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Desde San Lázaro. Ante la quiebra, van por las Afores. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

12 Abr 2024
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Desde San Lázaro. Ante la quiebra, van por las Afores. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/GobiernoMX

El margen financiero del gobierno del presidente López Obrador en cuanto a tener liquidez suficiente o recursos extraordinarios para enfrentar cualquier eventualidad, está agotado, por eso se solicitó un techo de endeudamiento inédito al Congreso que raya en 1.5 billones de pesos y aun con esos préstamos no la libran para dejarle a la próxima presidenta de México una bolsa suficiente para cubrir sus primeros compromisos de su administración.

Ante este escenario buscan dinero hasta por debajo de las piedras y luego de descartar tocar las reservas internacionales del Banco de México, optaron por darle una buena tajada a las Afores de todos los trabajadores, aunque en primera instancia se habla de los mayores de 70 años.

Desde San Lázaro se escuchan los estertores de una jauría hambrienta de atención del Jefe del Ejecutivo Federal y por ello, en boca de Ignacio Mier, pastor de los diputados de Morena, han propuesto una reforma para crear el Fondo de Pensiones para el Bienestar, un fideicomiso al que sería transferido el recurso de las Afores de aquellos trabajadores que cumplan 70 años y que, por decisión propia o porque siguen trabajando, no inicien su trámite de pensión.

Para que se concrete tal abuso y arbitrariedad que transgrede los derechos de los propios trabajadores, Morena y sus aliados PT y PVEM solo necesitan alzar la mano en la sesión del pleno para autorizar dicha reforma y con ello, despojarlos de los fondos para su retiro.

Al cuarto para las doce, es decir, a poco más de cinco meses de que termine la gestión de AMLO, insisten, una vez más, en arrebatarle esos recursos a los trabajadores con una figura jurídica que tiene más huecos que un queso grullere y por ahí se desvanecerán con el paso de los años.

De entrada, se les jinetearán sus pensiones hasta que el trabajador solicite su dinero, pero ya en la práxis, seguramente, pondrán todo tipo de trabas para que esto ocurra. De hecho en la actualidad cuando un derechoahabiente de este recurso inicia sus trámites para retirar lo que por ley les corresponde, es un interminable torbellino de trámites y de papeleo que muchos prefieren no retirar su dinero.

Si el gobierno no está en quiebra como aseguran sus panegíricos por qué demonios no hay dinero, por ejemplo, para terminar con el desabasto de medicamentos o la crisis en el sector médico o profesionalizar los cuerpos policiacos civiles o hacer las obras de infraestructura que se requieren para garantizar el agua potable a la población.

Más de la mitad de la población vive en pobreza y marginación y buena parte de ella, no gozan del dinero público que regala AMLO, entonces porque no ampliar la cobertura de esos programas asistenciales con tintes electoreros, porque simplemente no hay dinero más que el que se requiere en las elecciones del 2 de junio.

Los recursos de la deuda autorizada para este año, buena parte de ellos se usaran para los comicios, ya en programas sociales o en cualquier otro programa público que les permita disponer del presupuesto en efectivo, al fin y al cabo el órgano fiscalizador de la cuenta pública, la Auditoria Superior de la Federación, de David Colmenares, hace como que la virgen le habla y prefieren voltear hacia otro lado.

En las justificantes de la reforma en cuestión promovida por Morena en la Cámara Baja, se lee “se proponen acciones que permitan la reducción de la pobreza en la vejez, la promoción de la igualdad entre los adultos mayores y el fortalecimiento de la economía en esta población”.

Les prometen las perlas de la virgen para garantizar el despojo.

En tiempo de campañas rumbo a las elecciones más concurridas de la historia al actual régimen se le ocurre promover este tipo de atracos, sin considerar que será un bumerang que les cobrará la factura en la jornada electoral.

El gobierno, al igual que Pemex, está en quiebra técnica, ya que luego de cubrir el gasto corriente, los intereses de la deuda, las pensiones y el gasto desorbitado que representan las tres obras insignia del presidente, como son Dos Bocas, AIFA y el Tren Mata, así como los programas sociales de la 4T, pues no queda ningún excedente.

Aunque claro, en algún lugar o cuenta pública, igual y están los 1.5 billones de pesos que aseveró Claudia  Sheinbaum en el debate presidencial, y con esos recursos ya ni necesitarán el dinero de las Afores.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.