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Desde San Lázaro. De presunto delincuente a prócer de la 4T. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

18 Abr 2024
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Desde San Lázaro. De presunto delincuente a prócer de la 4T. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/ArturoZaldivarL

Con pronunciamiento del Consejo de la Judicatura Federal (CJF) en torno a la denuncia anónima contra  Arturo Zaldívar, quien se escudó con el argumento pueril que no procede la indagatoria por venir por esa vía, sin embargo, hay que recordar que existen decenas de casos similares y que el propio indiciado alentó cuando era presidente de la SCJN; arranca un periplo tortuoso para el Ministro en retiro que culminará con serias imputaciones en su contra. 

EL caso del Zaldívar es digno de estudio porque se permite vislumbrar los entretelones del poder en donde hay traiciones, vendettas, tráfico de influencias, presión a Jueces y Magistrados, flujos de cash, además de lo que resulte de las conclusiones que, en su momento, dará a conocer la misma Suprema Corte de Justicia de la Nación y la Judicatura Federal.

Pero vayamos por partes, luego de ser “encuerado” por el propio presidente López Obrador al aceptar que pedía al presidente de la SCJN su intervención en ciertos asuntos para resolverlos conforme a sus deseos e intereses; vino la denuncia anónima en contra del también benefactor del Fobaproa y de algunos de sus colaboradores; y la difusión en los medios de comunicación y redes sociales de algunos de esos casos, y por ello la presidenta de la SCJN, la ministra Norma Piña ordenó al CJF investigar a los  operadores de Zaldívar, por presuntos actos de corrupción y hostigamiento a empleados, jueces y Magistrados.

Hay que hacer notar que esta sería la investigación más amplia que ha sido abierta contra integrantes del Poder Judicial. La denuncia identifica con nombre y apellido a 70 Jueces y jueces presionados e intimidados por los emisarios de Zaldívar, así como también a los que aceptaron participar voluntariamente en las “corruptelas” y obedecieron sus instrucciones para dictar fallos en favor de  la FGR y del Gobierno Federal.

EL proceder de la presidenta del máximo Tribunal se ajustó a derecho, aunque algunos hubieran preferido esperar a que pasarán las elecciones para no contaminar el tema, lo cierto es que era tal la contundencia de los datos aportados en la denuncia anónima que resultaba insostenible esperar a  “supuestos tiempos mejores”.

La furibunda respuesta de Arturo Zaldívar no se hizo esperar, pero no solo fue en  la cancha jurídica, sino que se amparó en la reyerta electoral para llevar agua a su molino, el de la causa política que representa, es decir  como incondicional del presidente y de Morena; para acusar a la Ministra Piña de intervenir en el proceso electoral. “Por aceptar la admisión de una supuesta denuncia anónima sin ninguna prueba…lo que nos obliga a presentar una denuncia de inicio de juicio político contra la Ministra presidenta de la Suprema Corte”.

El quid del asunto es que Arturo Zaldívar se ha convertido en una gran carga para la 4T que seguramente le pasará factura en los comicios del 2 de junio.

Cobijar a  delincuentes y a servidores públicos ineptos como por ejemplo,  Hugo López Gatell, Ernestina Godoy, Manuel Bartlett, Rocío Nahle, Octavio Romero y Arturo  Zaldívar, no solo le acarrea descredito a la autollamada 4T, sino que también por esa protección se vuelven cómplices de sus yerros y delitos.

Un asunto que corresponde resolver a los tribunales, el propio López Obrador lo catapultó a la arena política y colocó a un presunto delincuente como prócer de la 4T.

Arturo Zaldívar exigió juicio político a la Ministra presidenta de la Suprema Corte que desde luego no tendrá efectos en la Cámara de Diputados, toda vez que Morena y sus rémoras no alcanzan la mayoría calificada para procesar la descabellada solicitud.

El totalitarismo requiere para mantenerse en el poder, tener sometidos a los contrapesos y a los Poderes de la Unión, sin embargo en el caso del Poder Judicial esto no ha sido posible en virtud de la independencia, autonomía y valentía  mostrada por los Jueces, Magistrados y Ministros y por esta razón se han convertido en los villanos favoritos del principal huésped de Palacio Nacional.

En este contexto Zaldívar se acoge a las fobias de AMLO para obtener el total apoyo del oficialismo en sus querellas judiciales.

En menudo lio metió el Ministro en retiro a Claudia Sheinbaum, quien además de cargar con innumerables problemas que enfrenta el país, como el colapso en seguridad pública, salud, educación, inclusión social y la precariedad de las finanzas públicas, ahora tiene que cargar con personajes impresentables ante el pueblo.

A partir de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, entregue la constancia de mayoría a la próxima presidenta de México, si la victoria le corresponde a la ex Jefa del Gobierno capitalino, el desmarque de su mentor comenzará con deshacerse de esos pillos que cobijados por la causa política que defiende, traicionaron su confianza.

Y si gana Xóchitl Gálvez, entonces no quiero imaginar lo que le espera al ex juzgador.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.