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Desde San Lázaro. MC en riesgo de perder Jalisco. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

15 Abr 2024
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Desde San Lázaro. MC en riesgo de perder Jalisco. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/ClaudDelgadillo

Cuando todo mundo da por hecho que Movimiento Ciudadano retendrá la gubernatura de Jalisco en los comicios del 2 de junio, resulta que la candidata de Morena y aliados, Claudia Delgadillo,  está cerrando el resultado a tal nivel que la diferencia con  el candidato naranja, Pablo Lemus,  es ya de seis puntos y como van las cosas, dentro de seis semanas, se cerrará aún más la elección.

Buena parte de este declive del candidato de MC,  se debe a cuatro factores; el primero es que Enrique Alfaro navega con sobrada confianza, sobre todo cuando tiene al enemigo en casa, ya que resulta que mantiene en el cargo a varios de sus colaboradores que están involucrados con el crimen organizado o que tienen demasiada querencia con la buena vida, al despacharse con la cuchara grande en el manejo del presupuesto y de las canonjías que el cargo conlleva.

El huachicoleo de combustibles se alienta desde el poder y ello de suyo, es preocupante toda vez que las denuncias anónimas señalan al  círculo cercano del mandatario.

La percepción que tienen los jaliscienses sobre esos malos colaboradores del Jefe del Ejecutivo Estatal se recrudece con los últimos hechos delictivos que se han dado en la entidad y con las denuncias que realiza la población en torno a las propiedades que acumulan esos malandrines.

Los problemas que agobian a Jalisco tienen que ver con la inseguridad y la violencia; el transporte público y el abastecimiento de agua a la Zona Metropolitana de Guadalajara, amén de los problemas que arrastran por la reducción de las participaciones federales que inciden en la carencia de recursos presupuestarios para canalizarlos a los municipios de la entidad.

El Secretario de Transporte y Movilidad, de acuerdo a diversas denuncias publicadas en los medios de comunicación de esa entidad,  Diego Monraz Villaseñor  se ha dedicado a causarle más problemas a su jefe, en lugar de aplicarse en los temas de su responsabilidad, de las que derivan las acusaciones de huachicoleo que existen en su contra y de enriquecimiento  ilícito en razón de las propiedades que tiene en la Riviera Nayarita.

El citado funcionario ha metido en un brete  a los transportistas ya que los tiene con una bota en el cuello al impedirles que suban sus tarifas para renovar el parque vehicular. La tan cacareada modernización del transporte público quedó en promesas en detrimento de los usuarios.

La conclusión de la Línea 3 del Tren Ligero y la operación de la Línea 4 Tlajomulco-Guadalajara, son proyectos que deberían estar funcionando, empero, por la incompetencia del encargado de estas tareas y que responde al nombre de Diego Monraz, pues se han retrasado con el impacto en la movilidad y la polución ambiental.

A esto hay que sumarle el pingue negocio que representa sobre el manejo de las grúas, ya que los operadores de las unidades de arrastre irregulares se adueñan prácticamente de los alrededores del parque Metropolitana, La Estancia, Providencia, Centro Médico de Occidente del IMSS y mercado Felipe Ángeles. Las grúas piratas o toleradas, en las que supuestamente el gobierno estatal no tiene injerencia, hacen su agosto con la venia de las autoridades.

Estas grúas, que se estiman sean unas 200, no traen rótulos, o razón social, vamos ni números básicos de identificación y sospechosamente, operan sin ninguna restricción.

El segundo factor que explica el empate técnico en las encuestas que ocurre en Jalisco tiene que ver con el crecimiento de Claudia Delgadillo, quien se ha dedicado a hacer una campaña de propuestas y de gran trabajo en tierra que le ha permitido recorrer la entidad y capitalizar el malestar que existe principalmente en la zona metropolitana y en los destinos turísticos.

Diremos que a ese crecimiento de Delgadillo, contrasta con el estancamiento de Pablo Lemus que arrancó nadando de muertito, cobijado por el gobernador, pero así como arrastra los positivos del gobierno emecista, también hay que decirlo, carga con los negativos de un gobierno que solapa a malos funcionarios.

El cuarto elemento de este coctel molotov que está terminando con la aspiración de MC de continuar gobernando en una de las tres entidades más relevantes del país, es la connivencia entre autoridades  con el crimen organizado que ha permitido el auge del mayor cartel de mafiosos de México, Jalisco Nueva Generación.

(CONTINUARÁ)

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.