigo de Morena son ellos mismos y eso se observa con toda crudeza en la CDMX en donde las tribus morenistas se pelean cada centímetro de la metrópoli en aras de mantener sus cotos de poder que, según ellos,  han ganado a pulso durante los últimos cinco años.

La pugna prevalece desde las cabezas del movimiento morenista en la que Martí Batres,  Clara Brugada y sus subalternos, hacen sentir su fuerza en cada una de las alcaldías de la capital, aunque, lo más grave de esto, es que no todos jalan parejo para la causa de la candidata presidencial de la coalición Juntos Hacemos Historia conformada por Morena, PT, y PVEM.

Cada quien defiende sus intereses y en la víspera del término de la actual administración, los enfrentamientos se ponen más cruentos, en detrimento de su propio proyecto político que ha permitido a Santiago Taboada colocarse en la antesala de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

Ante el segundo debate que sostendrán Clara Brugada, Santiago Taboada y Salomón Chertorivski, se aprecia una inercia  ganadora del panista sobre la abanderada oficialista y ello, seguramente se reflejará en este segundo ejercicio de esgrima verbal que reflejará en su justa dimensión los tamaños de los tres candidatos.

Pero más allá de las capacidades de los tres suspirantes, diremos que subyace un tufillo de derrota para el oficialismo, la mala gestión de Martí Batres que navega entre la ineptitud y la permanente mentira para remediar los problemas más acuciantes de la capital, verbigracia, el tema del agua contaminada con petrolíferos que inunda a las alcaldías gobernadas por la oposición como son Benito Juárez y Álvaro Obregón; es un elemento contundente para aseverar que se está próximo a terminarse el reinado de Morena y rémoras.

No obstante que el jefe del gobierno capitalino asegurara que el problema de la contaminación en la red de agua potable estaba superado, la realidad lo desmintió de inmediato con los testimonios de los propios  vecinos de ambas jurisdicciones que padecen en carne propia los efectos del agua apestosa, amarillenta y envenenada.

Hay más combustibles en la red de agua potable de la CDMX que en la refinería de Dos Bocas, como también es una realidad que estamos ante una crisis hídrica de alcances insospechados y ante la cual, las autoridades creen que con negarla se solucionará por arte de magia.

Batres sistemáticamente ha negado el desabasto del vital líquido a grado de emergencia, como también ha rechazado la contaminación de la red de agua potable y ello, lejos de atenuar los ánimos de la población afectada, anima el enojo contra el funcionario.

Y así ocurre en otros temas como el de la inseguridad pública, la polución ambiental, la degradación de la infraestructura urbana, el desempleo y el desastre en el transporte público como es el Metro.

Con los temas de agua, transparencia y combate a la corrupción,  los tres aspirantes a la jefatura del gobierno capitalino se agarrarán del chongo para ganar el  segundo debate de este próximo domingo,  sin embargo,  en estos puntos es  en donde  el gobierno de Morena tiene sus mayores debilidades.

No veo como Clara Brugada pueda, por ejemplo,  defender el punto de la corrupción, ante las acusaciones que existen contra ella por los contratos otorgados en Iztapalapa a sus propios subalternos o los indicios de enriquecimiento inexplicable ocurrido precisamente durante su gestión al frente de esa jurisdicción. 

 La presidencia de López Obrador se ha caracterizado por el de mayor opacidad de los últimos años, hasta el nivel, incluso, de pretender desaparecer al INAI, entonces,  cómo defenderá la candidata del oficialismo a su jefe máximo en el tema de transparencia.

La radiografía electoral en las 16 alcaldías de la capital con miras a la elección del 2 de junio, es contrastante y dependiendo de la casa encuestadora, se perfilan los ganadores, empero, hay que subrayarlo, existe una permanente decepción e irritación contra Batres y compañía  y ello pasará factura en los comicios a celebrarse dentro de 44 días.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.